Atada al destino Capítulo 27 La fecha en el espejo
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Capítulo 27 La fecha en el espejo

A pesar de que sabía que un hombre con el poder de Alistair se movía en un tablero lleno de secretos, y aunque el miedo me había acompañado durante años como una sombra constante en mi antigua casa, me sorprendió descubrir que el terror absoluto se había disipado.

"¿Soy tonta si me siento segura con él?"

, me pregunté en silencio mientras contemplaba las líneas minimalistas y perfectas de la sala.

No, no era tontería; era simplemente la primera vez en toda mi vida que mi instinto no me gritaba que huyera de una habitación cerrada.

Alistair apareció de nuevo en el pasillo, rompiendo el silencio. Traía consigo una de sus camisas de vestir de seda blanca impecable, perfectamente doblada, junto con ropa limpia. Se me acercó a paso lento, con esa prestancia natural que lo caracterizaba, y me la extendió con respeto.

—Toma, date un baño tibio —me dijo con su voz grave, manteniendo una distancia prudente que agradecí en el alma—. Eso te ayudará a relajar los músculos. Los nervios te están consumiendo, Alexia.

Lo seguí en silencio por el corredor hacia una habitación espaciosa situada al fondo.

Al cruzar el umbral, el aroma amaderado, a cuero fino y a su loción personal se intensificó de golpe.

Era evidente que este era su dormitorio principal.

La cama era inmensa, vestida con sábanas de lino oscuro e imponentes.

—Aquí vas a descansar tú —me indicó, señalando el colchón con la mirada.

—¿Y tú dónde vas a dormir? —le pregunté de inmediato, sintiendo un vuelco de timidez ante la idea de quedarnos solos en un espacio tan íntimo.

Él se giró hacia mí, arqueando una ceja con una lentitud exasperante. Una expresión de pura picardía se instaló en sus facciones afiladas, acompañada de esa sonrisa pecaminosa que encendía una electricidad inevitable en mi pecho.

—Aquí, contigo —respondió con total naturalidad—. Es la única habitación disponible en todo el penthouse.

El pulso se me disparó en un segundo. Dormir a su lado, tenerlo a escasos centímetros en la oscuridad de la noche, poder respirar su perfume directamente de la fuente.

¿Y si el magnetismo nos vencía? Una oleada de pensamientos prohibidos y audaces inundó mi mente en cuestión de microsegundos.

Estaba al borde de un colapso nervioso cuando Alistair, al ver mi rostro completamente desencajado, soltó una risa limpia, ronca y tan genuina que me desarmó por completo.

—Deberías ver la expresión de tu rostro mientras descifras todo eso en tu cabeza —me bromeó, negando con la cabeza con suficiencia—. Tranquila, nena. Dormiré en el sofá de la sala de estar. Mañana salgo muy temprano hacia el aeropuerto y no quiero interrumpir tu sueño.

Apreté la tela de la camisa contra mi pecho, di un paso firme hacia él y lo miré fijamente a esos intensos ojos grises que me quitaban el aliento.

—No vas a hacer nada ilegal en ese viaje, ¿verdad? —le cuestioné en un susurro, recordando el entorno clandestino donde lo conocí.

Él me miró con una ternura infinita, una calidez real y madura que jamás nadie me había brindado en mi antigua vida.

—No, cariño, no te preocupes por eso —explicó, reduciendo la distancia mínima entre los dos—.

Todos mis negocios y mis empresas están registradas bajo la más estricta legalidad internacional.

Lo que pasó el día que nos conocimos en el puerto...

bueno, solo estaba acompañando a un socio que es el que verdaderamente opera en esos sectores oscuros.

Alistair extendió su mano grande y, con una suavidad asombrosa para el tamaño de su contextura, me acunó la mejilla con su palma cálida. Su tacto me causó un escalofrío que me recorrió toda la columna.

—Los conozco bien, Alexia —continuó, con una calma sepulcral—.

Porque, aunque ellos operen al margen de la ley, gracias a la lealtad de esos hombres yo sigo vivo el día de hoy.

Así que quédate tranquila, no haré nada malo en este viaje.

Tengo varias reuniones corporativas importantes en el extranjero.

Si todo marcha según el plan, regresaré la próxima semana.

Apartó la mano lentamente, pero su mirada ploma se mantuvo fija en la mía, asegurándose de que memorizara cada una de sus instrucciones de seguridad.

—Ya ingresé toda tu información en el sistema biométrico del edificio —me informó de manera ejecutiva—.

Tu huella dactilar está debidamente registrada para abrir la puerta principal y para activar el ascensor privado.

Cambié el código de acceso digital por la fecha exacta en la que nos conocimos en aquel despacho.

También te dejé un juego de llaves físicas en la consola de la entrada, por si acaso.

Así que ahora, cariño... ve a bañarte y descansa. Todo va a estar bien, ¿de acuerdo?

Antes de que pudiera asimilar el peso de sus palabras, Alistair se inclinó levemente y me dio un beso tierno en la frente.

Sus labios se sintieron firmes y protectores contra mi piel.

Fue un contacto breve, pero me dejó el corazón latiendo a mil por hora.

Si un simple beso en la frente me causaba semejante torbellino en el estómago, me pregunté con pánico cómo sería besarlo de verdad en los labios.

Me giré rápidamente hacia el cuarto de baño, cerrando la puerta detrás de mí mientras soltaba el aire que contenía.

Definitivamente, el baño de esta noche tendría que ser con agua helada.

* * *