Atardecer en Texas (Amor bajo el cielo del oeste nº 2) Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

—Vuelve al rancho justo después de Año Nuevo. Siempre le damos diciembre libre porque cerramos el rancho turístico en vacaciones.

Burt sonrió. —No te preocupes, estará aquí para echarte una mano cuando vuelva el ajetreo.

—Uf —dijo Rachel mientras se recostaba contra Mason—. Por un momento me preocupé. Pensé que tendría que retener a mi hermano como rehén y ponerlo a trabajar.

Le sonrió a Charlie. —Acabarías deseando haberte quedado en Kentucky.

Charlie resopló. —¿Qué te crees que hago todo el día en la granja? ¿Sentarme en una mecedora en el porche a ver cómo trabajan los demás?

Rachel sonrió. —Me lo imagino perfectamente.

Charlie apretó los labios. —Pues no.

Cambió de tema rápidamente. —¿Te acuerdas de Esmeralda? —preguntó, refiriéndose a la famosa yegua de cría de la granja.

—Ajá —dijo distraída. Era difícil concentrarse en la conversación cuando Mason le acariciaba el brazo con los dedos, poniéndole la piel de gallina.

—Dejamos de criarla la primavera pasada, pero hace un par de años tuvo unos potros excepcionales que están impresionando a todo el mundo en las carreras —dijo—. Puede que los hagamos competir el año que viene, así que estaré ocupado con su entrenamiento.

Cody pilló la última parte de la frase de Charlie mientras volvía al salón masticando una galleta. —¿Su entrenamiento? —preguntó, interesándose de pronto.

Charlie asintió. —Sí. Entrenaremos a los potros a tope durante unos meses para ver si dan la talla en las carreras. Puede ser bastante agotador, tanto para los caballos como para nosotros —añadió con una sonrisa.

—¡Guau! —exclamó Cody—. ¿Puedo ir a ayudar?

La petición de Cody dejó la habitación en silencio. Charlie arqueó las cejas y miró a Mason, que se encogió ligeramente de hombros. Volvió a mirar a Cody.

—No tengo ningún problema con eso. Pero dependerá de tu horario escolar y de que tu padre dé el visto bueno.

Cody no pareció ver ningún obstáculo y levantó el puño en el aire.

—¡Sí!

El aroma de las galletas calientes anunció la llegada de Alice, que volvía a la sala con un plato de snickerdoodles.

—Tradición de Nochebuena —anunció—. Tenemos galletas recién hechas y cada uno puede abrir un regalo. Pero... —levantó un dedo—. Hay que elegir a alguien que haga de Papá Noel y decida qué regalo abre cada uno.

—¡Genial! —murmuró Cody con la boca llena de galleta. Dio un sorbo de leche y preguntó—: ¿Puedo ser yo Papá Noel este año, abuela?

Ella le revolvió el pelo con cariño.

—Claro que sí, cariño.

Mason se rio y Rachel sonrió mientras Cody corría hacia el árbol y se arrodillaba, moviendo con cuidado los regalos de colores vivos. Sacó uno y se lo entregó a Burt.

—Este es tuyo, abuelo.

Una vez que Burt hubo abierto su regalo —un precioso juego de cuchillos con el logo de Lazy Fork incrustado en los mangos y grabado en las hojas—, Cody pasó a su abuela. Después le tocó a Charlie, que se rio al ver su camiseta «I Heart Texas». Luego fue Mason, que admiró su nueva camisa de franela.

Rachel sonrió mientras observaba a Cody.

Iba y venía solemnemente del árbol a cada destinatario, como si aquello fuera la más seria de las ceremonias.

De repente se detuvo en medio de la habitación y miró a su padre, como buscando orientación.

Rachel se puso en alerta cuando Mason le hizo un gesto de asentimiento a su hijo y Cody le lanzó una rápida sonrisa antes de correr de vuelta al árbol.

