Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

Su cuerpo se tensó de golpe y terminó corriéndose con fuerza entre jadeos rotos, temblando contra la puerta mientras yo lo sostenía ahí, disfrutando de cómo perdía completamente el control.

Me puse en pie despacio mientras Kieran intentaba recuperar el aliento. Tenía las mejillas completamente sonrojadas y el pecho le seguía subiendo y bajando con fuerza.

Mierda..., la imagen me iba a perseguir durante mucho tiempo.

Le subí la ropa interior y después el pantalón con calma, deslizando los dedos por sus caderas.

—Espero haber cumplido tus expectativas, principito —murmuré contra sus labios, depositando un beso corto sobre ellos—. Te ves jodidamente sexy después de correrte.

El color de sus mejillas se intensificó todavía más. No pude evitar sonreír.

Me di la vuelta dispuesto a brindarle un poco de espacio, más que nada porque yo también necesitaba recuperar algo de control antes de hacer una estupidez peor, pero no había dado un paso cuando noté sus dedos cerrándose alrededor de mi antebrazo.

Me giré.

La expresión de Kieran seguía algo perdida, confundida, todavía intentando volver del todo a la realidad.

—¿Adónde vas? —preguntó con la voz ronca.

—A por un whisky . Lo necesito —hice una pequeña pausa mientras lo miraba—, casi tanto como necesito alejarme de ti un minuto.

Sus ojos recorrieron mi cara y, al instante siguiente, tiró de mí, haciéndome girar hasta acorralarme contra la puerta.

—Creo que eso puede esperar. —Se mordió el labio antes de besarme otra vez, esta vez más despacio, más profundo—. Ahora es mi turno, entrenador.

Mo chreach .

Sus palabras se vieron ahogadas cuando comenzó a besar y lamer mi pecho, mis pezones y mis abdominales.

Se detuvo en la cicatriz que me había hecho cuatro años atrás, deslizó la lengua sobre ella y después depositó un beso jodidamente sugerente.

Continuó chupando la piel alrededor y me sorprendió darme cuenta de cuánto me estaba excitando aquello.

Sus labios eran increíblemente suaves y sus manos, firmes en su agarre. Bajó mis pantalones, arrastrando los calzoncillos con ellos, pero su boca no se detuvo en ningún momento. Su barbilla rozó mi glande y tuve que cerrar los ojos para contener el impulso de sujetarle la cabeza.

Sin embargo, no lo hice.

Quería que se sintiera libre. Que marcara el ritmo con el que estuviera cómodo.

Aunque, joder, mi cabeza daba tantas vueltas que todo me zumbaba por dentro y solo podía pensar en cómo se sentiría cuando cubriera mi polla con su boca.

Un sonido áspero se escapó de mi garganta y mi abdomen se contrajo cuando la punta desapareció entre sus labios.

— A Dhia ... —gruñí de placer, no solo por su iniciativa, sino porque mi polla era la primera que había metido en su boca. Casi me corrí solo con pensarlo.

—¿He hecho algo mal? —se detuvo, mirándome desde abajo. Supuse que había interpretado mi protesta en gaélico irlandés como algo negativo.

—No, joder, claro que no. Lo que haces está más que bien, principito.

—No me llames así —protestó—. Y dime cómo quieres que siga.

—Más profundo. Hasta donde puedas. Deja que tu saliva la lubrique entera.

Lamió desde la base hasta la punta antes de volver a succionarla, esta vez con más intensidad, arrancándome un gemido.

El cabrón aprendía rápido.

—¿Así está bien? —preguntó llevándosela casi entera antes de regresar despacio a la punta.

—Perfecto —logré decir.

Mis palabras parecieron darle confianza, porque empezó a moverse con más seguridad, chupándome con fuerza mientras mantenía los ojos clavados en los míos.

Juro por Dios que no podía resistirme a esa maldita visión.

