Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

Conor se aferró a aquello de inmediato. Lo vi en la forma en que me observaba, en la sonrisa que intentaba esconder y en la esperanza desesperada que volvía a asomar en sus ojos. Los demás hicieron exactamente lo mismo. Todos querían pensar que aquello significaba algo.

A mí también me hubiera gustado creerlo. Pero, en el fondo, tenía claro que no era una mejoría, sino una despedida. Precisamente por eso decidí aprovecharla.

Aquel día hablé con todos y cada uno de los que habían hecho de mi vida algo mejor. Les dije cuánto los quería porque, si algo me había enseñado la experiencia, era que jamás deberíamos irnos sin decirle a la gente importante lo mucho que significa para nosotros.

Cuando la casa quedó en silencio y por fin estuvimos solos en la habitación, busqué a Conor con la mirada.

—Ven aquí.

No tardó ni un segundo en meterse en la cama conmigo.

Me rodeó con los brazos con cuidado, como si creyera que podía romperme. Quizá podía.

Apoyé la cabeza contra su pecho y escuché los latidos de su corazón durante unos instantes antes de cerrar los ojos.

—Conor...

Noté cómo me abrazaba un poco más fuerte.

—Estoy aquí, amor.

—Hay tantas cosas que me habría gustado vivir contigo...

—Liam...

—Siento no poder quedarme.

Percibí cómo todo su cuerpo se tensaba al instante y su abrazo se hizo todavía más fuerte, como si intentara sujetarme a la vida con sus propias manos.

—No hagas esto —murmuró con la voz rota.

—Tengo que hacerlo.

Conor escondió el rostro en mi pelo y durante unos instantes ninguno habló.

—Ojalá hubiera tenido más tiempo —continué—. Ojalá hubiera podido darte todo lo que merecías. La casa junto al lago de la que hablábamos, los dos perros, el gato y los hijos. Todas esas cosas que dábamos por sentadas porque pensábamos que tendríamos años para hacerlas.

La forma en que se aferró a mí hizo que se me rompiera el corazón.

—No necesito nada de eso, solo me haces falta tú.

—Yo sí quería dártelo. Lo quería todo contigo, mi amor. —Mi propia voz tembló.

—Yo simplemente esperaba hacerme viejo a tu lado. —Conor cerró los ojos y apoyó la frente contra la mía—. No puedo perderte.

—Lo sé, amor.

—No, Liam, no lo sabes. No sabes lo que se siente al despertar cada mañana preguntándose si ese va a ser el día en que te marches. No sabes lo que es verte dormir y tener miedo de cerrar los ojos por si, cuando vuelva a abrirlos, ya no estás.

Tuve que apartar la mirada porque escuchar aquello me estaba destrozando.

—No sé cómo hacer esto —continuó con la voz cada vez más rota—. No sé cómo despedirme de ti porque nunca imaginé que tendría que hacerlo.

Noté cómo algo se partía dentro de mí, porque yo tampoco sabía qué decir.

Tampoco estaba preparado para aquello. Había intentado aceptar la enfermedad, acostumbrarme a las malas noticias y a la certeza de que el final se acercaba, pero nada de eso te enseña a despedirte de la persona que amas.

Nada te prepara para mirarla a los ojos y saber que tendrás que dejarla atrás.

—Escúchame —susurré al final—. Has sido lo mejor que me ha pasado nunca.

Si volviera a vivir mil veces, te elegiría en cada una de ellas y volvería a construir esta vida contigo, aunque supiera exactamente cómo termina.

Y, cuando ya no esté, no quiero que pases el resto de tu vida aferrado a mi recuerdo.

Las lágrimas resbalaron por sus mejillas.

—No me pidas que te olvide.

—No es eso lo que estoy haciendo. Solo quiero que sigas adelante cuando llegue el momento. Que no te quedes atrapado aquí para siempre.

—Si tú no estás, no tengo nada a lo que agarrarme. ¿Es que no te das cuenta? Eres toda mi vida, Liam.

—No, amor. Soy una parte de ella. Siguen estando tus amigos, tu familia, el equipo. Hay personas que te quieren y que van a ayudarte cuando yo no pueda hacerlo.

—No es lo mismo.

—Lo sé. Nunca será lo mismo.

Conor llevó el pulgar hasta mi mejilla y me secó una lágrima.

—Pero eso no significa que tu vida se acabe conmigo.

—No quiero hablar de un futuro sin ti. —Sus ojos se cerraron con fuerza.

