Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 39
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Capítulo 39

CONOR

El pincel con el que Caden llevaba un rato jugueteando se le cayó de las manos. Intentó atraparlo antes de que tocara el suelo, pero acabó tirando varios más y, por si fuera poco, después se llevó por delante un par de lienzos. Como siguiera así, iba a desmontar el taller entero.

Levantó las manos, como si hubiera decidido no tocar nada más, y se apoyó en la mesa frente a mí.

Mierda. Estaba nervioso. Y callado. ¿Cuándo mantenía Caden la boca cerrada? Quizá desde que decidí contarle todo lo que había pasado.

Desde que desperté y vi que Kieran ya no estaba en la cama y pasó el resto del día evitándome, no había parado de darle vueltas a la cabeza. No sabía si había hecho bien mostrándole el vídeo ni contándole todo lo de Canadá. A Dhia , no hacía más que cagarla una y otra vez.

Necesitaba hablar con alguien que no fuera mi madre o mi hermana, porque las dos parecían un libro de autoayuda. Necesitaba a alguien que no se mordiera la lengua, que soltara lo que pensaba sin filtros, y esa persona era Caden.

Pero, al parecer, lo había dejado sin palabras.

—¿Y? —pregunté.

—Hostia puta.

—¿Eso es todo? Podrías currarte una frase de, no sé, al menos cuatro palabras.

—Te estás tirando a Price. Ahí tienes cinco.

—Me piro. Esto está siendo una pérdida de tiempo.

Fui a coger la chaqueta, pero me estampó un lienzo en el pecho y me empujó de nuevo hacia atrás.

—Tío, dame un minuto. Es demasiada información para procesar. Me cago en mi vida... Llevas años enredado con él.

—No es así. Ya te expliqué que eso solo pasó una vez.

—Vale, muy bien. Pero lleváis juntos más de una temporada. Durante una puñetera temporada nos hicisteis creer a todos que no os soportabais mientras dabais rienda suelta a vuestras fantasías más sórdidas. ¿Ese jueguecito de «te odio, pero te follo» es algún tipo de fetiche?

—Imbécil. No todos somos como tú, que vas follando por las esquinas como un adolescente.

—Ja. Eso sí que tiene gracia. No me jodas, Conor. ¿Te recuerdo todo lo que me acabas de contar? Vives en un puñetero estado febril.

Apreté los puños. ¿Para qué había entrado en tantos detalles?

Ese idiota siempre encontraba la forma de utilizarlos en mi contra.

Pensé que, si le contaba todo, comprendería mejor por qué estaba hecho un lío, pero lo único que había conseguido era que ahora me retratara como si estuviera salido las veinticuatro horas del día.

Aunque, bueno... del todo mentira tampoco era.

Joder.

—Tío, tengo una pregunta.

Ya decía yo que tardaba.

—Dispara.

—A ver si lo he entendido. Antes te gustaban los coños. Luego apareció la polla de Liam. Solo la de Liam, como siempre decías tú. Cuando él murió, ¿volvimos a los coños? ¿Y en qué momento decidiste que también te gustaban otras pollas? Porque necesito un cronograma, colega.

—Gilipollas. A mí me interesan las personas. Y tú eres el menos indicado para hablar de pollas cuando se la has tocado a tu mejor amigo.

—La tocaba... Bueno, mejor dicho, la toqué. Dos veces, concretamente.

— Mo chreach , ¿podemos dejar de hablar de pollas? En cualquier momento empezaremos con los culos.

—Era mi siguiente punto del orden del día, pero, sinceramente, colega, no quiero saber quién se folla a quién. Luego mi cabeza vuela y acabaré teniendo pesadillas contigo y con Price.

—Espera... Te conozco demasiado bien. Estás desviando la conversación hacia el sexo para no decirme lo que de verdad piensas.

Había dado en el clavo. Cuando Caden se tocaba el aro de la nariz era porque estaba incómodo, nervioso o conteniéndose.

—Venga, suéltalo. Sé que vas a decirme que soy un capullo, que estando con Kieran pongo en riesgo a los Rift. Y lo sé. Ya lo hemos hablado y no tenemos pensado hacerlo público. Nosotros...

—Uf, cállate un momento. ¿Qué Rift ni qué hostias? Ahora mismo el equipo me importa una mierda. El que me preocupa eres tú.

—¿Yo?

—Sí. Tú, Price... y todo esto.

—Habla de una vez. Para eso he venido. Eres uno de mis mejores amigos y nunca te andas con rodeos. Necesito que me digas lo que piensas. Sé que ya te has formado una opinión.

Tamborileó los dedos sobre un lienzo. Después volvió a llevarse la mano al aro de la nariz, se quitó las gafas y presionó el puente con dos dedos. Cuando por fin dejó de moverse, respiró hondo.

—¿Por qué estás con Price?

—¿Qué? ¿Qué clase de pregunta es esa? —resoplé, incapaz de creer que me saliera con algo tan estúpido—. Porque lo quiero. Me enamoré de él.

—¿Estás seguro?

—¿Pero de qué coño vas? Claro que sí. Es de lo único que estoy completamente seguro. ¿Adónde quieres llegar, Hughes?

—Sois muy diferentes. No tenéis nada que ver.

—No me jodas. Liam y yo tampoco nos parecíamos, y eso nunca importó. Deja de dar rodeos y dilo de una puñetera vez.

Volvió a coger aire antes de mirarme.

—No quiero ser un capullo, pero creo que una parte de ti está con Price porque echa de menos a Liam. Como si, sin darte cuenta, estuvieras intentando llenar el vacío que dejó.

