Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 29 #3
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Capítulo 29 #3

Cerré los ojos y exhalé mientras echaba la cabeza hacia atrás. Su boca alcanzó mi mentón y lo mordió por encima de la barba. Después descendió hasta mi cuello, deteniéndose en la nuez mientras sus manos no dejaban de moverse.

—¿Con ella te pones así de duro?

Maldito infierno.

Apretó con más fuerza.

—Responde.

—No —gruñí—. Ya sabes que no.

—Bien. Porque esta noche estoy pensando que quiero follarte. ¿Alguna objeción?

Esbocé una sonrisa.

Estaba justo donde quería que estuviera.

Desde aquella conversación sobre pollas y culos no habíamos dado el paso.

Todavía no se sentía del todo seguro con el tema; seguía inquietándolo.

Así que continuamos con nuestros juegos habituales, aunque esta vez me había centrado más en explorar su trasero.

En más de una ocasión estuvo a punto de pedirme que fuéramos más allá, pero siempre terminaba echándose atrás.

Me daba la impresión de que su miedo no tenía tanto que ver con el sexo en sí como con lo que creía que significaba. Como si descubrir si prefería dar o recibir fuera a definirlo de una forma concreta o a responder preguntas para las que todavía no estaba preparado.

Pero esa era una conclusión a la que tendría que llegar por sí mismo.

Sentí cómo su mano desabrochaba mi cinturón, soltaba el primer botón del pantalón y se colaba dentro del calzoncillo.

Mierda.

Tenía que parar aquello. Íbamos a montar un puñetero desastre allí.

Lo agarré, lo giré y acabó aplastado contra la pared mientras mi mano descendía hasta su entrepierna.

—El día que tu polla acabe en mi culo, ten por seguro que la mía se correrá dentro del tuyo.

Gimió.

Mo chreach .

Estábamos perdidos.

Nuestras bocas se encontraron en un beso descuidado y desesperado. Deslicé la mano por toda su longitud y jadeó contra mis labios mientras una de las suyas seguía acariciándome y la otra tiraba de mi pelo.

—Vámonos al ático. Ya —murmuré con la respiración entrecortada.

—Sí.

Volvió a besarme. Separó los labios y atrapó los míos con fuerza. Me dio todo lo que tenía y yo le devolví todo lo que pude. Le mostré el salvajismo y el descontrol que despertábamos juntos. Sus jodidos labios eran suaves contra los míos; su maldita lengua, codiciosa dentro de mi boca.

Mierda, lo quería todo de él: su cuerpo, su corazón, hasta su puñetera alma.

Este nuevo acuerdo se había convertido en un vórtice de necesidades primarias y tentaciones recíprocas, aunque él todavía no las entendiera del todo. Nuestra tensión siempre había sido innegable, pero jamás imaginé este descontrol de deseo en el que había terminado convirtiéndose lo nuestro.

La puerta se abrió de golpe y dos figuras irrumpieron en la estancia. La luz del pasillo dibujó sus siluetas mientras entraban entre risas, pero estas se apagaron al instante.

Tanto Kieran como yo nos quedamos petrificados.

No había escapatoria.

Era imposible disimular aquello.

La luz inundó la sala y entonces los reconocí.

Juraj y Kelsey.

Si digo que su primera reacción fue de sorpresa, me quedo corto. La mandíbula se les descolgó cuando sus miradas descendieron hasta nuestros pantalones a medio abrochar.

El primero en reaccionar fue el eslovaco. Cerró la puerta de golpe.

Me apresuré a recolocarme la ropa, pero Kieran y Kelsey seguían mirándose en silencio.

—Él... él es el hombre misterioso —tartamudeó ella señalándome.

Sí, ese debía de ser yo.

—Oh, Dios mío. —Se llevó las manos a la boca—. Esto es terrible.

Genial. La primera persona que descubría nuestro secreto lo definía como «terrible». Estaba claro que, cuando se enterara el resto, aquello iba a convertirse en un desastre de proporciones épicas.

—Tengo que salir de aquí —dijo mientras abría la puerta—. Siento que me falta el aire.

—Kels, espera.

Kieran fue tras ella, dejándome a solas con Juraj. Recé en silencio para que también los siguiera, pero permaneció donde estaba, inmóvil y callado.

Caminé hasta una de las mesas y golpeé la madera con la palma de la mano.

—Mierda. Joder.

Me di la vuelta, apoyé las manos sobre el tablero y me froté el rostro antes de pasármelas por el pelo una y otra vez. No paré hasta que sentí a Juraj sentarse a mi lado.

Giré la cabeza para mirarlo. Seguía en silencio.

No soportaba aquello. Podía insultarme, mandarme a la mierda, soltarme un discurso o incluso pegarme. Me daba igual.

Cualquier cosa era mejor que verlo ahí, sin decir una palabra.

—Venga, di lo que estás pensando.

Apoyé las manos a ambos lados del cuerpo.

—Madre mía... Es que no sé ni por dónde empezar.

Esta información es muy heavy. Resulta que a Price le gustan los hombres, a ti te gusta Price, tú estás con Price, Price está contigo, lo vuestro es un secreto y, para rematar, todo ese odio que os teníais era mentira. Joder, necesito tomarme algo fuerte.

—No es exactamente así. Nosotros no estamos... Y no... Da igual. La he jodido, ¿verdad?

