Atada al destino Capítulo 29 El peso de una firma
55%

Capítulo 29 El peso de una firma

(Perspectiva de Alexia)

Horas después de que el eco de la puerta principal me indicara la partida de Alistair, los primeros rayos del sol neozelandés comenzaron a filtrarse por el ventanal del dormitorio.

Me levanté de la inmensa cama sintiendo una mezcla de nervios y emoción que me electrizaba los músculos.

Tras darme un baño rápido, me preparé con cuidado para asistir a mi primer día oficial en la Universidad de Lincoln.

Guardé mis libretas de bocetos en la mochila junto al bendito papel doblado en tres partes y salí hacia el campus.

Al llegar, el bullicio de los estudiantes internacionales y la imponente arquitectura de los pabellones me dieron la bienvenida.

Respiré hondo y caminé directo al edificio de administración; lo primero que tenía que hacer antes de que diera el mediodía era entregar la documentación obligatoria para activar mi matrícula.

Entré a la oficina de registro y me acerqué al mostrador.

La secretaria, una mujer de mediana edad, me recibió con una sonrisa de rutina mientras tomaba el papel que le extendía.

Sin embargo, en cuanto sus ojos escanearon las líneas del formulario y se detuvieron en el recuadro del tutor legal, su sonrisa se congeló por completo.

Levantó la cabeza de golpe, mirándome con los ojos abiertos de par en par, llena de una sorpresa mal disimulada.

—¿Señorita Alexia?... ¿Usted conoce personalmente al señor Alistair Blake? —preguntó, y su tono de voz bajó como si estuviera mencionando a una deidad intocable del país.

—Claro —respondí de inmediato, forzando una sonrisa natural para camuflar el vuelco completo que me había dado el estómago ante su reacción—. Es una persona muy cercana a mí.

La secretaria abrió la boca para replicar y exigir más comprobaciones, pero no alcanzó a articular palabra.

En ese preciso momento, la puerta de la oficina privada se abrió de golpe y apareció el mismísimo rector de la universidad.

Con un movimiento rápido, casi ansioso, le arrebató el formulario de las manos a la mujer y clavó sus ojos en el documento, confirmando la firma que ya esperaba encontrar.

Luego, se giró hacia mí con una deferencia y una amabilidad exageradas que jamás habría esperado de una alta autoridad académica.

—Está muy bien, señorita Alexia —me dijo el rector, asintiendo con un respeto absoluto—.

El señor Blake ya se comunicó con nosotros vía telefónica esta mañana desde su vuelo privado, asegurando que todo está en perfecto orden con el documento de responsabilidad legal.

Su matrícula internacional está completamente activa a partir de este instante.

Me quedé estática en mi asiento, procesando en silencio el nivel de alcance e influencia que ese hombre tenía al otro lado del mundo. El rector guardó el formulario en una carpeta de alta seguridad y me dedicó una última sonrisa profesional.

—Usted avíseme de inmediato si requiere alguna asistencia con sus asignaturas, o comuníquese con mi secretaria personal si algo está en nuestras manos. La ayudaremos en todo lo que necesite durante su estancia en nuestra universidad.

—Muchas gracias, rector —logré decir, totalmente descolocada por el trato preferencial.

Salí del edificio de administración a paso rápido, sintiendo que el aire regresaba por fin a mis pulmones.

Apenas crucé el umbral de piedra y pisé el sendero arbolado del campus, el teléfono celular que Alistair me había dejado configurado comenzó a vibrar con insistencia en mi bolsillo.

Miré la pantalla táctil y una sonrisa involuntaria apareció en mis labios al ver su número privado.

Deslicé el dedo para responder con un entusiasmo que me fue imposible ocultar.

—¡Hola! ¿Ya llegaste? —le pregunté de golpe, con la voz un poco agitada por la caminata.

Al otro lado de la línea, se escuchó un breve silencio seguido de ese tono arrastrado, profundo y varonil que me ponía los pelos de punta.

—Si me vas a responder siempre el teléfono con esa energía, cariño, te aseguro que te voy a llamar mucho más seguido —me provocó, y supe perfectamente que estaba sonriendo con suficiencia en su coche.

* * *