Capítulo 8 #3
—Cuando acepté la propuesta de Nathan para jugar en Seattle no fue por lo que todos pensáis.
Bueno, en parte sí: quería salir de la sombra de mi padre, pero hay algo que no sabéis.
Él descubrió una parte de mí que todavía estoy intentando comprender.
Mi familia tapó el desliz con una generosa suma de dinero, pero él aprovechó lo que sabía para obligarme a volver con Avery.
Y no solo eso, quería que me comprometiera con ella. Que nos casáramos.
—Espera, ¿por qué tu padre querría que fueras infeliz con una mujer a la que no amas? Además, con todo el escándalo que hubo en torno a ella y a esa famosa fiesta, aquello no te dejó precisamente bien parado.
—Porque, para él, es preferible un hijo cornudo que uno...
—¿Uno qué, Kier? —preguntó en voz baja, girándose hacia mí mientras me apartaba el pelo con suavidad.
—Uno maricón —exhalé con fuerza—. En unos premios en Las Vegas me emborraché con unos compañeros y acabé liándome con un tío en el pasillo de unos reservados. No significó nada, pero bastó para que, en unas fotos, todo pareciera mucho más de lo que realmente fue.
Ahora sí la miré. Seguía atenta, con los dedos todavía enredados en mi pelo, moviéndose despacio, y ese gesto, tan simple, me dio el empujón que necesitaba para seguir.
—Desde aquella vez no he vuelto a estar con nadie, hasta hoy.
Me besé con Cory y, cuando intentó ir más allá, me bloqueé.
Me vino todo de golpe. Estábamos al aire libre, cualquiera podía vernos y, además, estaba entre mis piernas, dispuesto a...
ya sabes. Pero lo que de verdad me acojonó fue cuando me preguntó si era activo o pasivo.
Me levanté de golpe, frustrado, pasándome la mano por el pelo aún húmedo.
—¿Y yo qué coño sé? No tengo ni idea. Es que no sé nada, ni siquiera sé quién soy.
Resoplé y me senté otra vez a su lado en el sofá.
—Es como si yo fuera una mentira montada por otros. A veces me da miedo pensar que no sé hacer nada por mí mismo, como si para cada paso necesitara que alguien me dijera cómo darlo.
—Tranquilo —se pegó más a mí, rodeándome—. Tienes miedo, es normal. Estás descubriendo quién eres y qué quieres, y eso asusta. Pero no puedes permitir que las inseguridades o lo desconocido te frenen.
—Sé que no soy hetero del todo o quizá nada, viendo mi historial con mi ex y con las mujeres. Y puede que me atraigan los hombres, pero ¿cómo voy a conocer a alguien si puedo terminar convertido en un titular?
—Cory es una buena opción para tu primera experiencia con un hombre. Se le ve alguien abierto, comprensivo, y no tiene ni idea de quién eres. Si te preocupa que os vean, puedes invitarlo aquí; este es un sitio seguro.
—Kels, él no sería el primero —negué, pasándome la mano por la cara—.
Y no hablo del chico de Las Vegas. Hubo otro; uno con el que sí pasó algo de verdad.
El maldito idiota que me trajo hasta aquí, el que me metió toda esta confusión en la cabeza e hizo que me lo cuestionara todo.
Joder... Un cabrón que consiguió darme el mejor orgasmo de mi vida con un simple roce.
—Guau —dijo, arrancándome una sonrisa—. Es la primera vez que hablas de alguien así: con seguridad, con rabia y con claridad. Kier, ¿por qué no tuviste miedo con él?
—Puede que porque tenía tanto que perder como yo, o más.
—No me refiero a eso y lo sabes. Era tu primera vez con un chico y te dejaste llevar.
—Porque había bebido.
—¿Seguro? —me miró de reojo, sin creérselo.
—Vale... no fue el alcohol. Simplemente él estaba ahí, yo también, y pasó.
—Así, sin más.
—Joder, Kels, no fue «sin más». ¿Qué quieres que te diga? Estaba caliente, sí. Era una puta olla a presión. Y no pensé nada. Solo quería besarlo, tocarlo, que me tocara y correrme de la forma que fuera.
—Pues igual el secreto está en que silencies la cabeza y permitas que otras partes de tu anatomía tomen el control.
—Dios, esto no tiene ninguna gracia. Estoy hecho un lío.
—Kier, ¿hay alguna posibilidad de que vuelvas a ver al chico que te lo puso todo patas arriba?
Chasqueé la lengua.
—Ni de coña. ¿Me oyes? Jamás volvería a estar con ese tío. Olvídalo. No es una opción.
—Vale, vale, ya encontraremos otra forma.
—Ni se te ocurra buscarme tíos, Kels. En serio. Lo que te he contado no sale de aquí, ni siquiera se lo digas a tu novio. No estoy preparado para que lo sepa nadie más.
—Tranquilo, será nuestro secreto —cogió las copas y me tendió la mía—. Por cierto, ¿les has mirado el culo a los del equipo?
El trago que tenía en la boca salió disparado. No pensé en mis compañeros. Pensé en el puto entrenador.
—Kels, ¿qué clase de pregunta es esa? Las cosas no funcionan así, y deberías saberlo mejor que nadie.
—No, bobo —se rio—. Lo has entendido mal. Es que tengo un debate con Kai, yo mantengo que el mejor culo es el de Juraj y él insiste en que los hay mejores en el vestuario. Solo lo dice para picarme. Como tú los has visto a todos desnudos, necesito tu opinión.
—No voy a opinar sobre los culos.
—Pero hemos hablado de pollas.
—Sí, pero no de las de mis compañeros.
—Aburrido —bufó divertida, acomodándose con la copa en la mano.
No pude evitar sonreír. Puede que la noche se torciera con Cory, que otra vez mis miedos me ganaran, pero había merecido la pena. Porque, por fin, tenía a alguien con quien hablar de casi todo. Menos de él. Porque él siempre sería mi secreto, igual que yo era el suyo.