At His Beck & Call (Sterling House) 25. Lissa #2
55%

25. Lissa #2

Pero la verdad es una realidad brutal. No tengo ninguna autoridad sobre James; nunca la he tenido. Ignora constantemente las órdenes judiciales y jamás le he ganado una discusión, ni siquiera cuando sabía que yo tenía razón.

Sin embargo, cuando miro a Oliver, con su expresión estoica y furiosa, siento en ese momento que quiere enfrentarse al mundo entero por mí. Y está decidido a ganar.

—De acuerdo —digo con cautela—. Si estás seguro... Pero no tengo coche.

—Iremos en el mío.

Veinte minutos después, llegamos al hospital. El trayecto, después de la euforia de nuestro encuentro en su despacho, resulta brusco y desagradable. Ninguno de los dos habla, pero los movimientos de Oliver están cargados de tensión, como si tuviera que contenerse para no decir lo que piensa.

En cuanto aparca justo delante del hospital, salgo del coche y corro hacia la puerta.

—Lissa.

Me vuelvo y encuentro a Oliver junto a la puerta del conductor.

—Los veo. Están al otro lado de la calle, en el parque.

Doy media vuelta y estiro el cuello, poniéndome de puntillas, pero soy más baja que Oliver y solo consigo ver árboles. Apenas distingo la parte superior de la espalda de un hombre, como si estuviera empujando a un niño en los columpios. Antes de poder pensarlo, echo a correr hacia la calzada.

—¡Lissa!

Una ambulancia que entra en el hospital está a punto de atropellarme y tengo que apartarme de un salto de otro coche mientras cruzo la carretera a la carrera, ajena a todo salvo a la necesidad de llegar hasta mi hijo.

Oliver me alcanza, me agarra del brazo y me obliga a reducir el paso.

—Cálmate —dice con tanta autoridad que la siento hasta en los huesos—. Gritarle no ayudará y asustará a Henry.

Las alarmas siguen resonando en mi cabeza mientras lo miro.

—Sé que estás asustada y enfadada. Pero he llevado muchos casos así. Los hombres como James usarán tus emociones en tu contra. Las convertirán en un arma. Debes mantener la calma.

Sé que tiene razón. Sería muy propio de James dejar que perdiera los estribos con él para luego utilizarlo en mi contra ante el tribunal.

Inspiro hondo y hago un esfuerzo consciente por relajarme, y me enfurece que la leve sonrisa satisfecha del rostro de Oliver me haga sentir orgullosa de haber sido capaz de obedecer.

Me vuelvo y me dirijo hacia la entrada del parque. El chirrido monótono del columpio es el único sonido mientras me acerco por detrás.

—James —digo con frialdad.

Henry se vuelve al oír mi voz y su rostro se ilumina con una sonrisa radiante. James mira hacia atrás como si hubiera estado esperándome.

—Antes de que te pongas como una loca, no estamos lejos y el pobre necesitaba un poco de aire fresco.

Los médicos no opinan lo mismo, pedazo de mierda.

—Tiene que volver dentro —digo, con una voz baja y queda que apenas se oye por encima del chirrido del columpio.

—Está perfectamente donde está —masculla James, aburrido.

—Señor Davenport.

James se sobresalta al oír la voz de Oliver y se vuelve con los ojos muy abiertos cuando este da un paso amenazador hacia delante.

—No tenía derecho a sacar a su hijo de la planta del hospital sin el permiso expreso de su madre —la voz de Oliver restalla como un látigo—. Ella tiene la custodia exclusiva. Usted, no.

Tiene razón, pero odio que mantengamos esta conversación delante de Henry.

Siempre evito hablar de estas cosas cuando él está presente.

El columpio va perdiendo impulso y, cuando Henry se vuelve hacia mí, parece pálido.

Se me revuelve el estómago al pensar que esto podría haber supuesto un retroceso para él.

Todavía necesita mucho descanso y tiempo para recuperarse antes de que empiece la quimioterapia.

—¿Podrías llevarlo al balancín, por favor? —le digo a Oliver.

Lo miro con expresión suplicante y, al instante, su postura se relaja. Asiente y se acerca a James, quien se aparta con una sonrisa desdeñosa.

Toda la seguridad que le faltó a James durante su primer encuentro parece haber regresado. Vuelve a ser el hombre engreído y arrogante que conozco demasiado bien.

—Hola, Oliver —dice Henry con alegría, y parte de la bravuconería desaparece del rostro de James.

Oliver ayuda con delicadeza a mi hijo a bajar del columpio y camina despacio con él hasta el balancín. James se vuelve hacia mí, con la mandíbula tensa.

—¿Por qué conoce Henry a tu jefe?

—¿Por qué lo has sacado del hospital? —pregunto, tomando aire de golpe cuando James avanza hacia mí.

Oliver observa desde lejos, con los puños apretados a ambos lados del cuerpo.

James se planta frente a mí, con su atractivo rostro deformado por una mueca triunfal.

—No sienta bien, ¿verdad? Descubrir que tu hijo ha desaparecido.

Ahora ya sabes lo que sentí yo al enterarme de que estaba luchando contra el cáncer cuando tú ni siquiera tuviste la decencia de contármelo.

Quería darte una pequeña muestra de lo que te espera, Lissa.

He contratado abogados. Te notificarán la demanda, conseguiré la custodia después de la mierda que has hecho y no volverás a ver a Henry nunca más.

Se ríe. Es un sonido bronco y desagradable que resuena por todo el parque.

¿Cómo pude amar alguna vez a este hombre?

—Henry merece estar con su padre, no con una madre puta y desequilibrada que ni siquiera es capaz de cuidar de sí misma, y mucho menos de un niño.

Me recorre con la mirada, con el mismo desprecio en los ojos al que ya estoy acostumbrada.

—Eres un desastre, Lissa, y cuando todo el mundo lo sepa, tendré a mi hijo y dentro de unos años ni siquiera recordará tu nombre.

Pasa junto a mí. El olor de su colonia me provoca náuseas mientras permanezco allí, paralizada, preguntándome si de verdad puede arrebatarme a mi hijo para siempre.

Lo observo hasta que desaparece de mi vista, con el corazón desbocado, y después me acerco a Oliver y a Henry.

Toco el brazo de Oliver sin pensar, pero él no se aparta. Me mira con tristeza y luego contempla la espalda de James mientras se aleja.

—¿Estás bien? —me pregunta, y el pecho me duele al ver la preocupación en sus ojos.

Ojalá pudieras preocuparte de verdad por nosotros y protegernos. Estoy cansada de hacerlo todo sola. Pero necesito distanciarme o no podré seguir adelante sin ti.

Asiento, forzando una sonrisa.

—Estoy bien. Hen, cariño, tenemos que volver dentro.