Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 24
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Capítulo 24

CONOR

Su pecho se agitaba y tuve que contener el aire mientras estudiaba cada parte de su cuerpo.

Mis ojos lo recorrían con hambre, disfrutando de cómo, al sentirse observado, su miembro se engrosaba y la punta se humedecía.

Jodida visión. Sin embargo, una cicatriz en la cara interna de su muslo captó mi atención.

Kieran se tensó y percibí cómo apretaba las piernas, como si intentara ocultarla. Se veía incómodo, así que aparté la mirada y regresé a su entrepierna.

A mi polla le encantaba la vista.

No pude resistirme a envolverla con la mano y empezar a bombearla a lo largo de mi palma. Mierda, estaba terriblemente excitado solo con ver la anticipación en su rostro y el palpitar de su erección.

Me acerqué a él sin dejar de acariciarme de manera lenta y tortuosa. La otra mano cayó a su lado mientras me arrodillaba entre sus piernas. Humedecí mis labios y percibí cómo se ponía rígido cuando presioné la cabeza de mi polla contra la suya.

Embriagado, movió las caderas hacia arriba y su corona frotó la base de la mía, lo que provocó que el aire abandonara nuestros pulmones. Lo repitió una vez y otra, hasta que comencé a acompañarlo en el movimiento, frotando una contra otra.

Distraídamente, volvió a mover las caderas hacia arriba y mi mirada descendió hasta la marca de su pierna. La toqué y la acaricié. Cerró los ojos y comprobé cómo el líquido preseminal se acumulaba en su glande. Pasé el pulgar, extendiéndolo, y volvió a estremecerse.

Llevé el dedo, aún húmedo, a mi boca y deslicé el pulgar por mi lengua, sellando los labios para impedir que escapara un gemido. Me gustaba su sabor. Era adictivo. Necesitaba más. Quería más.

Sujeté su polla con fuerza y la sacudí un par de veces antes de llevármela a la boca.

Disfruté envolviendo su grosor, saboreándolo, girando la lengua alrededor de su punta al mismo tiempo que deslizaba la mano por toda su longitud.

—Oh, oh, joder... —gimió con fuerza, alzando las caderas y forzándome a abrir la boca un poco más para ganar algún centímetro en mi interior.

Mo chreach , todo aquello era una maldita locura. Nunca imaginé que otra polla pudiera ponerme tan duro como la de... Aparté ese pensamiento. No tenía por qué aparecer en ese momento.

Mierda, me estaba poniendo tan malo que tuve que agarrar mi propia erección mientras se la chupaba al principito.

Kieran continuó alzando las caderas y tomando el control de mi boca, así que le permití follarme como necesitaba. Bendita imagen. Verlo así, descontrolado, perdido.

Podía saborearlo. No dejaba de gotear mientras sonidos desordenados escapaban de su boca. Lo observé fijamente y eso solo consiguió que mi propia erección doliera aún más.

Entonces, una idea jodidamente caliente empezó a abrirse paso en mi cabeza.

Detuve mis movimientos. Protestó mientras me deslizaba fuera de entre sus piernas. Me di la vuelta y me recosté de lado, de modo que su polla quedó frente a mi cara y la mía frente a la suya.

—Principito, la quiero dentro de tu boca —declaré mis intenciones no solo con palabras, sino también rozándole los labios con mi glande.

Inmediatamente siguió mis órdenes y un calor envolvió toda mi longitud.

Tuve que cerrar los ojos mientras comenzaba a lamer despacio, de una forma tortuosa. Mi boca se lanzó sobre la suya y la tomé con ganas. Una vibración recorrió mi erección cuando gimió.

Maldito infierno, aquello era demasiado bueno como para detenerse en ese punto, así que decidí apretar un poco más.

Llevé las manos a sus nalgas. Mis dedos se hundieron en su trasero y el dedo corazón se coló por la hendidura, rozando su entrada.

Esperé su reacción.

Se tensó al principio y, a continuación, se tragó mi polla hasta el fondo.

Eso estuvo a punto de hacer que me corriera.

Y así era exactamente como quería que lo hiciera.

Llevé una mano a mi boca, aparté su miembro un momento y humedecí los dedos con saliva. Volví a ocuparme de él y aproveché la humedad para acariciar la zona mientras seguía jugando con su entrada.

Observé su reacción, pero estaba demasiado concentrado, gimiendo mientras me devoraba. Aquello me animó a ir un poco más allá. Volví a humedecer la mano y, esta vez, presioné contra su agujero.

El gemido que soltó fue tan intenso que casi me hizo perder el control por la forma en que la vibración recorría mi erección.

Kieran detuvo los movimientos de su boca cuando notó la presión. Estaba tenso, algo rígido, así que fui despacio.

Avancé con calma, poco a poco.

Otro gemido.

Su polla palpitó contra mí, así que volví a prestarle atención. Había dejado de hacerlo durante unos segundos para concentrarme en su reacción, pero retomé el ritmo mientras seguía avanzando con suavidad, sin prisas, con mi dedo corazón.

De golpe, el que se tensó fui yo. El que se quedó completamente petrificado al sentir cómo Kieran agarraba con firmeza mi cadera. Sus manos decididas se deslizaron hacia mis nalgas.

Eso me llevó a aumentar el ritmo con el que mi polla le follaba la garganta mientras seguía tocándole el culo. Él gimió, yo gemí; él se ahogó, yo me ahogué; él empujó, yo empujé.

