Capítulo 15 Una tregua peligrosa
Él asintió lentamente, asimilando mis exigencias con una sonrisa de suficiencia que denotaba que había ganado exactamente lo que quería desde el principio del juego.
—Me conformo con el tiempo que decidas darme, Alexia —respondió, enfatizando mi nuevo nombre con un deleite pausado—. El trabajo y el estudio son prioridades que respeto profundamente. Pero cuando esté aquí en la ciudad, vendré por ti. No te vas a librar tan fácil de mí.
—Aún no me has dicho tu verdadero nombre —le recordé, cruzándome de brazos otra vez, esta vez con cuidado para no repetir mi error anterior—. Si vamos a "compartir comidas", qué menos que dejes de ser un fantasma del bajo mundo.
Él se acomodó los puños de la chaqueta con un movimiento aristocrático, revelando por un segundo la silueta de un reloj de alta gama en su muñeca izquierda.
Su porte no era el de un simple delincuente que falsificaba pasaportes en la zona portuaria; exudaba el poder, la frialdad y la elegancia de un verdadero tiburón de los negocios internacionales.
—Paso a paso, señorita —murmuró, dejando un par de billetes sobre la mesa para pagar el café—.
El lunes es tu primer día. Concéntrate en tus clases y en tus planos.
Yo me encargaré personalmente de vigilar la tormenta que se está desatando en tu antiguo hogar.
Tu padre ya comenzó a mover sus influencias, pero en este rincón del mundo no tiene ningún poder de compra.
Se levantó de la silla con una lentitud imponente, llenando el espacio con su imponente físico. Antes de darse la vuelta, se inclinó hacia mi oído, obligándome a contener la respiración mientras me dejaba sentir su calor y el aroma amaderado con notas de especias que lo envolvía por completo.
—Disfruta tu fin de semana de libertad, cariño. Nos vemos el lunes.
Se dio la vuelta y caminó hacia la salida de la cafetería con pasos firmes y seguros, atrayendo de forma inevitable las miradas de varias mujeres a su paso.
Yo me quedé estática en mi asiento, con el libro de texto abierto entre las manos pero completamente incapaz de procesar una sola palabra.
Mañana sería sábado. Tenía dos días completos para acomodarme en mi casita de Lincoln y prepararme psicológicamente para la universidad.
El plan de mi escape seguía en marcha, pero ahora un factor completamente impredecible y peligrosamente guapo se había cruzado en mi mapa.