Atada al destino Capítulo 51 Dos caras de la moneda
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Capítulo 51 Dos caras de la moneda

(Perspectiva de Alexia)

El día de hoy comienzo un nuevo capítulo, un lienzo en blanco completamente limpio de las manchas de mi pasado. No tengo un padre biológico que camine a mi lado ni que me entregue formalmente en el altar, pero tengo a George.

Caminamos del brazo hacia el pabellón principal de la capilla.

Le tenía un miedo terrible al comienzo de nuestra historia en aquel almacén portuario debido a lo intimidante de su imponente contextura y por su misteriosa profesión en las sombras.

En cambio, al mencionar la palabra mafia, la gente común suele pensar de inmediato en asesinos despiadados y monstruos sin escrúpulos.

George ha matado, sí, pero lo ha hecho para defender lo que le corresponde por derecho y para proteger con uñas y dientes a los suyos de las amenazas del exterior.

Siempre hay que aprender a ver las dos caras de la misma moneda.

Él es mi verdadero hermano, el hombre que me cuidó sigilosamente desde la distancia en las calles de Lincoln y que hoy camina con absoluto orgullo a mi lado vistiendo su mejor traje de sastre.

Justo antes de que las imponentes puertas de la capilla se abrieran de par en par, entró al salón de preparación mi única y gran amiga de la universidad: Maia.

Ella estudió la carrera de Arquitectura Paisajista conmigo, pero como yo adelanté mis materias académicas y me gradué antes de tiempo, le propuse de inmediato que fuera mi pasante oficial en la oficina corporativa de Alistair.

Desde ese instante nos hemos vuelto mejores amigas, uña y mugre en todos los aspectos de la vida.

El único detalle complejo de la situación es que Maia y George mantienen una tormentosa, caótica y sumamente divertida relación de amor y odio desde el mismísimo día en que chocaron de frente en la sala de juntas de Manhattan.

Ella está perdidamente enamorada de su imponente físico y de su personalidad, pero le tiene un pavor profundo a su profesión criminal y a los constantes peligros de su entorno en las sombras.

Siempre que se desahoga conmigo en los almuerzos de la oficina, le repito el mismo consejo sincero:

—Pruébalo de una vez, Maia. Date una oportunidad e inténtalo con él. Si ves que el ritmo de su vida te supera o que el peligro es demasiado para tus nervios, te regresas a tu departamento y listo. Pero no puedes opinar de una realidad si no te atreves a vivirla desde adentro.

La música nupcial comenzó a resonar con fuerza en los altares de Lincoln, sacándome de mis pensamientos.

Las puertas se abrieron por fin y caminé con paso firme y seguro hacia el altar, clavando de inmediato mi mirada en esos ojos grises que me enamoraron locamente desde el día uno en el despacho de falsificación.

Durante todo el trayecto por la alfombra, no presté la menor atención a los invitados de la alta sociedad, ni a las hermosas decoraciones florales, ni a las luces de la iglesia.

El mundo exterior se desvaneció por completo.

Solo lo veía a él, imponente, impecable en su traje de gala y mirándome con esa mezcla de devoción infinita y posesividad limpia que me daba la vida entera.

Al terminar la hermosa ceremonia religiosa y ser declarados formalmente marido y mujer ante las leyes del país, nos trasladamos al gran salón de la recepción.

Frente a todos nuestros socios comerciales, amigos de la universidad y colaboradores de la empresa, Alistair me tomó firmemente por la cintura con sus brazos de acero y nos dimos nuestro primer beso oficial como esposos.

Un contacto profundo, posesivo y adictivo que sellaba nuestra victoria absoluta sobre el pasado.

—Ahora sí que no se me escapa por nada del mundo, señora Blake —me susurró directo al oído con su característica voz ronca, rozando mis labios con una picardía que me encendió la piel.

—And usted tampoco se me escapa a mí por nada, señor Blake —le respondí con una sonrisa seductora, rodeando su cuello con mis manos mientras le mostraba con orgullo la nueva alianza de matrimonio que brillaba en mi dedo anular.

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