—Yo tampoco quería tener que hacerlo.

Por un momento me permití contemplarlo sin decir nada. Recorrí su rostro con la mirada, deteniéndome en cada detalle que ya conocía de memoria: la curva de sus labios, la pequeña marca junto a la ceja y aquella vulnerabilidad que tan pocas personas llegaban a ver.

Era mi amor.

Mi hogar.

La mejor parte de mi vida.

Justo cuando sentí que el sueño también empezaba a llevarme con él, le susurré tan bajito que quizá ni siquiera llegó a escucharlo:

—Gracias por encontrarme, amor.

***

CONOR

Era el segundo día en que las máquinas demolían la estructura de la casa-iglesia.

Había aprovechado que los chicos jugaban fuera para acercarme. Si alguno de mis amigos hubiera sabido lo que pensaba hacer, probablemente habría intentado convencerme de esperar un poco más, de no tomar una decisión tan drástica tan pronto. Pero no podía seguir viendo aquel lugar en pie.

La casa estaba vacía.

Poco después de la muerte de Liam, habían sido ellos quienes se encargaron de entrar allí.

Recogieron las fotografías, empaquetaron las cosas que sabían que yo querría conservar y donaron aquello que ya no tenía sentido guardar.

Todo acabó clasificado en cajas dentro de un almacén de la ciudad, porque yo no fui capaz de enfrentarme a ninguna de aquellas habitaciones.

Ni una sola vez crucé la puerta. Cada rincón contenía demasiados recuerdos.

Por eso, aunque ya no quedara nada nuestro allí dentro, seguía sintiendo que la casa estaba llena de él.

Cada golpe de la excavadora resonaba en mis oídos.

Las paredes cedían, las vigas se partían una tras otra y el polvo cubría el aire mientras la estructura desaparecía lentamente ante mis ojos.

Observé cómo una parte del tejado terminaba desplomándose sobre sí misma y, sin poder evitarlo, mi mente regresó al día en que todo se derrumbó de verdad.

Al día en que perdí a Liam.

Todavía podía recordar aquella mañana con una claridad dolorosa.

Me despertó el sonido de su respiración.

Era distinta, más pesada, más ahogada. Tenía los pies hinchados y el cuerpo hacía un esfuerzo enorme por seguir adelante.

En los últimos días ya no hablaba, ya no comía y pasaba casi todo el tiempo dormido.

Muchas veces ni siquiera abría los ojos y tenía la sensación de que se encontraba en algún lugar al que no podía seguirlo.

Por eso, cuando desperté y lo vi con los ojos abiertos, me asusté.

Llamé a una ambulancia y, mientras esperaba, me acerqué a él.

Todavía hoy no sé si realmente me reconoció o si simplemente quise creer que lo hacía, pero sus ojos se clavaron en los míos durante unos segundos y me aferré a la idea de que continuaba allí conmigo.

Lo necesitaba, porque también llegó el momento en que dejó de reconocerme y no creo que exista nada más doloroso que ver cómo el amor de tu vida te mira sin saber quién eres.

Cuando llegamos al hospital lo ingresaron directamente en cuidados intensivos. No me dejaban entrar y recuerdo haber discutido con médicos, enfermeras y cualquiera que intentara detenerme. Liam se estaba muriendo y yo no pensaba quedarme fuera sin despedirme de él.

Al final lo conseguí y Jordan me acompañó. Su madre se había desmayado por la impresión y Nathan se había quedado con ella junto al resto de nuestros amigos.

El estado en que encontramos a Liam fue peor de lo que había imaginado.

Respiraba con dificultad. Cada inspiración le costaba más que la anterior. Nos miraba a Jordan y a mí, y una lágrima descendió lentamente por su mejilla.

Les pedí a los médicos que hicieran algo, cualquier cosa, pero me aseguraron que ya estaba recibiendo toda la medicación que podían administrarle para mantenerlo cómodo. No había ningún tratamiento capaz de detener lo que estaba ocurriendo.

Aquello nos destrozó. Jordan permaneció a uno de sus lados y yo al otro, sujetándole las manos mientras intentábamos acompañarlo en el final de su camino.

Nos informaron de que ya no había nada más que hacer y que había llegado el momento de despedirnos. Pero hubo una frase en particular que se me quedó grabada para siempre:

«Liam está luchando por quedarse con vosotros, y ese esfuerzo solo está prolongando su sufrimiento».

¿Cómo se supone que aceptas algo así?

¿Cómo dejas marchar a la persona que amas?