Atardecer en Texas (Amor bajo el cielo del oeste nº 2) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—Leah y yo nos conocimos cuando las dos vivíamos en Chicago. Somos mejores amigas desde hace casi una década. A Lucas solo lo conozco desde hace unos meses.

—Mmm... —murmuró Mason, y se quedó callado un momento—. Oye, quería decirte que estás haciendo un gran trabajo por aquí.

Rachel volvió la mirada bruscamente hacia él.

—¿Qué? Llevas intentando echarme de aquí desde que llegué, ¿y esperas que me lo crea?

—Bueno... —Mason se rio—. Para ser justos, dejé de hacerlo después del segundo día.

—Se quedó callado un momento, como si buscara las palabras adecuadas—.

Puede que no me gusten algunas de las trabas que nos pones o los cambios que traen más gente al rancho, pero le has quitado mucho estrés a mi familia, especialmente a mi madre. Eso sí puedo apreciarlo.

—Ajá —respondió Rachel, mirándolo con recelo—. ¿Qué pretendes, Mason Freeman?

Mason volvió a reírse, y aquel sonido grave le provocó un cosquilleo en el vientre. Levantó las manos en señal de rendición.

—No pretendo nada, solo hago una observación.

—Vaaale —dijo Rachel lentamente mientras daba otro sorbo de bourbon.

—Quiero enseñarte algo, Princesa —dijo Mason con un deje de cautela en la voz.

Ella lo miró horrorizada por un momento. Las palabras de Agnes le vinieron a la mente y una serie de imágenes le cruzaron la cabeza.

—Por favor, no te quites la camisa.

Él se echó hacia atrás y la miró desconcertado.

—¿Qué?

—No importa —respondió ella con una risita—. ¿Qué querías enseñarme?

Mason soltó un largo suspiro y negó con la cabeza. Luego dejó una hoja de papel sobre la mesa, entre los dos. Rachel entrecerró los ojos para leerla con aquella luz tan tenue.

—¿Qué es esto? —preguntó.

—Son las proyecciones financieras del rancho si no hacemos cambios en los próximos años, y eso suponiendo que no nos pongan más trabas legales descabelladas.

Rachel apretó los labios con irritación.

—Dijiste que no intentarías echarme de aquí.

Mason negó con la cabeza bruscamente.

—No estoy intentando echarte. —Hizo una pausa, con una mirada intensa—. Te estoy pidiendo ayuda.

Rachel frunció el ceño.

—¿Y cómo crees que puedo ayudar con esto?

Él se inclinó hacia delante y recorrió con los dedos la trayectoria descendente del gráfico.

—Esto —respondió— es adonde vamos si seguimos por el mismo camino. Centrados en el ganado, con el rancho turístico para cubrir gastos. En diez años estaremos acabados.

Rachel ladeó la cabeza y frunció los labios mientras sopesaba la información.

—¿Y dónde estaríais sin el rancho turístico?

—Estaríamos acabados en cinco años, tal vez menos.

Ella asintió.

—¿Y tu propuesta es pasaros a los caballos de rodeo?

Él se recostó y soltó un hondo suspiro.

—Sí, ese era mi plan original. Pero ahora creo que podemos ampliarlo un poco y que nos vaya aún mejor.

Rachel arqueó las cejas con interés.

—¿Qué tienes en mente?

—Bueno, cuando mencionaste que mi enfoque era demasiado limitado y que debería considerar algo más que los cuarto de milla, me puse a pensar en otras opciones —comenzó—.

Si nos expandimos a caballos de trabajo de rancho e incluimos mustangs y appaloosas, puede que consigamos convencer a mi padre de hacer un cambio.

—¿Tu padre no sabe que el rancho va cuesta abajo?

—Sí, pero es de los que prefieren esconder la cabeza bajo tierra. —Mason soltó un suspiro de frustración y dio una calada a su puro—. Nuestra familia lleva aquí generaciones y se niega a apartarse de la tradición.

—¿Y cómo crees que puedo ayudar? Mi familia solo se dedica a los purasangres, no a caballos de trabajo.

—Me lo imaginaba —asintió—. Pero no necesito tu ayuda con los caballos, ya tengo esos contactos. Necesito que me ayudes a convencer a mi padre de que este cambio funcionará. A ti te escucha.

Rachel se echó hacia atrás, sorprendida.

—¿A mí?

Mason asintió con la mirada fija en ella.

—Sí, a ti. Los dos te escuchan, y si lo planteamos bien, podemos animarlos a hacer un cambio gradual.

—Mmm —dijo pensativa. Dio otro sorbo de whisky y se recostó para mirar el cielo de nuevo, absorta en sus pensamientos—. Diversificar es inteligente, y ya habéis empezado con los cultivos.

Volvió la mirada hacia Mason, con la boca abierta para hacer otro comentario, y se quedó paralizada. Él la miraba fijamente con una expresión hipnótica que le cortó la respiración.

El típico interés masculino que había visto antes seguía allí, por supuesto, pero el deseo ardiente, las ganas, eso era nuevo. Era como si se hubiera quitado todas las máscaras y ella por fin estuviera viendo al hombre de verdad.

Las palabras de Leah de esa mañana le vinieron a la mente... Mason te ha estado comiendo con los ojos...

Incómoda de repente, Rachel tragó saliva y carraspeó.

—Supongo que Burt ha visto esto. —Señaló el papel sobre la mesa.

Mason negó con la cabeza.

—No he llegado tan lejos con él. Siempre se cierra en banda antes de que pueda sacar el tema.

Rachel resopló.

—Tal vez sea tu forma de plantearlo.

Mason sonrió y soltó una risita.

—No es la primera vez que me lo dicen, y tienes razón. Reconozco que soy difícil. —Rachel resopló y él hizo una pausa—. Pero creo que puedes ayudarme a plantearlo mejor y a convencerlo de hacer el cambio. Poco a poco, claro.

—De acuerdo, Vaquero —dijo Rachel—. Te escucho. ¿Qué tienes en mente?