Atrapada por el lanzador (Romances deportivos picantes) Ishana
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Ishana

Así que todavía está de duelo. No la ha superado, quizás nunca lo haga. Dudo antes de hablar. El corazón me late desbocado. Pero sé que si no lo digo ahora mismo, me arrepentiré el resto de mi vida.

—¿Crees que podrías volver a enamorarte algún día?

Él clava la mirada en el horizonte, pensativo. —Si me hubieras hecho esa pregunta ayer, habría dicho que ni de broma. Pero hoy…

¿Ayer? ¿Qué cambió ayer? Me conoció a mí, claro, pero no puede estar hablando de eso. ¿O sí? —¿Sí?

Me mira fijamente a los ojos. Siento el impacto en el pecho, el corazón me retumba como un tambor. —Diría que depende de la chica.

No puede referirse a mí, ¿verdad? —¿Qué te parece esta para empezar?

Me mira como si no hubiera oído bien. —¿Me lo estás preguntando en serio?

Me encojo de hombros y consigo esbozar una sonrisa.

Por dentro, casi estoy temblando. No me preguntes de dónde saqué el valor para proponerle algo así, aunque sentí que solo estaba respondiendo a su proposición.

Esta es la nueva Ishana, la versión mejorada.

La chica que vive para sí misma y toma lo que quiere.

Y ahora mismo, quiero a Ricky Reddy. ¡Lo deseo con todas mis fuerzas!

Pero el corazón todavía me late como un martillo ante mi propia osadía. ¿De verdad he dicho eso en voz alta?

Su nuez de Adán se mueve de nuevo. Mientras habla, se acerca a mí. —Ishana, eres la chica más sexy, dulce y preciosa que he conocido en mi vida. Como te dije ayer, tu prometido fue un imbécil por serte infiel. Debería haberte adorado como la diosa que eres.

Pronuncia la última frase en un tono grave y profundo que siento en el pecho... y entre las piernas.

Espera. ¿Acaba de llamarme diosa?

¿Y cómo me está mirando? Como si hablara de otro tipo de adoración, de esa que también se hace de rodillas.

Imaginar a Ricky Reddy de rodillas, adorándome, hace que me arda el coño, un calor capaz de derretirme las bragas. Las imágenes más sucias inundan mi mente.

Se detiene frente a mí. Su mirada desciende hasta mis pechos y luego vuelve a encontrar la mía. Por primera vez en mi vida, me siento vista de la mejor manera posible. Me siento especial.

Entonces me estrecha entre sus brazos y me besa en plena boca.

Me deja sin aliento.

Me han besado antes, pero que me bese Ricky hace que los besos de Virendra parezcan los de un hermano. Es un beso de hombre, apasionado y cargado de deseo. Su lengua entra en mi boca y la recibo con la mía, saboreándolo.

Su mano me agarra la cabeza y me atrae hacia él, sujetándome con una fuerza reconfortante en la que me abandono agradecida.

Presiona su cuerpo contra el mío. Siento su deseo, duro y pesado contra mi sexo, separados solo por una camiseta fina y unas bragas.

Mi cuerpo responde con un fuego propio. Las sensaciones estallan dentro de mí.

Por un momento, creo que voy a desmayarme, y juro que me corro un poco.

Cuando se aparta, tiene los ojos vidriosos y más que un poco aturdidos.

Me encanta el efecto que tengo en él. Después de ver esa mirada de dolor en sus ojos cuando habló de su Nani, algo se encendió dentro de mí.

Quería grabarme en él de forma tan indeleble que le hiciera olvidar el dolor de haberla perdido.

Estoy bastante segura de que lo he conseguido, al menos por el momento.

Parpadea, como si intentara despejarse.

Empieza a hablar, carraspea y lo intenta de nuevo.

—Joder, sí —dice con voz ronca—, me veo adorándote como mereces, Ishana Vaid.