— Mo chreach ..., necesito más.

—Quiero que me guíes —balbuceó retirándose un segundo—. Pon las manos en mi cabeza.

Maldito infierno. No tenía ni idea del autocontrol que estaba teniendo, así que no necesité que me lo pidiera dos veces. Mis manos corrieron a enredarse en sus mechones rubios, empujándolo un poco más hacia abajo. Un jadeo escapó de su garganta, provocando temblores a lo largo de mi longitud.

Para mi sorpresa, hizo un esfuerzo por metérsela hasta el fondo. Normalmente no era sencillo por el tamaño y, al principio, se atragantó un poco. Intenté que no profundizara tanto, pero no me lo permitió.

Sus dedos se clavaron en mis caderas y volvió a intentarlo. Una vez. Otra. Hasta tres veces antes de apartarse para coger aire.

Le acaricié el pelo mientras levantaba la vista hacia mí con los ojos húmedos.

—Si necesitas parar, paramos. Si prefieres ir más despacio, hazlo, pero quiero que te sientas cómodo en todo momento.

—Tú me haces sentir cómodo —murmuró—. Y esto me gusta... o, al menos, tu polla no me desagrada en absoluto.

Solté una carcajada que desapareció en el instante en que besó la punta y volvió a tragársela.

Un gruñido grave salió de mi garganta al verla esfumarse por completo mientras empezaba a moverse arriba y abajo. Noté cómo mi cuerpo reaccionaba de inmediato al verlo así, con los labios envolviéndola por completo y siguiendo un ritmo cada vez más seguro.

Estaba perdido.

—Ey, ey... esto está genial, pero necesito que te retires. Déjame terminar con la mano.

Lo vi negar con la cabeza.

Mierda.

No podía permitir que fuera más allá en su primera vez.

Intenté apartarlo suavemente, pero gruñó alrededor de mí y se aferró todavía más a mis caderas, moviéndose con más rapidez, con más decisión.

Ahí perdí completamente el control.

Me corrí con un jadeo ronco mientras él seguía aferrado a mí. Temblaba ligeramente bajo sus manos y la sensación de verlo continuar, todavía enfrascado en mi orgasmo, terminó de hacerme perder la cabeza.

Maldición.

Cuando por fin se apartó, lo hizo despacio, respirando con dificultad. Me acomodé la ropa mientras intentaba recuperar el aliento. Entonces el ambiente cambió de inmediato.

Kieran recogió sus prendas y se puso el jersey rápidamente antes de levantarse y alcanzar la manilla de la puerta.

Fruncí el ceño al verlo actuar así de repente. Porque aquel cambio repentino me inquietó. De golpe tuve miedo de haber ido demasiado lejos para él.

—Eh, Price, ¿estás bien? —Intenté levantarle el mentón, pero no me miró.

Joder.

¿Por qué no me miraba?

Así que terminé formulando la pregunta de la que no quería conocer la respuesta.

—¿Te arrepientes?

Sus ojos se cruzaron por fin con los míos.

—No. Yo nunca me he arrepentido de nada de lo que ha pasado entre nosotros. Pero prefiero irme antes de que tú lo hagas y vuelvas a mirarme como si hubiera sido un error... como las otras veces.

Abrió la puerta y sus siguientes palabras me dejaron completamente helado.

—Porque hoy no podría soportarlo.

Me quedé quieto, realmente impactado.

No había pensado en cuánto podían haberlo herido mis huidas, mi distancia o toda aquella culpa de conciencia que arrastraba constantemente.

Pero, joder..., Kieran Price nunca sería un error.

Ahora sí necesitaba esa copa.

Fui hasta la mesita, alcancé el whisky y me dejé caer en el sofá. Después agarré el teléfono, entré en el chat con mi hermana y escribí:

Sinéad, si hoy hubiéramos hecho esa apuesta, habrías ganado.

Ya es demasiado tarde para frenarlo.