Atardecer a tu lado Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

—No hay mejor lugar en el mundo que a tu lado.

—Él tendió su mano y acarició su mejilla—.

Quiero todos tus días, con tus virtudes y tus defectos.

Quiero cada momento, los de dolor y los de felicidad.

Quiero llenar cada espacio con tu presencia.

—Sus manos abarcaron las suyas—. Realmente no sé qué decir para que te des cuenta de lo importante que es para mí la oportunidad que me estas brindando.

El mozo se acercó a la mesa con paso ágil, sosteniendo los dos platos humeantes que sabotearon la conversación. Con un ademán ensayado y profesional, el hombre hizo su trabajo.

—Buen provecho —anunció, inclinándose para colocar los platos.

El aroma denso y reconfortante de los tallarines a la boloñesa se apoderó de inmediato del espacio de Jeremy. Tenía hambre. La salsa roja y brillante cubría una generosa y contundente porción de carne de ternera junto a la ya picada, justo como a él le gustaba.

Frente a Sienna, el mozo depositó con delicadeza el plato de seafood ravioli . El vapor sutil que desprendía la pasta rellena de mariscos trajo consigo un aire sofisticado y fresco, decorado con un toque de salsa ligera que contrastaba con la robustez del plato de su compañero.

Los olores se habían enlazado creando un único e intenso aroma que evocaba la unión de ambos.

Al igual que sus platos, ellos eran muy diferentes, pero se complementaban con la certeza de que habían sido moldeados para estar juntos.

La vida se había encargado de entrelazar sus caminos; y aunque se resistieron durante años, el hilo invisible que los unía terminó por tensarse del todo.

Se pertenecían; estaban en el lugar correcto: cada uno en la vida del otro.

—Está delicioso. —Verla comer era toda una ceremonia.

—No te diré lo que estoy pensando —dijo él haciendo una mueca pícara.

—Ya te dije, Moore, que deberás demostrarme con acciones cada palabra que ha salido de tu boca. —Cogió la copa de vino sin apartar su mirada de la suya y bebió—. Y has dicho mucho.

—No me iré de tu lado, Sienna. Sabes lo que eso significa, ¿no?

—Que te quedarás conmigo —se disculpó por hablar con la boca llena.

—A partir de ayer.

—¿No volverás al rancho? —Él negó con la cabeza.

—De regreso pasaremos a buscar ropa.

—¿Y el trabajo?

—Me he tomado vacaciones.

—Pero...

—Pero ¡qué! ¡Soy el jefe! ¡Que sirva de algo!, ¿no? James se encargará de todo.

—Ya has hablado con él, ¿verdad? —Jeremy asintió.

—Solo le he dicho que esta semana iba a estar algo ausente. Sin embargo, tendré que sentarme a hablar con él largo y tendido, porque no pienso seguir haciéndome cargo del rancho.

—¿Qué? ¡Estás loco! ¿De qué vivirás?

—He comprado propiedades a lo largo de mi vida, las cuales me generan cierta renta que he estado ahorrando. Ya te he dicho que no me agrada el rancho, por lo que este es el momento indicado de soltar. Solo tú ocuparás mis días.

—¿Y tu madre?

—Ella hizo su vida y de cierto modo planificó la mía. Deberá vivir con lo que cosechó.

—¿Y tus hijos? ¿Qué va a hacer Helena?

—Helena va a casarse con su abogado. Está muy enamorada.

Y tendrán hijos o no, no sé. Mi vida es mía y pienso vivirla junto a ti.

¿Hay algún problema con que seas el eje de mi existencia?

Te he dicho que quiero todo contigo, Sienna, y lo he dicho muy en serio.

Sin embargo, no invadiré tu espacio. Respetaré tus decisiones.

Si deseas que viva contigo, lo haré. De lo contrario, viviré cerca de ti.

No voy a dejarte sola. Y no te propongo matrimonio porque ya me has dicho que voy muy rápido.

—No puedes casarte. Ya lo estás.

—Soy viudo. —Sienna se mordió el labio inferior—. Soy viudo. Para el estado de Texas, toda América y el mundo, soy viudo.

—Tus hijos merecen la verdad.

—Tal vez. Pero que sean ellos los que la encuentren.

Es un hecho fehaciente que su madre no los quiere.

¿Qué prefiero? ¿Que sigan sus vidas creyendo que su madre los amaba y murió?

¿He de decirles que está viva, que no los quiere y que los abandonó?

—Se sostuvieron la mirada—. Elijo la primera opción.

Y si la vida se encarga de demostrarle que esa mujer les falló, pues asumiré mi parte de culpa en el momento preciso.

Ahora elijo ser feliz porque me lo merezco, y tú eres mi felicidad.

Y sí, quiero que te cases conmigo cuando estés preparada. Sería un honor para mí.

—Creo que estoy lista para ir a comprar los regalos de Navidad.

—Creo que lo dejaremos para la semana próxima. —Ella enarcó una de sus cejas—. Nos hemos olvidado de que no puedes caminar.

—Es verdad. —Sonrió como si fuera una niña—. Podríamos tomarnos unos helados.

—No hay un mejor plan a las puertas del invierno.

Disfrutaron de la tarde compartida, saboreando un tiempo que parecía pertenecerles solo a ellos.

Cada segundo fortalecía esa complicidad y la profunda conexión que los unía.

Y a pesar de que Sienna jamás podría cerrar su herida, la compañía de Jeremy la mitigaba.

Había olvidado cómo era el amor, y redescubrirlo ahora, y con él, era increíble.

No se atrevería a juzgarse, solo se permitiría ser feliz.