Atada al destino Capítulo 41 El velo de la verdad
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Capítulo 41 El velo de la verdad

(Perspectiva de Alistair Blake)

Comimos juntos en la barra en medio de un torbellino de risas, caricias y besos robados que me devolvieron la vida por completo tras los días de asfixia en Manhattan.

Verla disfrutar del pastel de carne que ella misma había cocinado, con las mejillas encendidas y esa timidez que se iba desmoronando a pedazos ante mis roces, me confirmó que quemar el mundo por ella había sido la mejor decisión de mi existencia.

Pero la tregua de paz tenía que dar paso a la realidad.

Hoy ella tenía que saber la verdad. No podía seguir construyendo un hogar sobre secretos.

Después de limpiar la mesa, la tomé de la mano y la senté en mi regazo en el sofá del living.

Alexia se tensó un microsegundo por la sorpresa, pero de inmediato se relajó contra mi pecho, envolviéndose en mi suéter gris.

Le acomodé un mechón de cabello detrás de la oreja y fijé mis ojos en los suyos.

El suspenso en el penthouse se volvió denso.

—Cariño, tenemos que hablar seriamente —comencé, con mi voz más profunda—. Tienes que saber exactamente qué pasó en Nueva York.

Sin omitir un solo detalle, comencé a relatarle todo lo sucedido desde el comienzo de nuestra historia.

Le confesé cómo su padre, Borgia Ferrer, había llegado a mi empresa meses atrás para vendérmela bajo la fachada de un contrato de marketing, ofreciéndome a su propia hija como si fuera mercancía de cambio.

Le hablé de la furia que sentí en ese instante, de la investigación que inicié sobre ella y de cómo George y yo descubrimos las atrocidades que realizaban.

Alexia me miraba con los ojos abiertos de par en par, conteniendo la respiración mientras las lágrimas se le acumulaban en las pestañas.

Le conté sobre el hackeo masivo a los servidores de su padre, sobre las pruebas de lavado de activos y trata de personas que George rescató del sótano, y cómo el FBI había reventado la oficina y la mansión de forma simultánea.

—Están todos arrestados, Alexia —le aseguré, apretándola contra mi cuerpo para que sintiera los latidos de mi corazón—.

Tu padre, tu madre, Adeline y su prometido.

Están esperando una sentencia que los dejará de por vida en una prisión federal.

Confiscaron absolutamente todos sus bienes materiales. Su imperio de cristal se derrumbó hoy.

Ella soltó un sollozo ahogado, tapándose la boca, asimilando finalmente el fin definitivo de su pesadilla.

—Eres libre de verdad, mi pequeña gatita —le susurré al oído, besándole la mejilla húmeda—.

Nadie va a volver a ponerte una mano encima.

Tu antigua vida se terminó. De hecho, si tú quieres cambiar los registros de la universidad, deshacerte del pasaporte falso y usar tu verdadero nombre, lo puedes hacer a partir de mañana.

Tienes el poder absoluto sobre tu identidad.

* * *