Capítulo 21 La trampa perfecta
Alistair volvió a inclinarse hacia la guantera de su auto para buscar algo más.
Al acortar la distancia, su cuerpo quedó a escasos centímetros del mío, atrapándome una vez más en su espacio personal.
El olor de su perfume se intensificó de una manera tan brutal que me inundó las fosas nasales, moliendo mis defensas y deteniéndome el corazón por completo.
—¡Ay! ¿Pero qué haces? Tengo que... —no alcancé a terminar la oración.
Él giró la cara hacia mí a mitad del movimiento, quedando tan cerca que nuestras respiraciones se mezclaron en el aire espeso del habitáculo. Me regaló esa sonrisa seductora que me volvía loca y susurró:
—¿Ahora se siente mejor el perfume, cariño?
—Bastardo... —masullé entre dientes, apartando la cabeza hacia atrás mientras sentía que el aire me faltaba de verdad. Era un manipulador experto, consciente de cada una de sus armas.
Alistair regresó a su posición original, trayendo consigo un nuevo fajo de papeles impresos junto con una tarjeta de presentación elegante, de bordes oscuros y texturizados.
—Aquí tienes mis datos personales más mi número telefónico privado —explicó, extendiendo los documentos hacia mí—. Y esto de aquí... es un contrato de trabajo formal en mi corporación.
Lo miré con desconfianza, tomando los papeles entre mis manos con cautela.
—Léelo con calma esta noche —continuó con un tono ejecutivo y seguro—.
Si estás conforme con las condiciones y el sueldo, me llamas, me avisas y coordinamos los horarios de una vez.
La ventaja es que solo trabajarás de forma presencial cuando yo esté en el país.
Cuando no lo esté, te presentarás solo algunos días en la oficina local para enviarme la información y los reportes de diseño que necesito por correo electrónico.
De esa forma, tienes tiempo de sobra para estudiar en la universidad...
y de paso, me aseguro de que no intentes escapar de mí cuando yo venga.
Miré la tarjeta de presentación en mi mano.
El logo de la corporación de Alistair Blake brillaba con letras plateadas sobre el fondo mate.
Tenía ante mí la solución perfecta para no tocar mis ahorros de emergencia, una coartada legal para justificar mis ingresos en Nueva Zelanda y al tutor más poderoso que podría haber imaginado.
Pero el precio a pagar era alto: quedar amarrada a la órbita de un hombre que me hacía temblar con una sola mirada.
Alistair encendió el motor del auto nuevamente, rompiendo el hechizo que nos rodeaba.
—Te dejo a una cuadra de tu casa para no levantar sospechas con tu casero —diqueta, guiñándome el ojo con suficiencia—. Mañana entregas el papel del tutor a primera hora. Y espero tu llamada para el trabajo, Alexia. No me hagas esperar demasiado.
* * *