Atrapada por el lanzador (Romances deportivos picantes) Ricky
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Ricky

Acabo de preparar el desayuno cuando Ishana sale del dormitorio.

Tiene el pelo revuelto, los ojos soñolientos, y lleva puesta una vieja camiseta mía y, trago saliva, aparentemente nada más.

La camiseta le llega a medio muslo y se le sube con cada paso, dejando al descubierto esas deliciosas piernas desnudas.

Bosteza mientras levanta un brazo para apartarse el pelo de la cara y me da un somnoliento buenos días que le devuelvo. El brazo en alto deja ver la amplia sisa de la camiseta holgada y un atisbo de pecho que despierta deseos que no sentía desde hace mucho tiempo.

Aunque ya me he masturbado esta mañana, me pongo duro al instante.

—¡Desayuno! —anuncio, agradecido por la encimera que nos separa.

No hará que baje el bulto repentino de mis pantalones, pero al menos lo ocultará.

Saco los platos y sirvo los idlis de rava con mantequilla, sambhar recién hecho y chutney.

Mientras ella come, nos sirvo vasos altos de zumo de sandía frío y me siento con ella.

—Mmm —dice, y cierra los ojos con expresión de éxtasis—. Están buenísimos. ¿Qué les has puesto?

Sonrío.

—Una receta antigua de la familia. De mi ammamma. Este era su sitio. Murió hace un tiempo y nos lo dejó a Sam y a mí.

Frunce el ceño.

—¿Y tus hermanos?

—Todos tienen sus propios negocios y propiedades. Como soy el mayor, Ammamma siempre quiso que Sam y yo nos quedáramos con este sitio, ya que éramos los únicos que nos habíamos mudado a la gran ciudad.

Da un largo trago de zumo con avidez. Intento no quedarme mirando su cuello esbelto mientras traga.

Deja el vaso y se limpia la boca con el dorso de la mano.

—Dios, qué rico está.

Sonrío.

—Sandías recién cogidas de nuestra granja, aquí al lado.

Mira hacia el sofá con la manta bien doblada.

—Me sentí fatal por quitarte la cama mientras tú dormías en el sofá. Espero que hayas descansado bien.

Estoy tentado de decirle que me fue imposible dormir, no por el sofá sino porque no paraba de darle vueltas a la cabeza. ¿Cómo iba a poder, con una mujer tan sexy como tú medio desnuda en la habitación de al lado? Pero estoy aquí para apoyarla, no para aprovecharme. Así que digo:

—Claro.

Mira el móvil con una expresión extraña. Veo cómo un destello de tristeza le cruza el rostro.

—¿Todo bien? —pregunto.

—Mis padres deben de estar preocupadísimos.

—Abajo en el café hay cobertura. Podrías llamarlos desde allí.

Me mira incómoda.

—Ya has sido muy amable conmigo. No quiero seguir siendo una molestia.

—De todos modos pensaba bajar en un rato. Anoche le dejé un mensaje a mi hermano Vicky para que viniera a llevarse tu coche a su taller con la grúa. Podríamos pasarnos a ver cómo va.

—Ricky, no tenías por qué hacer eso, pero te lo agradezco mucho. Sé que ese pequeño khatara es un desastre, como yo, pero es el primer coche que me compré con mi propio dinero y le tengo cariño.

—Es mono —digo—. Dame cinco minutos para ducharme y cambiarme y nos vamos.

Se mira.

—Supongo que tendré que pedirte más ropa prestada. Lo único que traje fue ese maldito lehenga y las joyas. Preferiría quemarlo todo antes que volver a ponérmelo.

Arqueo las cejas.

—En ese caso, me alegro de haberte convencido de quedarte. ¡Anoche estabas dispuesta a volver a casa en coche y seguir adelante con la boda!

Hace una mueca.

—Esa era mi antigua yo. Después de consultarlo con la almohada, veo que era una idea tonta. Tenías razón, Ricky. Ese idiota no me merece, y yo merezco mucho más que un sinvergüenza infiel como él. Además, ni siquiera es mi tipo, aunque no te lo creas.

Arqueo las cejas.

—Estabas a punto de casarte con él.

—Fue todo idea de mi madre. Virendra y yo crecimos en el mismo edificio. Siempre supe que estaba colado por mí. Fue mi madre quien me convenció de salir con él. Pensaba que era el hombre perfecto para mí.

—¿Y qué tipo es ese? —pregunto con verdadera curiosidad. De verdad quiero saber qué clase de hombre aprobaría la madre de Ishana.

—Chapado a la antigua, va al templo, respetuoso con los mayores, lleva traje, trabaja en una oficina con horario fijo. Ya sabes, estable, sólido, de fiar.

—Eso último es discutible.

Hace una mueca.

—Ya te digo, pero mi madre probablemente diría que los hombres son así. Una buena esposa perdona y olvida.

—Una buena esposa merece un marido mejor que ese.

—¿A que sí? En fin, ya he terminado de complacer a mi madre. Me hice una promesa ayer cuando llegué aquí. A partir de ahora, voy a vivir a mi manera.

Asiento.

—Es lo justo, al fin y al cabo es tu vida.

Algo destella en sus ojos, algo que me intriga mucho.

—Rick, sé que todavía estás sufriendo por la pérdida de Nani. Se te nota.

Asiento.

—Así es. No voy a negarlo. En realidad, por eso vine aquí. Para pasar un tiempo alejado de todo.

Sienta bien admitirlo. Quiero que Ishana sepa más de mí, pero no quiero agobiarla con mis cosas. Ya tiene bastantes problemas propios ahora mismo. Entonces dice algo que me pilla totalmente por sorpresa.

—¿Crees que podrías pasar página y volver a enamorarte?

¿Contigo? ¿Es eso lo que me estás preguntando en realidad? El pensamiento hace que se me acelere el pulso. Miro por la ventana para no revelar demasiado.

—Si me hubieras hecho esa pregunta ayer, habría dicho que ni de broma, ni en sueños. Pero hoy...

—¿Sí?

Me vuelvo para mirarla. Siento el impacto en el pecho, el corazón retumbándome como un bombo. —Diría que depende de la chica.

Y me refiero a ti, Ishana Vaid. Porque nunca he conocido a nadie como tú.

Tras una breve pausa, ella dice en voz baja: —¿Qué te parece esta para empezar?

Se me corta la respiración. La miro fijamente, sin estar seguro de haber oído bien. —¿Me lo estás preguntando en serio?

Ella se encoge de hombros y esboza una sonrisa pícara.

Trago saliva antes de responder. —Ishana, eres la chica más sexy, más dulce y más guapa que he conocido en mi vida. Como te dije ayer, tu prometido fue un idiota por acostarse con otras. Debería haberte adorado como la diosa que eres.

No puedo evitar recorrerla con la mirada mientras lo digo. Porque eso es exactamente lo que es: una diosa.

Mientras lo digo, me acerco a ella, sin poder evitarlo.