—No lo sé. Creo que eso deberías decírmelo tú. Es que... mierda, ¿en qué momento ha pasado todo esto?

—Digamos que nuestros caminos se cruzaron hace años, cuando él me cortó con un vidrio y yo lo atropellé.

Los ojos de Novák se abrieron de par en par.

Vale, dicho así sonaba un poco fuerte.

—Pero no pasó nada hasta Hawái —solté el aire despacio—. Me ayudó a sobrellevar la ruptura con Liam y me dio por hacer surf. No digas nada, ya sé que es raro de cojones imaginarme sobre una tabla. Una cosa llevó a la otra hasta que, una noche, se nos fue un poco de las manos y nos liamos.

Juraj se inclinó hacia delante como si hasta le costara mantenerse sentado.

—¿Hawái? ¿Estás con él desde Hawái?

—¡No! Claro que no. No volví a tener nada con él hasta que empezó a jugar en los Rift.

—¿Y hace cuánto exactamente que lleváis con esta dinámica?

—Casi desde el principio, pero no juntos, ¿vale? Alguna vez nos liamos y, poco a poco, todo fue creciendo hasta llegar a este punto, que ni yo mismo sé muy bien cuál es.

—¡La leche! Ahora entiendo muchas cosas. No lo querías en el equipo por lo que pasó en Hawái.

—Sí. Me he sentido una persona horrible. Después de enterarme de que Liam no me había traicionado, cuando en realidad se estaba muriendo, tuve que asumir que yo sí había estado con alguien que no era él. ¿Sabes lo que fue eso para mí? Joder...

Sentí cómo los ojos se me humedecían.

—Verlo era recordar aquella maldita noche. Intenté taparlo con excusas, decirme que estaba borracho y mil mierdas más, Novák, pero, en el fondo, quería que pasara. Lo deseaba. Y eso me hace sentir como una mierda de persona.

—Eh, no. —Me puso una mano sobre el hombro—.

Todo lo de Liam fue confuso. Realmente todos creímos que te había dejado por otra persona.

Lo que nadie imaginó era lo que estaba pasando de verdad, así que no puedes culparte por eso ni castigarte de esa manera.

Tú lo querías y él a ti. Estoy seguro de que no lo vería como una traición, tío.

—Pero yo sí lo siento así. Por eso culpaba a Price y también a mí. De ahí venía mi rechazo. O eso creía, porque ahora me doy cuenta de que a lo que más miedo tenía era a volver a sentirme atraído por él, a que se repitiera lo de aquella noche.

Solté una risa irónica.

—Y pasó.

Juraj volvió a sentarse a mi lado y guardó silencio unos segundos.

—Sé que no debería haberlo hecho, Novák. Es un puñetero jugador del equipo que entreno y del que soy accionista. Joder, es una locura. También sé que lo de esta noche debería servirme como advertencia para parar.

—¿Pero?

—Pero no puedo... —Lo miré a los ojos—. Ese pequeño mierdecilla me hace sentir vivo otra vez.

—¿Solo es eso? ¿No hay nada más, Conor?

—Puede que esté desarrollando algún tipo de sentimiento hacia él, pero no preguntes más, porque ni yo mismo lo tengo claro.

—No sé qué decir, tío. —Me pasó un brazo por los hombros y me zarandeó ligeramente—. Solo que te prepares para una tormenta. No, qué digo, esto va a ser un terremoto de máxima magnitud que provocará un maremoto y arrasará con todo.

—Que te jodan, Novák. —Le di un codazo—. No me estás ayudando.

—Es que nadie puede ayudarte. Más te vale encomendarte a dioses, santos o pactar con el diablo.

Porque, como esto salga a la luz, va a ser muy duro.

Y no hablo del club ni de los titulares sobre que el entrenador está con un jugador y bla, bla, bla.

Hablo de que el nombre de Liam va a estar presente.

Será inevitable que comparen a Price con él.

Juegan en la misma posición y los dos están vinculados a ti.

Los comentarios serán terribles. Duros, crueles...

y puede que la peor parte se la lleve él.

—Me siento mucho más tranquilo con tus palabras.

Bufé, sabiendo que tenía razón. Sinceramente, no estaba preparado para algo así y Kieran tampoco. Solo pensar que Liam estaría en boca de todos y que podrían enturbiar lo que fue nuestro amor me hacía perder la puñetera cabeza.

—Te juro que haré lo que sea para proteger a los Rift, a Price y la memoria de Liam. No os fallaré. Nadie se enterará jamás de esto.

—Joder, Conor, ocultarlo tampoco es una solución. No es justo para Price ni para ti.

—Esto es lo que es. Y las reglas del juego son estas: o las acatamos o no jugamos.

—Creo que estás cometiendo un error, pero, si estás decidido a guardar silencio, cuentas con mi apoyo. Aun así, considero que deberías contárselo a los demás.

—No, no puedo. —Me puse en pie y empecé a caminar por la sala—. No tengo el valor para hacerlo. Ellos no lo entenderían.

—No te voy a negar que es impactante cuando te enteras, pero todos ellos te quieren y desean verte feliz. No puedo obligarte a hacerlo. Solo te digo que lo intentes cuando te sientas más seguro. Tiene que ser agotador vivir con esta mochila.

—No sabes cuánto. Llevo demasiado peso encima desde hace mucho tiempo.