Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 18 #4
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Capítulo 18 #4

—No. Tú no tienes nada que ver con que yo esté aquí. Consideré que era buena idea acercarme de nuevo a mis jugadores; llevo demasiado tiempo aislándome y las victorias siempre son un buen momento para estrechar lazos.

—Si eso es cierto, te voy a pedir que te mantengas alejado de mí y que no nos expongas a los dos. La gilipollez de pregunta que me has hecho sobre Kels podrías haberla hecho perfectamente por teléfono.

Salió dando un portazo. En cuanto desapareció, le di un puñetazo al panel divisorio del cubículo, que se abolló al instante. Después fui hasta el lavabo y me eché agua fría en la cara.

La había fastidiado. Y no por lo que le dije, porque eso fue probablemente lo único correcto de toda la noche; la había cagado por cómo lo abracé, por cómo mi cuerpo se relajó al tenerlo entre mis brazos y por lo poco que quise apartarme.

Tenía que cortar aquella mierda de raíz antes de que fuera a más, porque Kieran Price nunca iba a ser una opción.

Estaba prohibido. En todos los malditos sentidos.

Click .

Un mensaje.

Vi el nombre de Price y lo abrí pensando que sería un texto diciéndome que ya podía salir, pero no. Era una puñetera foto. Aparecía con el resto del equipo y con los brazos de una rubia rodeándolo, justo donde hacía unos minutos habían estado los míos.

No podía ser tan idiota. No podía.

Abandoné los baños casi corriendo y, cuando llegué a la entrada de la sala VIP, lo vi sentado, bebiendo con la tía de la foto. La mano de ella descansaba sobre su muslo, demasiado cerca de la entrepierna, y uno de sus pechos le rozaba el brazo.

Joder.

Quería estrangularla a ella y matarlo a él.

—¿Conor?

Una voz me alcanzó antes de entrar y me detuve justo en la puerta. Me giré y vi a una mujer bastante guapa cuya cara me sonaba muchísimo. Tardé un segundo en caer en quién era, la hija del anterior presidente de Ottawa. Me había liado un par de veces con ella en mis comienzos en los Toronto Wolves.

—¿Lea?

Asintió y me dio un abrazo que correspondí automáticamente, aunque mis ojos se desviaron de inmediato hacia Kieran. Toda su atención estaba puesta en mí, no en la rubia que tenía al lado.

—¿Qué es de tu vida? Joder, estás guapísima. —La cogí por las manos y le di una vuelta.

—Es mi despedida de soltera. Vinimos a celebrarla a Las Vegas.

—Vaya... Entonces supongo que felicidades.

—Gracias. ¿Y tú qué haces por aquí? —Sentí sus manos subir por mis brazos y apretarme los bíceps.

Volví a mirar a Kieran. Seguía con los ojos fijos en mí mientras permitía que la rubia invadiera todo su espacio.

—He venido a celebrar una victoria con mi equipo.

—Entonces creo que deberíamos tomarnos una copa para brindar por mi boda y por vuestro triunfo.

—Sí, claro...

Me dispuse a entrar en el reservado, pero entrelazó su mano con la mía y se puso de puntillas para acercarse a mi oído.

—Aquí no. En mi hotel.

Volví a mirar a Kieran y vi que ahora tenía el pelo de la rubia enredado entre los dedos y el rostro demasiado cerca del suyo.

Apreté los puños. Joder. Tenía que quitarme a ese idiota de la cabeza.

Así que volví a centrar mi atención en Lea.

—Vámonos.

Aquella decisión, que unos segundos antes me había parecido una gran idea, empezó a convertirse en un error a medida que nos acercábamos a la salida. Sobre todo, cuando tuvimos que detenernos en la puerta y ella presionó el culo contra mi entrepierna.

Mo chreach .

Nada. No sentí absolutamente nada. Mi cuerpo ni reaccionó.

Maldito Kieran Price.

Saqué el teléfono y fingí una expresión de preocupación.

—Lea, esta vez no va a poder ser. A uno de mis jugadores le ha surgido un problema y tengo que regresar al hotel. —Puse cara de frustración antes de darle un beso en la mejilla—. Te deseo lo mejor en tu matrimonio.

Salí a la calle y respiré hondo. Fue entonces cuando vi a Juraj y a Kels, y me quedé observándolos un momento. Se los veía felices, riéndose los dos; el eslovaco siempre tenía una sonrisa de idiota en la cara cuando ella estaba cerca.

—¡Chicos, esperadme! —grité.

Los dos se giraron.

—¿Vais para el hotel?

—Sí. ¿Qué tal la noche, vejestorio? —Juraj me dio una palmada en la espalda.

—Novák, no me toques los cojones o te lo hago pagar en el próximo entrenamiento. Además, cierra el pico, eres la persona más aburrida que conozco. Jones tiene razón cuando dice que eres un viejo atrapado en el cuerpo de un joven.

—Ese cabrón lo dice porque no soy un degenerado como vosotros.

—Amargado —solté, riéndome.

—Gruñón —contraatacó.

—¡¿Podéis callaros de una vez?! —intervino Kels, poniendo los ojos en blanco—. Sois como dos niños pequeños.

Miré a mi alrededor, extrañado.

—¿Y qué se supone que hacemos aquí parados?

—Estamos esperando a Kier. Se viene también al hotel —aclaró Kelsey.

No pude contener la sonrisa ni evitar soltar todo el aire que llevaba un buen rato oprimiéndome el pecho.

Cuando lo vi salir, me di cuenta enseguida de que le sorprendía encontrarme allí. La tensión desapareció de su mandíbula y un brillo repentino iluminó sus ojos.

Alivio. Eso era.

El mismo alivio que había sentido yo apenas unos minutos antes.