Atardecer a tu lado Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—Hay algunos que son eternos.

—No. No son eternos, pero pueden perdurar lo que dura la vida. Luego la cosa cambia.

—¿Cómo puedes estar seguro? —Era la primera vez que hablaba con él sobre eso.

—Porque prefiero creer que el alma no muere a creer que somos simples seres mortales que nos extinguimos con el cuerpo. —Jeremy le acarició la mejilla con ternura—. Es sencillo, o crees o no. Depende de uno. ¿Y sabes qué? —Ella negó con la cabeza—. Tenemos la libertad de elegir lo que queramos.

—Eliges creer —susurró ella y él asintió—. Yo también.

—Ayer venía a declararte mi amor. Y te encontré arrellanada el sillón, llorando.

Y entendí que no te amo como creía. —Sienna estaba acostumbrada a ser rechazada, pero no estaba segura si quería sentir el rechazo de Jeremy—.

Te amo más allá de todo y de todos. Con tus días increíbles y tus días horribles.

Te amo porque eres exactamente como eres.

Y puedo afirmar, sin equivocarme, que eres maravillosa.

Eres la primera mujer en mi vida a la que he amado por encima de todo.

Y me arrepiento de haberte ignorado tanto tiempo.

No voy a excusarme, porque mi estupidez no tiene justificación alguna, pero sí te diré que desde que te fuiste mi vida cambió.

Sienna entrecerró sus ojos. Esperaba que le arrojara a la cara el haberse ido dejándolo con todo el trabajo, y en parte tendría razón, porque ella se había marchado de la noche a la mañana.

—No me debes ninguna explicación. Tu vida es tuya. Haces y deshaces como te plazca.

—Es verdad. Sin embargo, el día que decidiste irte no dejaste un trabajo, me dejaste a mí.

Primero me sorprendí, jamás imaginé que podrías marcharte.

Luego entré en pánico, porque me di cuenta de que nunca más escucharía tu voz todas las mañanas.

—Sonrió con pesar—. Con el paso de los días, no verte fue una auténtica tortura.

Y me di cuenta de que no quiero vivir sin ti.

De que eres el engranaje vital que da curso a mi existencia.

Y todas, absolutamente todas las cosas que tú llevabas en el trabajo las puedo hacer yo, con esfuerzo y más tiempo, pero las puedo realizar.

Sin embargo, eres tú a la que no quiero reemplazar. No puedo. Y no quiero.

—¿Te parece si desayunamos?

Fue todo lo que dijo Sienna.

—Me has privado de tu café por cuatro meses y ocho días. —Ella sonrió.

—Tendrás que ayudarme a bajar.

Sienna acarició a Jeremy como si fuera un sueño que se esfumaría de un momento a otro.

Con sus dedos rozó sus labios. Con ambas manos contuvo su rostro y se acercó con sigilo para depositar un suave beso sobre ellos.

Sus manos se apartaron de él y todo su cuerpo, como por inercia, se alejó.

Sus ojos violetas se cristalizaron y en nada se convirtieron en estanques al borde de derramarse.

—Tengo miedo. —Las lágrimas se vertieron—.

Nunca he tenido nada. He pasado los años intentando completarme sin poder lograrlo.

Estoy rota. No soy una persona estable. Paso de la risa al llanto sin inmutarme.

En el trabajo puedo contenerme, pero fuera de la rutina laboral soy un volcán en erupción. Y jamás dejaré de serlo.

—No me importa. Te quiero así, rota. Y cada vez que te rompas, estaré para abrazarte.

Para que derrames tus lágrimas en mí. No te dejaré atravesar sola ese sufrimiento que llevas.

Simplemente soy feliz contigo. No te pido que te tires de cabeza a una relación, porque puede que te asustes, como ya lo estás.

Solo te pido una oportunidad. Si sientes lo mismo que yo, déjame estar a tu lado.

Y en el día a día nos iremos queriendo, nos iremos consolando y fortaleciendo.

De a dos siempre es mejor. Solo quiero abrazarte al final de la jornada y que te sientas segura entre mis brazos.

Quiero compartir mi vida contigo. Quiero atardecer a tu lado.

Sienna lo abrazó.

Por primera vez en su vida se sintió amada.

Sintió como cada una de sus palabras la envolvían.

Sintió la fuerza de su amor porque sabía que ese hombre era sincero. Lo conocía muy bien, distinguía la rectitud de sus intenciones y que jamás hablaba en balde.

—Acepto.

—¿Quieres casarte conmigo? —Sienna lo miró enarcando una de sus cejas—. Vale, es demasiado, ¿no?

—Sí, Jeremy, es demasiado. Una cosa a la vez o saldré corriendo.

—Y te seguiré. Estoy viejo pero en estado, gracias a Dios —susurró.

—¡Por Dios! No eres viejo. Eres perfecto.

—Eres la primera persona en el mundo que me ha dicho que soy perfecto. Claramente no lo soy. Soy un desastre, pero si a tus ojos soy perfecto, es un buen comienzo.

—Tienes razón. Eres un desastre. Un perfecto desastre.

—Te amo, preciosa.

—Tendrás que demostrarlo. Las palabras se sustentan con las obras.

—Gracias. —Él acarició su mejilla.

—¿Por qué? —Una mueca de confusión alteró su rostro.

—Por darme una oportunidad. —El estómago de Sienna rugió—. Y el primer paso será hacerte el desayuno, porque por el quejido de tu barriga, lo más probable es que me desayunes a mí. —Jeremy se puso en pie y la tomó en sus brazos—. Te dejaré en el baño y traeré la andadera.

—No es necesario. Puedo apoyar un poco el pie. Déjala abajo.

—Me avisas cuando estés lista y te busco. No bajes sola las escaleras. Es peligroso porque todo el peso de...

—Lo sé. Te llamaré.

Ella cerró la puerta del baño.

Él bajó las escaleras.