Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 38
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Capítulo 38

KIERAN

—Kier, ¿se puede saber adónde se fue esa sonrisa de tonto que traías de tu viaje de luna de miel? —me vaciló Kelsey, chocando su hombro con el mío.

Le eché una mirada de advertencia. No estaba para cachondeos.

Llevábamos dos semanas, dos malditas semanas, de vuelta en Seattle, ¿y qué había pasado con Kieran y Conor?

Puf... Se habían evaporado para dar paso otra vez a Price y Flanagan.

Y no me refería solo a que volviéramos a llamarnos así delante de todo el mundo, sino a que también habíamos regresado a las mismas dinámicas de antes.

Era prácticamente imposible vernos. Si teníamos suerte, conseguíamos pasar juntos tres horas seguidas o algún rato suelto repartido a lo largo del día.

Y qué decir de la única vez que logramos escaparnos.

Llamó la atención de todo el mundo. Yo medio me libré diciendo que me había ido a surfear, pero a Conor volvieron a tomarle el pelo con la reportera o con que había otra persona, que estaba muy misterioso...

Así que no nos quedó otra que seguir disimulando.

Aquello era un desastre. Uno de los grandes.

Por eso estaba decidido a hablar con Nathan y con Jordan para decirles que había encontrado un apartamento y que me iba a mudar. Era la única manera de poder pasar algo de tiempo juntos.

Conor me pedía paciencia. Insistía en que hablaríamos con ellos, pero que aquel todavía no era el momento.

¿Y cuándo lo sería?

Nunca.

Pero seguir mirándolos a la cara mientras les mentíamos me hacía sentir fatal.

Todos ellos, igual que el resto del equipo de los Rift, me habían apoyado cuando más lo necesité, y lo seguirían haciendo cuando empezara la temporada y el tema de Las Vegas volviera a resurgir.

Lo que no sabían era que, mientras tanto, se estaba cociendo algo mucho más gordo y que, si algún día salía a la luz, iba a convertirse en un auténtico escándalo.

—¿Me estás escuchando? —La voz de Kelsey me trajo de vuelta.

«No».

—Sí, claro. Lo que pasa es que estoy concentrado conduciendo.

—Te conozco demasiado bien y sé que le estás dando vueltas a algo. Suéltalo.

Resoplé.

—Tienes razón. He decidido hablar con Jordan y Nathan esta misma tarde. Me voy a mudar al apartamento.

—Guay. Es lo más seguro.

—¿Seguro?

—Sí. Si mal no recuerdo, cuando fingíais que no erais nada, pero os acostabais, os pillamos enrollándoos en mitad de una fiesta llena de gente.

—Fue un pequeño desliz.

—¿Pequeño? Con lo que asomaba por debajo de vuestros pantalones, de pequeño no tenía nada. Y tampoco fue un desliz... Fue un calentón en toda regla.

—No volverá a pasar —aseguré.

—Lo dudo. Os habéis masturbado en una playa con turistas cerca.

Eso supera cualquier cosa —se partía de risa—.

Si hace unos meses me llegan a decir que el mismísimo Conor Flanagan iba a tatuarse una ola, correrse en un lugar público, encerrarte en una casa para no parar de follar, besarte en un pub y presentarte como su pareja a su familia, habría dicho que se estaban confundiendo de persona.

Me arrepentí al instante de habérselo contado; estaba tan emocionado hablando con ella que terminó tirándome de la lengua y acabé confesándoselo todo.

—Él nunca actuó así con Liam. Siempre era el que tenía los pies en la tierra. Más serio, más gruñón. El que frenaba las locuras de Liam. Eso sí, en cuanto al sexo, creo que hubo una época en la que ellos dos y Nathan con Jordan eran puro fuego.

Carraspeé para frenarla. Aquello ya era demasiada información. No me apetecía saber cómo se lo montaban porque el sexo entre Conor y yo era increíble y no quería que empezaran a asomar otra vez las dudas. Por suerte, se quedó callada.

—Ay, Dios... Perdóname. Soy una idiota, Kier. —Se giró hacia mí y me acarició el antebrazo, que tenía completamente rígido de la fuerza con la que sujetaba el volante.

—No te disculpes, Kels. Sé que no lo has hecho con mala intención. Además, es inevitable que aparezcan las comparaciones. Lo que pasa es que me cuesta lidiar con ellas, sobre todo cuando pienso que podría ser Conor quien las hiciera. Estoy convencido de que saldría perdiendo en todos los sentidos.

—No digas tonterías. Eso no va a pasar. El Conor que está contigo no tiene nada que ver con el que estuvo con Liam.

—Eso está claro. Por él fue capaz de enfrentarse al mundo entero, y por mí ni siquiera es capaz de contárselo a sus amigos. Y es lo único que le he pedido.

—Para. Ahí están hablando tus inseguridades, no Conor. No dejes que se apoderen de tu cabeza, Kier. Te lo digo por experiencia. Pueden destrozarte.

—No me hagas mucho caso. Cambiando de tema... ¿te quedarías a mi lado cuando le diga lo del apartamento a Jojo?

—Cuenta con ello. Aunque no tengo ni idea de qué querrá. Solo sé que llamó a River y que esta nos dijo a Mischa y a mí que pasáramos por su casa al salir del trabajo. Imagino que serán cosas de chicas.

Giré la curva para entrar en la urbanización. Abrí el portón cuando Kelsey volvió a hablar.

—Me acaba de contestar Juraj. Le comenté que venía para aquí y me ha dicho que él también está de camino con los chicos. ¿Qué habrá pasado para que Jordan nos haya citado a todos?

