Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

Sinéad siempre decía que yo era el preferido, que todo lo mío lo aceptaban mejor, y en parte era verdad.

Cuando se enteraron de mi relación con Liam no fue fácil, sobre todo porque lo supieron por los medios, algo bastante cobarde por mi parte, pero, después de muchas conversaciones y de conocerlo, todo fue mejor de lo que esperaba.

Lo acabaron queriendo como a uno más. En vacaciones siempre íbamos un par de semanas a Irlanda y para Liam aquello era como estar en familia.

Con los suyos nunca fue así. Nunca lo apoyaron por ser quien era, siempre se sintió solo, hasta que su padre tuvo un accidente y murió.

Entonces salió a la luz que aquel hombre tan estricto llevaba una doble vida, con otra relación a escondidas, y a partir de ahí Liam y su madre retomaron el contacto.

A mí no me nacía perdonar así, pero para él era importante y lo respeté.

Liam siempre había tenido esa capacidad para pasar página.

Miré el teléfono otra vez. Tenía varios mensajes y correos, dos de mis gestores. Me sentí mal al verlos. Estuve a punto de borrarlos. No estaba bien lo que había hecho, no, pero tampoco podía seguir ignorándolo como si nada.

Iba a guardar el móvil, decidido a confiar en él, cuando lo vi de espaldas, gesticulando mientras hablaba, y entonces lo escuché.

—Caleb, no puedo seguir viajando a Toronto, se me acaban las putas excusas. Arréglalo para vernos en Vancouver. Puedo ir y volver en el día.

El sonido se apagó a mi alrededor. Solo quedaba el latido en el pecho, fuerte, descontrolado, doliendo más que sus propias palabras.

Con las manos temblando desbloqueé el teléfono. La vista se me nublaba, pero aun así entré en los correos. Abrí el primero y fui directo a lo importante. No existía nadie con ese nombre en la sucursal y necesitaban más datos para investigar quién había contactado conmigo sin autorización.

Abrí el segundo. Decía prácticamente lo mismo, pero añadía algo más. Podía tratarse de un fraude y solo el gestor asignado estaba autorizado a gestionar mis cuentas y velar por mis intereses.

Levanté la vista.

Liam estaba pálido, con el teléfono aún en la mano, alejado de la oreja. Caminó hacia mí. Antes de que dijera nada, hablé.

—Ahórrate las mentiras. He escuchado cómo decías su nombre.

Su rostro se tensó. Abrió la boca para responder, pero las palabras no llegaron.

Solté el aire por la nariz y le entregué el teléfono.

Lo leyó mientras sus ojos se abrían poco a poco y la respiración se le volvía cada vez más irregular.

Incluso le tembló una mano. Cuando levantó la vista hacia mí, le quité el móvil y le enseñé el otro correo.

Esta vez fue más rápido. Al terminar, alzó la mirada y me empujó el pecho con el teléfono.

—¿Qué coño significa esto, Conor? ¿Desde cuándo eres así de controlador?

Se pasó una mano por la frente.

Lo observé sin apartar la vista, intentando reconocer algo en él, pero ya no sabía qué estaba viendo.

—Que te jodan, Liam. ¿De verdad crees que quería llegar a esto?

Alcé el teléfono entre los dos.

—Te miro y no sé quién eres. No sé cuándo empezaste a mentirme ni por qué, pero se nota en todo: en cómo hablas, en cómo te apartas, en cómo me miras...

—Conor... —Su voz salió cansada.

—No me cortes ahora —di un paso hacia él, acercándome lo justo—. ¿Quién es Caleb?

Se quedó callado y ese silencio me inquietó todavía más.

—Respóndeme.

—Hablemos en casa.

Solté una risa sin humor y negué con la cabeza.

—Claro, en casa. Solo estás buscando tiempo para pensar con qué mentira sales esta vez. Y aquí me tienes, como un idiota, intentando encontrarle sentido a todo porque me niego a desconfiar de ti. Pero a Dhia , me lo estás poniendo muy difícil.

—Para, por favor. Estás sacando todo fuera de contexto.

—No me jodas... ¿Ahora resulta que la culpa va a ser mía? Tú estás perdiendo la puta cabeza, ¿o qué?

Titubeó un momento.

—Caleb es un compañero de la universidad. Compartíamos cuarto y volvimos a coincidir por casualidad en el funeral de mi padre. A partir de ahí retomamos el contacto.

Asentí despacio, sin apartar la mirada.

—Vale, ¿y ya está? Porque a mí me da la impresión de que te estás dejando una parte bastante importante de la historia.

Guardó silencio. Apretó la mandíbula y, cuando habló, su voz sonó más baja.

—Es mi ex.

Cerré los ojos un instante, lo justo para recomponerme antes de volver a mirarlo.

—Claro. Ahora sí tiene sentido.

—No te hagas ideas equivocadas sobre todo esto. Él solo... solo es parte del pasado.

—¿Y qué se supone que quieres que piense? Vives entre secretos, haces llamadas a escondidas y dejaste de confiar en mí. Joder, dime cómo se supone que tengo que encajar todo esto.

Su respiración se volvió irregular.

—No te he dicho nada para evitar precisamente esto —nos señaló a los dos.

—No —lo corregí—. Has guardado silencio para no tener que dar explicaciones por tus acciones.

—No ha pasado nada.

—¿Seguro? —sonreí sin creerme ni una palabra—. ¿Lo has vuelto a ver?

—No.

No me hizo falta mirarle la cara. Aquel monosílabo fue más que suficiente para delatarlo. Liam nunca había sido precisamente un hombre de pocas palabras.

—No me mientas más.

Di un paso atrás y apreté los puños. Necesitaba aire. Un puto segundo para ordenar el caos que acababa de estallarme dentro.

—Conor... —intentó acercarse.

Me aparté antes de que llegara a tocarme.

—Te di la oportunidad de decirme la verdad y has preferido seguir engañándome.

El pecho me dolía; sin embargo, mantuve el tipo.

—Así que no me busques cuando esto te explote en la cara.

Me giré y eché a andar, obligándome a no parar, a no mirar atrás, aunque cada paso que me alejaba dolía más. Una parte de mí seguía esperando que dijera algo, que me detuviera, que hiciera lo mínimo para no dejarlo así.

Pero no lo hizo.

Y eso fue lo que me terminó de romper.