LIAM
¡Dios, cuánto lo había echado de menos! Tenerlo allí, sentado junto a mí me daban ganas de abrazarlo y no soltarlo nunca más. Pero antes tenía que aclararlo todo de una vez por todas.
Ni siquiera me di cuenta de que Avery había salido de la cabaña. Echaba de menos a Apolo que siempre me acompañaba a todas partes, pero en este viaje decidí dejarlo en casa.
—Lo sé y lo entiendo. Me dolió mucho que no me dejases explicarme, pero en el fondo entiendo tu postura.
—Claro, la entendiste muy bien cuando no me has contestado un puto mensaje en todos estos meses —me echó en cara comenzando a enfadarse. Tenía la mecha muy corta y se enfadaba por nada, pero esa pasión era la que me había hecho enamorarme de él— me quedó claro clarísimo que te importaba una mierda.
—Ray, RAY… —le tomé de la mano cuando intentó levantarse para alejarse de mí, pero no lo dejaría irse hasta que no le explicase todo —por favor, siéntate y déjame acabar, ¿vale?
Miró nuestras manos unidas y se sentó de nuevo, bufando como un toro bravo. No pude menos que sonreír.
—¿Te estás riendo?
—Para nada —me obligué a borrar la sonrisa de mi cara o era capaz de marcharse y dejarme allí sin opción a explicarme— no te contesté a tus mensajes, primero porque estaba muy dolido por marcharte y segundo, había acordado con mi hermana que te dejase en paz si aceptaba hacer la exclusiva de mi vuelta a casa.
Todos estos meses he estado o de entrevistas o en reuniones de mierda con mi padre.
He aceptado ser el presidente de los Hoteles Sinclair por el mero hecho de poder estar cerca de ti, Ray —se me quedó mirando sin decir nada.
Este era mi momento de ponerle mi corazón en una bandeja y decirle lo mucho que me importaba— me moría por hablar contigo.
Por volver a verte y besarte, pero si lo hacía antes de solucionar los problemas con mi padre, nunca más lo haría.
No tengo intención de volver a dejarte solo.
Si me aceptas Ray, soy tuyo para siempre.
—¿Hiciste eso por mí? ¿Volver a casa para que Carla no volviera a molestarme?
Le acaricié el dorso de la mano con el pulgar.
—Haría lo que fuera por ti. Siento haber tardado tanto en hablar contigo, de verdad…
—Estuve en tu oficina…
—Lo sé, me enteré horas después. Siento lo que te dijo mi padre.
—Tu padre me puede comer la polla.
—Joder, Ray… no necesitaba tener esa imagen en mi cabeza.
Nos reímos los dos mientras se rompía un poco esa tensión que había en el ambiente.
—Tu padre no nos lo va a poner fácil, lo sabes, ¿verdad?
—A la mierda mi padre. De hecho, fue el responsable de que Carla fuese al concierto y te contara algo que en un principio me había prometido respetar. Pero en cuanto volvamos a casa me encargaré de los dos.
—No quiero que os separéis por mi culpa.
—Ray, tú dime que me perdonas por todo y yo me encargaré de mi padre.
Tiró de mí para que me acercara más a él.
—Espera, espera —dejé las tazas de café en el suelo.
Para lo que tenía pensado hacer no las íbamos a necesitar— me tumbé sobre él y le sujeté la cara maravillándome de lo guapísimo que era.
Tenía el pelo rubio más largo, se lo coloqué detrás de la oreja para poder besarlo con suavidad— dios, cuanto te he echado de menos.
—¿En serio? Pues ya puedes comenzar a demostrármelo.
—¿Hemos solucionado todos nuestros asuntos pendientes? —pregunté antes de besarlo de nuevo, esta vez con más fuerza.
—Todo solucionado. Pero me debes dos meses de besos, así que ya puedes comenzar a pagar.
—Será todo un placer.
Y me puse a ello.