Atada al destino Capítulo 17 La sombra en el campus
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Capítulo 17 La sombra en el campus

A las cuatro de la tarde, después de que concluyeran mis primeras clases introductorias de diseño paisajístico, salí de los pabellones principales de la universidad.

El sol de Lincoln comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el campus de unos tonos dorados y pacíficos que invitaban a la calma.

Me colgué la mochila al hombro y caminé a paso rápido por el sendero arbolado, repasando mentalmente las palabras exactas que usaría para convencer a mi casero de que firmara el bendito formulario de emergencia.

Estaba cruzando el tramo que conectaba las instalaciones académicas con la avenida principal cuando un auto negro de alta gama y vidrios polarizados redujo la velocidad, deteniéndose lentamente junto a la acera, justo a mi lado.

La ventanilla del copiloto se deslizó hacia abajo de manera impecable, sin emitir un solo ruido.

Sentado al volante, vistiendo una impecable camisa de sastre gris que remarcaba sus hombros anchos y con unas gafas oscuras que se retiró con un movimiento pausado, estaba él.

El hombre del despacho portuario. Su mirada de tormenta se clavó en mí con esa intensidad desarmante que me obligaba, por puro instinto, a ponerme a la defensiva.

—¿Qué tal tu primer día oficial como arquitecta, Alexia? —preguntó con su característica voz grave, apoyando un brazo con total naturalidad en el marco de la ventana—. Te ves un poco estresada para haber tenido únicamente clases introductorias. Sube, te llevo a tu casa.

Me detuve en seco en medio del sendero. Miré nerviosa hacia ambos lados para asegurarme de que ningún compañero o profesor me estuviera observando. El corazón me dio un vuelco violento.

—¿Me estás siguiendo? —le espeté, cruzándome de brazos con fuerza—. Te dejé muy claro en la cafetería que tenía clases y que no iba a tener tiempo disponible para tus juegos.

—Te dije que viajo de forma constante por los negocios de mi empresa y este campus me queda de paso hacia mi oficina local —respondió él, mostrando una media sonrisa sumamente coqueta y segura—.

Además, un pajarito me contó que la oficina de registro internacional se pone bastante estricta con los requisitos para los estudiantes extranjeros el primer día.

Sube al auto. Hablemos de comida... y de tutores legales.

Me quedé helada en mi sitio, con los ojos bien abiertos. ¿Cómo carajos sabía lo del tutor? ¿Acaso tenía ojos y oídos en cada rincón de esta ciudad?