Capítulo 42 El nuevo apellido
(Perspectiva de Alexia)
Escuchar la confesión de Alistair me dejó completamente paralizada en su regazo.
El rompecabezas de mi vida acababa de encajar de una forma tan brutal y cinematográfica que me costaba respirar.
Él no me había rescatado por casualidad en el despacho de George.
Él era el inversionista de Nueva York. Él era el hombre con el que mi padre me había comprometido a la fuerza.
Para mi sorpresa, en lugar de tomarme como un trofeo de caza o un objeto de intercambio, Alistair había destruido un imperio entero para asegurar mi libertad.
Me limpié las lágrimas con las mangas de su suéter gris, mirándolo a esos ojos que ahora me parecían el refugio más seguro del universo.
—No. No quiero mi verdadero nombre —le respondí con voz temblorosa pero firme, tomando una decisión definitiva—.
No quiero volver a ser Alina Ferrer. Ese nombre está manchado de dolor, de sótano, de abusos y de comparaciones hirientes.
Yo quiero sacar la documentación verdadera ante el gobierno neozelandés, pero quiero llamarme Alexia. Alina ya murió en ese aeropuerto.
Alistair asintió lentamente, acariciándome la cintura con un respeto infinito, aceptando mi elección sin juzgarme.
—Me parece perfecto, nena —murmuró con esa calidez ronca—. ¿And el apellido? ¿Qué apellido quieres llevar en tu nueva vida?
Me quedé pensando por unos segundos, mirando nuestras manos entrelazadas. El apellido Ferrer estaba muerto para mí.
—El apellido... no lo sé aún —confesé, fruciendo el ceño con una pequeña duda—. No sé si ocupar el de mi madre, o el apellido de mi abuela que usé para abrir la cuenta bancaria secreta.
Alistair se inclinó un poco hacia adelante y una sonrisa sumamente pícara, seductora y cargada de una posesividad limpia se dibujó en sus labios perfectos. Sus ojos brillaron con una intensidad desbordante.
—¿And si ocupas el apellido de este "viejo"? —me provocó con un tono arrastrado y burlón, guiñándome un ojo—. Pues... así fue como me llamaste el día que nos conocimos en el despacho, ¿no?
El rubor me subió a las mejillas en una fracción de segundo. Recordar cómo le había dicho "viejo de esa edad" en el despacho de George, sin saber que tenía enfrente a un espécimen de veintiocho años perfectamente esculpido, me dio una mezcla de vergüenza y risa descontrolada.
—Un insufrible que te borró el pasado y te dio un futuro, cariño —replicó él, atrapando mi mano al vuelo y llevándosela a los labios para darle un beso tierno pero firme—. Piénsalo. Alexia Blake. Suena jodidamente hermoso, y combina perfectamente con el suéter que llevas puesto.
Me quedé mirándolo, sintiendo que el pecho se me llenaba de una felicidad desbordante que nunca antes había conocido.
La sombra de mi gemela y la codicia de mis padres se habían disuelto en el pasado.
Ahora estaba aquí, en el fin del mundo, protegida por las alas de un lobo que me amaba con cada fibra de su ser.
* * *