Atardecer en Texas (Amor bajo el cielo del oeste nº 2) Capítulo 1 #3
8%

Capítulo 1 #3

—Bueno, si mal no recuerdas —respondió Rachel con tono altivo—, nací con uno. Es que se me fue quitando en Chicago.

—Sí, ya lo sé. —Leah sonrió—. Es que es monísimo.

—Si crees que eso es mono, deberías oír cómo hablan aquí. Te juro que el Texas es un idioma aparte, y sus expresiones te parten de risa. Mi anfitriona organizó una fiesta del té ayer y esas señoras estaban como cabras. Hasta hubo algún que otro rifirrafe.

Leah sonrió.

—Estoy deseando verlo con mis propios ojos.

Rachel arqueó las cejas.

—¿Has convencido a Lucas de venir?

—Bueno, tenemos que cerrar todo aquí. Pero sí, llegaremos para tu cumpleaños. —La sonrisa de Leah se volvió radiante—. Lucas quiere empezar ya el viaje por carretera que llevaba planeando.

—Puaj, qué asco. —Rachel fingió tener arcadas—. Sois tan empalagosos que dais náuseas.

Leah sonrió y se encogió de hombros.

—¿Qué quieres que te diga? Me quiere. —Miró fijamente a la cámara—. Solo espera, Rach… a ti también te llegará. Aparecerá de la nada y te pillará totalmente desprevenida. Y apuesto a que ese hombre va a ser un cascarrabias imposible.

Rachel arrugó la nariz con desagrado.

—Qué va. Paso.

—Ya verás —respondió Leah en tono profético—. Ya lo verás.

—¿Y eso a qué viene? —preguntó Rachel, frunciendo el ceño.

—Intuición femenina.

Leah sonrió con suficiencia y miró hacia la esquina de la pantalla.

—¿Ya tienes todo listo?

Rachel asintió y echó un vistazo a la habitación.

—Sí, todo está listo. Son solo quince minutos en coche hasta las afueras del pueblo, y hay que tomar un solo desvío de la carretera principal.

Leah aplaudió y dio botes en su asiento.

—¡Qué emoción! Va a ser genial, ya verás.

Rachel sonrió radiante.

—Yo también estoy emocionada. Me encanta esto de aquí.

Alargó el brazo hacia atrás para coger su copa de vino y miró a Leah con intención.

—¿Y tu vino?

—¡Aquí mismo!

Leah levantó una copa llena de tinto y respiró hondo.

—Por un nuevo comienzo y por un éxito sin fin.

Alzó la copa hacia la pantalla, como brindando con Rachel.

Rachel correspondió al gesto.

—¡Salud, amiga!

Leah dio un sorbo y dejó la copa.

—¿Has sabido algo de tu abuela?

Rachel casi escupió el vino.

Esa era la última pregunta que esperaba de Leah.

—No. ¿Por qué?

Leah exhaló suavemente y negó con la cabeza.

—Sabes que es solo cuestión de tiempo que te localice. Cumples treinta y dos dentro de un mes.

Rachel negó con la cabeza, molesta con el tema.

—Que yo sepa, todavía cree que estoy en Chicago. Nadie de la familia sabe que acepté este trabajo ni que me mudé a Texas.

—Rachel —la amonestó Leah con suavidad—. Esa mujer no es tonta.

—No tiene por qué fijarse en mí.

—Salvo que eres su única nieta, te quiere, y estás a punto de hacerte con el control total de tu fondo fiduciario.

Rachel puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.

—Tiene a Charlie para atormentar. No me necesita.

—Tu hermano solo es parte de la ecuación, y lo sabes.

Rachel resopló.

—¿A qué viene esto ahora? —preguntó exasperada.

Leah levantó las manos en son de paz.

—Lo siento, no quería molestarte. Solo quiero que no te pille desprevenida cuando recibas una visita después de tu cumpleaños.

—Dejé esa vida atrás hace mucho —dijo Rachel con tono tajante—. Saben que no quiero tener nada que ver con la granja. Viene con demasiadas ataduras.

—Lo siento. Tienes razón.

Leah respiró hondo y sonrió.

—Mañana va a ser un día increíble para ti. Tienes que llamarme en cuanto conozcas a todos y te instales en el rancho.

—Lo haré.

La sonrisa de Rachel se transformó en un bostezo y se desperezó.

—Es hora de irme a la cama. Mañana madrugo.

Leah bostezó por contagio y se quejó.

—Por el amor de… ¡deja de bostezar! Todavía me quedan unas horas antes de poder acostarme. Martha quiere que le enseñe a jugar al póquer.

Rachel soltó una risita.

—No hagas apuestas.

Leah se sonrojó.

—He aprendido a no apostar… a menos que sea con Lucas. Esas apuestas me gusta perderlas.

—¡Ay, Dios! ¡Eso es demasiada información!

Leah se rio.

—Tú sacaste el tema, no yo.

—Sí, bueno, buenas noches. Ahora tendré que ver cómo duermo con esa imagen mental dándome vueltas en la cabeza.

Leah sonrió con picardía.

—Sueña con algún grandullón cascarrabias que te haga perder el sentido.

Rachel puso los ojos en blanco y gruñó.

—Lo que tú digas, Leah.

—Buenas noches, Rach. Te quiero.

—Yo también te quiero, chica —respondió Rachel—. Te llamaré cuando pueda.

Rachel cerró el ordenador y lo guardó. Se levantó y examinó la habitación.

Tras casi dos semanas de explorar las tiendas locales y los pueblos cercanos, tenía varias bolsas apiladas en la esquina.

Había sido buena idea tomarse un tiempo para familiarizarse con la región.

Se había dicho a sí misma que le ayudaría a promocionar el rancho turístico si conocía mejor la zona.

Pero en realidad, estaba deseando empezar, y más aún salir de Chicago.

Se metió en la cama y se quedó mirando el techo un momento mientras pensaba en su nueva vida en Texas. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios mientras el sueño se apoderaba de su último pensamiento.

Mañana es mi día.