Mierda, se nos estaba yendo de las manos.

Ese pequeño mierdecilla no podía ser tan perfecto, porque iba a ser mi puñetera perdición.

De golpe, su boca se retiró de mi longitud y escuché cómo escupía en su mano.

Oh, no...

No iría a hacer lo que creía que iba a hacer.

Oh, mierda...

Estaba en mi entrada.

Cerré los puñeteros ojos y sentí cómo su dedo comenzaba a colarse en mi culo al mismo tiempo que volvía a llevarse mi polla a la boca y succionaba.

Maldije en gaélico contra su miembro.

Yo había apostado. Él había subido la apuesta.

Pues íbamos a ver quién se llevaba la mano.

Un segundo dedo buscó abrirse paso en su interior mientras yo chupaba con más fuerza. Sentí cómo comenzaba a deshacerse y entonces el muy cabrón me imitó.

Maldición.

Comencé a moverme más rápido, con más fuerza. Él gimió, jadeó, pero no dejó de atender mi trasero y empezó a repetir mis movimientos tortuosos.

Íbamos directos al desastre.

—Oh, joder... —logré escuchar contra mi polla.

Las maldiciones que vinieron después ya no las entendí. Hasta que se quedó completamente rígido, su miembro se hinchó dentro de mi boca y, de repente, explotó.

Bebí cada gota mientras continuaba atormentándome con sus dedos y su boca. Entonces lo seguí. Me corrí y sentí cómo le llenaba la garganta.

A Dhia .

Era una locura.

Joder, joder, joder.

El orgasmo se alargó para los dos.

¿Pero qué coño?

Ninguno se detuvo hasta que nuestras pollas quedaron medio flácidas. Solo entonces tomamos aire, intentando recuperar la respiración.

Sentí cómo se incorporaba un poco y besaba mis pelotas.

Fue un gesto extrañamente tierno.

Me apoyé sobre uno de los codos y nuestros ojos, todavía empañados por el deseo, se encontraron.

Era la mejor visión del mundo.

No pude evitarlo. Me giré en la cama hasta quedar a su lado y lo besé sin siquiera pensarlo. Abrí su boca con la lengua, mezclando el sabor de nuestros fluidos.

Él correspondió a aquel beso y se entregó por completo. Atrapó mi labio inferior entre los dientes y comenzó a mover las caderas arriba y abajo, frotando nuestras pollas.

Atrapé su lengua y sentí cómo todo empezaba a endurecerse de nuevo.

Necesitaba más.

Mucho más de él.

***

Coloqué la comida que acababan de traer sobre la mesita frente a la chimenea y abrí un par de cervezas. Después tiré varios cojines al suelo para sentarnos allí.

Desde mi sitio observé a Kieran cambiar las sábanas de la cama por otras limpias que había conseguido. No pude evitar sonreír al recordar el estado en que habían acabado las anteriores.

Nos habíamos pasado el resto del día encerrados allí, durmiendo, despertando enredados el uno con el otro y volviendo a buscarnos una y otra vez.

Hacía demasiados años que no me pegaba un maratón como aquel, pero la verdad era que mi deseo por Kieran parecía no tener fin y, por lo que había visto, él tampoco se cansaba nunca de mí.

Después de otra ducha decidimos que ya iba siendo hora de pedir algo de comer y recuperar fuerzas.

Kieran se había puesto unos pantalones de chándal bajos que dejaban a la vista esa maldita V de su cintura, como si estuviera empeñado en poner a prueba mi autocontrol, mientras que yo me había conformado con mis vaqueros medio abrochados.

Siendo sinceros, dudaba mucho que cualquiera de las dos prendas permaneciera demasiado tiempo en su sitio.

Tenía la sospecha de que aquellas sábanas blancas acabarían corriendo la misma suerte que las anteriores.

Lo que sí me sorprendía era la facilidad con la que aprendía.

Kieran se fijaba en todo lo que hacía e intentaba imitarlo.

El jodido era rápido, muy rápido. En más de una ocasión las cosas habían estado a punto de ir demasiado lejos y me había costado una barbaridad contenerme porque, sí, me moría de ganas de follarlo.

Pero él no estaba preparado y yo tampoco iba a apresurar las cosas.

Quería que se sintiera seguro, que descubriera cada parte de sí mismo a su ritmo, sin presiones.

Y, si era yo quien podía acompañarlo en ese proceso, mejor todavía.

Me gustaba cómo confiaba en mí, cómo se entregaba cuando bajaba la guardia, cómo me buscaba y cómo respondía a todo lo que hacía. Todo eso me volvía completamente loco.

Porque, desde que nos habíamos liado en mi casa, había dejado de engañarme.

Ese mierdecilla era la única persona capaz de hacerme sentir vivo otra vez.

Había despertado una parte de mí que creía muerta, y no tenía nada que ver con el sexo.

Kieran me preocupaba, me desesperaba, me hacía reír cuando menos ganas tenía y me sorprendía pensando en él a todas horas.

Eso era precisamente lo que me tenía la cabeza tan jodida. Intentaba mantenerme firme y actuar con coherencia, pero cualquier resquicio de lógica y sensatez que quedaba en mi cabeza se esfumó en cuanto Nathan me dijo que Kieran estaba en la costa haciendo surf.