Me quedé mirándolo, atónito. Al final, no pude evitar empujarlo.

—Que te den. Y sí, estás siendo un capullo.

—Joder, Conor. Hace unos días te rompiste delante de todos viendo el vídeo de Liam. Desapareciste sin pensar en nadie, ni siquiera en tu novio. ¿Qué otra conclusión quieres que saque?

—Me piro.

Di un paso hacia la puerta, pero me sujetó del brazo.

—Lo siento, ¿vale? —me abrazó—. Es que me da miedo que esta relación haya nacido del dolor. Que estés intentando rellenar el hueco que dejó Liam con otra persona.

Me aparté de él y empecé a caminar por el taller, intentando ordenar todo lo que acababa de escuchar. Entendía que tuviera dudas. Yo también las había tenido. Pero ya no.

—Lo amo, Hughes. No estoy confundido y Kieran no es el sustituto de nadie, porque lo que tengo con él no se parece en nada a lo que viví con Liam.

Llevo meses peleándome conmigo mismo. Negué lo que sentía, reduje nuestra relación a sexo para no enfrentarme a la realidad y me repetí una y otra vez que aquello no podía ser amor.

Pero ya no puedo seguir engañándome. Quiero estar con él. Me hace feliz.

—Vaya... Lo siento si me he equivocado. Yo solo...

Titubeó y dejó la frase a medias.

—Sé que estás pensando en Liam, y no voy a mentirte.

Todavía me duele. Lo echo de menos y sé que siempre tendrá un lugar en mi corazón.

Me siento mal estando con Kieran, Hughes.

Siento que estoy traicionando a Liam, que es injusto que yo pueda ser feliz cuando él ya no está.

Ese sentimiento me persigue vaya donde vaya.

Pero ¿qué se supone que tengo que hacer si ahora me he enamorado otra vez? ¿Renunciar también a Kieran?

—Colega, eso sí que no —me sujetó por los hombros y apretó con firmeza—.

Si de algo estoy seguro, es de que a Liam no le gustaría verte así.

Ya lo oíste en el vídeo, quiere que seas feliz, que no te cierres al amor.

Y, en cuanto a lo de Hawái, deja de llamarlo traición.

Tú y él ya no estabais juntos. Te dejó, Conor.

Que los motivos no fueran los que pensábamos no cambia que, en el momento en que tomó esa decisión, también asumió que algún día podrías enamorarte de otra persona.

—No lo tengo tan claro.

—Yo sí. Y, en el fondo, tú también. Deja de castigarte. Es más, estoy convencido de que a Liam le habría caído bien Price. Seguro que habría dicho: «Es muy mono».

No pude evitar sonreír. Era una frase muy suya.

—Aunque, sinceramente —continuó—, no creo que su forma de vestir le hubiera entusiasmado tanto.

Volví a reír.

Porque, si algo tenía Liam, era opinión para todo.

—¿Quieres un consejo? —me apretó de nuevo los hombros—. No dejes a Price al margen de todo lo relacionado con Liam.

—¿A qué te refieres?

—El día del vídeo saliste corriendo y te encerraste tú solo con tu dolor. Estoy seguro de que él estaba preocupado por ti. Y no solo eso. También hecho polvo.

No lo había visto de esa manera. En realidad, aquel día no pensé en nadie.

—No sé si meter a Liam en nuestra relación es la mejor idea.

—No se trata de meter a Liam entre vosotros.

Se trata de apoyarte en tu chico y superar esto juntos, joder.

Sé de lo que hablo. River hacía exactamente lo mismo conmigo.

Se tragaba todo lo que sentía y no me contaba nada.

Yo me quedaba fuera, sin entender qué le estaba pasando, y eso me llenaba de dudas e inseguridades.

Al final decidí confiar y darle el tiempo que necesitaba.

Y creo que eso mismo está haciendo Price contigo.

—¿De verdad crees que él se puede sentir así?

—Sí. O incluso peor.

—¿Por qué peor?

—Porque River huía de un ex al que no quería. Le tenía miedo. Pero Price convive cada día con el recuerdo del hombre al que tú amaste y que, además, ya no está. No puede competir con alguien que se ha quedado congelado en tu memoria. Eso sí que debe de ser una mierda.

—No puede ser. Si se sintiera así, me lo diría..., ¿no?

—No necesariamente. Solo te digo que, si lo amas como dices, dale el lugar que le corresponde. Porque, si no lo haces, llegará un día en que no pueda soportarlo más.

—Mierda... —resoplé, apoyándome en la mesa.

—Sí, mierda. Siento ser yo quien te lo diga, pero tienes unos cuantos frentes abiertos. Yo empezaría a cerrarlos cuanto antes. Habla con los demás, joder.

Me dio una palmada en la espalda.

—Lo haré... cuando encuentre el momento.

—Uf... Eso significa que no lo vas a hacer.

Te conozco. Lo que más miedo te da es enfrentarte a Jordan y a Nathan.

Por eso has venido a contármelo a mí. Pero cuanto antes lo hagas, mejor.

Esto es una puñetera bomba de relojería y, créeme, será mucho mejor que se enteren por ti que por cualquier otra persona.

—Eso mismo me dice Kieran.

—Chico listo. Deberías aprender un par de cosas del jovencito de tu novio.

—Cállate, gilipollas.

—Y, además..., un Price. Joder, tío, ¿dónde la has ido a meter esta vez? Si pensábamos que tu salida y la de Liam del armario en los Wolves había sido épica, comparado con esto es una peli de Disney.