—A todos menos a mí —corregí de inmediato.

—Qué raro, ¿no? —Puso en palabras lo que los dos estábamos pensando—. ¿Y si se ha enterado de lo vuestro?

Mierda.

¿Y si era eso?

Aparqué y llamé a Conor, pero no contestó.

Fue entonces cuando me di cuenta de que su coche estaba estacionado en un sitio distinto al de siempre.

—Me está llamando Mia. Tengo que atenderla. Voy enseguida —dijo Kelsey mientras se alejaba unos pasos.

Entré en la casa y, nada más abrir la puerta, escuché a Jordan y a Conor discutiendo.

Mis pies se movieron solos, temiendo que Kelsey hubiera acertado y hubiera estallado la bomba.

—Conor, pensé que ya estabas listo.

—Pues no. No lo estoy y nunca lo estaré.

—Lo siento... —murmuró Jordan con pesar mientras lo abrazaba—. Creí que podrías enfrentarte al mensaje de Liam.

«¿Un mensaje de Liam?», repetí mentalmente mientras el pánico me invadía.

—Te equivocaste. Y no sabes cuánto.

Conor rompió el abrazo. Cuando levantó la vista y sus ojos se cruzaron con los míos, vi un dolor que me partió el pecho. Retiró la mirada y pasó a mi lado sin decir una palabra.

Me quedé inmóvil hasta que vi a Jordan llorando. Caminé hacia ella y, en cuanto llegué, se abrazó a mí.

—Eh, ¿qué pasa para que estés así?

—La fastidié, Kieran. Acabo de hacerle daño a mi amigo. —Sollozó—. Te juro que lo veía mejor y pensé que era el momento.

—¿El momento para qué? —No estaba muy seguro de formular esa pregunta.

Jordan se apartó de mí, se secó las lágrimas y se sirvió un vaso de agua. Después de darle un trago, miró por la ventana, en dirección a la casa de Conor.

—Cuando Liam regresó a Seattle, después de descubrir todo lo de su enfermedad, quiso grabar un vídeo para dejarles un mensaje a los chicos y, sobre todo, a Conor.

Pero me pidió que no se lo mostrara hasta que sintiera que su muerte había dejado de ser una carga para ellos.

Quería que, cuando lo vieran, pudieran sonreír.

Bebió otro trago.

—Pero me temo que no va a ser así. Conor no lo ha superado. Eso está claro. Porque, si no, este vídeo tendría que haberlo hecho feliz, no conseguir que se sintiera todavía peor.

Mierda.

Todo estaba mal.

Aquel vídeo podía ser nuestro fin. Quizá Jordan tuviera razón y Conor no lo hubiera superado, o al menos no del todo. Pero había una cosa de la que sí estaba seguro: verlo iba a reabrir la culpa por todo lo que había pasado entre nosotros.

—Kier, ¿estás bien? —Me tocó la mejilla—. Te has puesto muy pálido.

—Sí. Es solo que casi no he comido después de entrenar —mentí.

La vi abrir la nevera y prepararme un bocadillo.

—¿Crees que he tomado una mala decisión?

—Puede que este no fuera el momento oportuno, pero quizá nunca lo hubiera sido. Lo que Conor siente solo lo sabe él. Tú no eres adivina. —Me acerqué y le di un beso en la frente—. No te preocupes. Todo va a estar bien.

Mentía.

Aquello podía desatar un auténtico cataclismo en Conor... y, posiblemente, también en nuestra relación.

—Eh, ¿qué está pasando aquí? ¿A qué vienen esas caras? —La voz de Kelsey irrumpió en la cocina.

—Necesito que me dé el aire un momento.

No respondía realmente a su pregunta. Sentía que me estaba ahogando.

—¡Kieran! Llévate el bocadillo y cómetelo —me gritó Jordan.

Asentí, lo cogí y salí de allí, aunque no tenía el más mínimo apetito.

En cuanto crucé la puerta, la sensación de asfixia no desapareció. Aun así, mis ojos recorrieron la estancia en busca del coche de Conor.

Seguía allí.

Respiré aliviado. No se había ido.

La vista se me fue hacia su casa. Lo único que quería era cruzar el jardín y correr hasta él, pero me obligué a no moverme.

Y no solo porque levantaríamos sospechas si alguien nos veía; la verdadera razón era el miedo.

Miedo a encontrar arrepentimiento en sus ojos.

Miedo a que volver a ver a Liam, aunque fuera a través de un vídeo, lo cambiara todo entre nosotros.

Sin pensarlo demasiado, mis pies me llevaron hasta la caseta donde guardaba las tablas. Siempre que necesitaba sentir el mar cerca, aquel era el lugar al que iba.

Cogí una lija y empecé a repasarla con cuidado por la superficie. Esperaba que aquel movimiento repetitivo consiguiera distraerme, pero, en cuanto apoyé las manos sobre la fibra, comprendí que iba a ser imposible. Abandoné la lija a un lado, me incliné sobre la mesa de trabajo y bajé la cabeza.

Fue entonces cuando sentí unos brazos rodeándome y su olor.

Era él.

Me giré despacio sin salir de su abrazo y me encontré con sus ojos vidriosos. Le sujeté el rostro, le di un beso corto en los labios y volví a estrecharlo con todas mis fuerzas. Él permaneció completamente quieto mientras le acariciaba el pelo, intentando aliviar de alguna forma todo ese dolor.

—No puedo volver otra vez atrás —susurró—. Verlo me va a destrozar.

Se apartó de mí y comenzó a caminar de un lado a otro por el pequeño taller, pasándose las manos por la cabeza una y otra vez.