Cody se asomó al interior del árbol, apartó dos ramas y metió la mano. Sacó una pequeña caja cuadrada elegantemente envuelta y se volvió para mirarla. Rachel sintió que el corazón se le iba a salir del pecho mientras él se acercaba y se la ofrecía.

—Este es para ti, señorita Rachel —dijo en voz baja.

Rachel notó el peso de todas las miradas y miró a su alrededor, con la sensación de ser la única que no estaba al tanto de algo. Tomó el regalo de manos de Cody.

—Gracias.

Miró por encima del hombro a Mason, que la observaba con expresión intensa. Luego volvió a fijarse en el regalo que tenía en el regazo.

—Oh, por el amor de... no te va a morder. ¿Quieres abrirlo de una vez?

Dio un respingo al oír la voz cortante de Charlie y le lanzó una mirada fulminante mientras empezaba a desenvolver el regalo con cuidado. En cuanto quitó el papel, Mason le arrebató la caja de las manos.

—¿Qué...?

Se quedó mirándolo boquiabierta mientras él se levantaba del sofá y se arrodillaba frente a ella.

—Dios mío.

Se llevó las manos a la cara y empezó a respirar agitadamente. Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho mientras lo veía sostener la caja con cuidado entre sus manos callosas y abrirla despacio.

Él la miró a los ojos, con el corazón en la mirada.

—Cásate conmigo, princesa —dijo con la voz cargada de emoción.

El tiempo se detuvo mientras contemplaba el precioso anillo de diamantes antiguo que descansaba en la caja forrada de satén.

Tragó saliva, sintiendo un nudo enorme en la garganta, y levantó la vista para mirarlo a los ojos.

Rachel pudo ver la pasión de siempre, pero también algo mucho más profundo que nunca antes había percibido.

Miró a su alrededor. Su hermano la observaba fijamente, con su típica expresión impaciente.

Burt y Alice estaban junto al árbol, él con el brazo sobre los hombros de ella, ambos mirando en silencio con expresión esperanzada.

Y luego estaba Cody, de pie orgulloso detrás de su padre, dando saltitos de emoción, con los ojos muy abiertos y llenos de ilusión.

Rachel miró a Mason a los ojos. Él, por primera vez desde que lo conocía, esperaba su respuesta con paciencia.

Tragó saliva de nuevo y soltó de golpe:

—Quiero hijos. Al menos dos, pero probablemente cuatro.

Mason sonrió, como si intuyera que estaba a punto de ceder, pero su respuesta fue sincera y seria.

—Lo espero con ansias.

Rachel sonrió mientras una sensación de paz la invadía, la certeza de que su mundo por fin cobraba sentido, de que la última pieza del rompecabezas encajaba en su sitio.

—Sí —respondió asintiendo con firmeza, con voz clara y decidida a pesar de las lágrimas que le brotaban en los ojos.

La habitación estalló en gritos de júbilo mientras Mason le colocaba el anillo en el dedo con cuidado. Para sellar el compromiso, la atrajo hacia sí y le dio un beso suave; sus labios se unieron en un instante que les dejó sin aliento.

Se apartó un poco y miró el anillo en su dedo.

Era una sensación extraña y nueva notar su peso, pero le encantó al instante.

El anillo era art déco, precioso y clásico.

Giró la mano de un lado a otro, admirando el brillo de los diamantes contra el delicado oro rosa y platino, asombrada de lo bien que le quedaba.

—¡Madre mía! —exclamó Alice—. ¿Has oído eso, Burt? Vamos a volver a tener bebés en esta casa.

Charlie se acercó y le dio una palmada en la espalda a Mason.

—Bien hecho, hermano.

Atrajo a Cody y le dio un abrazo rápido.

—Parece que voy a ser tu tío, chico.

Rachel se levantó cuando Charlie se acercó. En cuanto él abrió los brazos, se lanzó a abrazarlo y apoyó la cabeza en su pecho.