Capítulo 43 El pliego de condiciones
(Perspectiva de Alexia)
—Está bien —le dije, esbozando una pequeña sonrisa y jugando tímidamente con el cuello de su suéter gris—. Acepto ser la señora Blake... pero con condiciones muy estrictas.
Alistair entreabrió los labios, amagando con protestar o soltar una de sus típicas respuestas cargadas de arrogancia corporativa, pero no le di la oportunidad de interrumpirme.
Me incliné hacia adelante y le di un beso corto pero firme, sellando su boca por un segundo para obligarlo a escucharme.
Al separarme, lo miré fijamente a esos intensos ojos que me quitaban el aliento, dejando salir toda la seriedad que mi nueva madurez me otorgaba.
—Escucha primero —le advertí, manteniendo mis dedos firmes sobre su pecho—.
Número uno: quiero estudiar. Bajo ninguna circunstancia voy a dejar la Universidad de Lincoln.
Número dos: no seré una esposa trofeo. Quiero mis propios proyectos, quiero diseñar landscapes, trabajar en mis planos y valerme por mí misma.
Y número tres... podemos casarnos oficialmente cuando termine mi carrera.
Hice una pequeña pausa, sintiendo un ligero nudo de inseguridad en la garganta al ver su rostro inexpresivo, pero decidí continuar. Tenía que ser completamente honesta sobre los fantasmas del pasado que aún me rondaban la mente.
—De esa manera, Alistair, si en estos años universitarios tú encuentras a otra persona más madura, más afín a tu mundo corporativo y de tu mismo estatus legal o financiero, aún no habrá ataduras legales entre nosotros.
Podrás estar libre y sin compromisos de mi parte.
Soy diez años menor que tú. En el transcurso de una carrera entera pueden pasar muchas cosas en la vida de ambos, y yo...
yo no quiero ser prisionera en una casa otra vez.
Quiero trabajar y ser independiente de verdad.
Le hablé con el corazón en la mano, desnudando cada uno de los miedos profundos que había arrastrado desde la mansión de mis padres.
Temía que la protección de Alistair, por muy dulce y cálida que fuera ahora en el penthouse, terminara convirtiéndose con los años en otra jaula de cristal con un apellido diferente.
Necesitaba la certeza absoluta de que mi libertad personal no era negociable para nadie.
* * *