Capítulo 2 #3
—Cody, veo que tu autobús está doblando la esquina. Venga, espabila.
—Sí, señora —dijo el chico. Se inclinó para darle un beso a su abuela en la mejilla, cogió la mochila y salió disparado por la puerta—. ¡Adiós! —gritó mientras saludaba por encima del hombro.
Alice sonrió mientras veía a Cody correr hacia el autobús, y luego se volvió hacia Rachel con un suspiro.
—Mi hijo es uno de los hombres más cascarrabias que conozco, y teniendo en cuenta cómo es mi marido, eso ya es decir. Así que vas a necesitar todo el desparpajo del mundo para sobrevivir aquí.
Rachel se echó a reír.
—Pues entonces me enseñó su lado bueno.
Se acercó al gran comedor contiguo a la cocina y contempló el espacio abierto.
—Esto es precioso.
Pasó la mano por un revestimiento decorativo de madera.
—¿Es madera reciclada?
Alice asintió señalando la enorme mesa del comedor, que fácilmente podía acoger a treinta comensales.
—Sí, y la mesa también. Usamos vigas de la cabaña original que se construyó en estas tierras. La familia de Burt lleva aquí generaciones.
—Es precioso —respondió Rachel mientras admiraba la mesa. Se volvió y entró en el gran salón, maravillada por el espacio. Era su tipo de distribución favorita: diáfano, con techos altos, sin tabiques, y con un montón de detalles en madera.
Era un salón acogedor con una enorme chimenea en la pared del fondo y un amplio balcón corrido que rodeaba la segunda planta, desde el que se accedía a lo que parecían varias habitaciones.
—Bueno, vamos a instalarte antes de que Alex te enseñe todo esto —dijo Alice por encima del hombro mientras se dirigía hacia una gran escalera doble.
—¿Alex? —preguntó Rachel mientras cogía sus maletas y seguía a Alice.
—Se encarga de todas las actividades del rancho turístico. Nos gusta llamarlo el segundo capataz —continuó Alice mientras se dirigía a una escalera junto a la pared norte.
Al mirar a su derecha, Rachel se fijó en una escalera similar en la pared sur que llevaba a las habitaciones de ese lado de la casa.
—Mason es el capataz del rancho, pero no quiere saber nada del negocio turístico. Solo se ocupa del ganado y de las labores del campo.
Rachel asintió, comprendiendo.
—Así que Alex es una versión más tratable de Mason.
Alice se rio.
—Es una buena forma de describirlo.
Arriba, avanzó por el largo pasillo que daba a la enorme sala principal. Rachel se asomó por la barandilla y contempló el espacio de abajo.
—Alex lleva años con nuestra familia —continuó Alice—. Su madre trabajaba limpiando para nosotros, y Alex y Mason se criaron juntos. Son como el día y la noche, pero están tan unidos como si fueran hermanos.
Alice se detuvo en la primera puerta y entró.
—Esta es tu habitación de momento. Teníamos pensado darte una de las cabañas, pero vamos un poco retrasados con las reformas de varias, incluida la que te habíamos asignado. Así que de momento te quedarás en la casa principal.
—Vaya —dijo Rachel mientras echaba un vistazo a su nueva habitación—. ¿Sabes? Pensaba que mi antiguo piso cabría en la cocina, pero aquí entraría sin problema.
Alice sonrió, cruzó la habitación y abrió otra puerta.
—Aquí tienes el baño.
Señaló hacia el armario.
—Es un vestidor, así que espero que tengas sitio de sobra para tus cosas.
—Es perfecto, Alice.
Rachel asomó la cabeza al vestidor y echó un vistazo.
—Es más de lo que esperaba, en serio.
Alice frunció el ceño.
—¿Qué demonios te dijo Burt sobre el alojamiento? Seguro que te contó que teníamos una habitación para ti.
Rachel frunció los labios al recordar aquella conversación.
—La verdad es que creo que solo mencionó alojamiento y comida.
Sonrió y se encogió de hombros.
—No me preocupé.
Alice puso los ojos en blanco.
—Es un milagro que aceptaras venir.
Le lanzó una mirada de reojo a Rachel.
—Espero que no te arrepientas de haber dejado la gran ciudad.
Rachel se rio.
—Ni hablar. Estaba deseando largarme de Chicago.
—Bueno, pues vale. Te dejo que te instales.
Alice se dirigió a la puerta y salió al pasillo.
—Baja a la cocina cuando estés lista para empezar.
—Allí estaré.
Rachel le sonrió a Alice y dejó caer las maletas sobre la cama.
Con las manos en las caderas, giró lentamente para examinar la habitación.
Nada mal… nada mal.
El espacio era enorme, con un escritorio antiguo colocado estratégicamente junto a un gran ventanal a la izquierda y unas puertas acristaladas a la derecha.
Rachel las abrió y encontró el balcón que había visto desde fuera.
Era lo bastante ancho para varias sillas y una mesa justo delante de su habitación.
Salió con cautela, sin saber si debía estar allí. Pero supuso que alguien lo había usado recientemente, a juzgar por la colilla de puro en el cenicero de la mesa.
Mmm… interesante…
Rachel se asomó por la esquina y vio que el balcón rodeaba toda la planta superior. También había más puertas acristaladas a lo largo de la pared exterior, seguramente de los otros dormitorios.
Volvió a entrar en la habitación y empezó a vaciar las maletas: colgó la ropa y colocó sus cosas en el baño. Al salir, miró la bañera con deseo.
Pienso usarla a menudo.