Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Llegué mal a la primera jugada, invadí un espacio que no era mío y Kai tuvo que corregirlo en el último segundo para evitar que se abriera un hueco peligroso.

Me gritó que cubriera mi zona, asentí e intenté recolocarme, aunque no fue suficiente.

En la siguiente jugada perdí otra marca, esta vez peor, porque el rival entró con ventaja y, si Caden no hubiera ocupado mi lugar a tiempo, habría sido gol.

Me quedé paralizado, con la respiración empezando a fallarme.

Joder. Levanté la vista y ahí estaba, mirándome, con esa expresión fría que no necesitaba decir nada para hacerme sentir exactamente lo de siempre: pequeño, insuficiente, fuera de lugar.

El pecho se me cerró y durante un segundo sentí que todo se me iba.

Entonces noté unas manos en mis hombros.

—Eh, mírame.

Era Caden. Lo hice.

—Puedes con esto —dijo, firme—. Confía en ti, porque nosotros lo hacemos. Olvídate del banquillo. Ahora formas parte de esto y te necesito aquí. Vamos a ganar, y cuando lo hagamos, quiero que estés conmigo.

Asentí, más por él que por mí, y él me devolvió el gesto. Juraj pasó a mi lado en ese momento, con una media sonrisa.

—Vamos —murmuró—. Si puedes con las olas encima de una puñetera tabla, también puedes con estos capullos.

Me guiñó un ojo antes de alejarse, y Kai fue el siguiente.

—Price, haz lo que te dé la gana, pero disfruta.

Casi me hizo gracia, porque disfrutar nunca había tenido nada que ver con el hockey para mí; siempre había sido presión, expectativas, críticas.

Pero aun así miré a mis compañeros, y ellos sí creían, y eso tenía que bastar.

Estuve a punto de mirar hacia el banquillo, hacia él, pero me frené a tiempo.

No.

El tercer periodo empezó y dejé de pensar.

Literalmente. Solo me moví. Me centré en Caden, en Kai, en lo que tenía delante.

Un rival entró con velocidad y, en lugar de retroceder, fui a por él.

Arriesgué más de la cuenta, pero bajé el stick en el momento justo y corté el pase.

El puck salió despedido y, por primera vez desde que había salido, me sentí jodidamente bien.

Seguí. Otra jugada. Esta vez anticipé el movimiento, corté la línea de pase y recuperé el puck antes de iniciar la transición. Ya no pensaba. Solo disfrutaba.

Quedaban pocos minutos cuando escuché a Juraj.

—¡Price!

Lo vi, me lo pasó y se lo devolví al instante.

Gol.

El estadio explotó y, antes de poder reaccionar, mis compañeros ya estaban celebrando, gritando, golpeándome el casco, abrazándome. Uno tras otro. No era únicamente adrenalina lo que corría por mis venas. También había algo más, algo que se parecía demasiado a la libertad.

Las conversaciones llenaban el vestuario cuando entramos, pero se fueron apagando poco a poco en cuanto apareció Conor. Dijo que había sido un buen partido en general, sin más, y luego caminó directo hacia mí.

—No puedes salir ahí y jugar como te dé la gana. Ese cruce bajo presión y ese cambio de lado requieren una técnica que no tienes, y has asumido riesgos innecesarios.

Hughes se metió en medio al instante.

—¿Qué coño crees que estás haciendo? —le soltó, dando un paso al frente—. Esas jugadas nos han dado el partido.

Conor ni se inmutó. Giró ligeramente la cabeza hacia él, sin perder la calma.

—Este equipo lo dirijo yo. Si no te gusta cómo lo hago, reúnete con los demás y echadme. —Hizo una breve pausa, sosteniéndole la mirada—. Pero mientras eso no pase, no te metas.

Caden estaba tenso a mi lado, lo notaba en la forma en que apretaba la mandíbula y en cómo parecía a punto de dar un paso más.

Yo también lo estaba, pero por un motivo distinto.

No me gustaba nada lo que estaba pasando, ni el ambiente que se estaba creando, ni ser el centro de todo aquello.

Sabía que los lazos entre ellos eran fuertes, demasiado como para romperse, pero aun así no quería ser el motivo de sus discusiones, ni el tipo al que tenían que salir a defender.

No quería que me vieran débil.

Si iba a ganarme mi sitio, tenía que hacerlo yo.

Así que lo agarré por el brazo y lo aparté ligeramente, ocupando su lugar frente a Conor.

—Puede que tengas razón. —No aparté la vista de él—. Fue arriesgado, y puede que no sea el defensa que te gustaría.

Hice una pausa.

—Pero soy lo que hay. Y si no vas a tratarme ni a entrenarme como al resto, entonces, cuando esté en el hielo, actuaré como crea conveniente para el equipo.

En ese caso, no me pidas explicaciones ni esperes nada de mí, porque no estaré haciendo más que devolverte el mismo trato que he recibido de ti.

Cogí mi bolsa, me la colgué al hombro y eché a andar. Juraj me guiñó un ojo al pasar, intentando disimular una sonrisa, y Kai me dio un golpe rápido, cómplice.

—¿Adónde crees que vas, Price? —escuché a mi espalda—. No he terminado.

No me detuve ni me giré. Le respondí como él había hecho todo aquel tiempo, con silencio.

La puerta se cerró detrás de mí y, cuando me quedé solo, solté el aire poco a poco. Una sonrisa apareció casi sin darme cuenta, porque desde que había llegado allí no recordaba haberme sentido tan bien, aunque todo mi cuerpo siguiera temblando.