AVERY
Aunque conocía a Ray desde hacía un montón de años, en estos momentos me impresionaba como si fuese la primera vez que lo veía.
Ya no tenía ante mí a ese niñato que se reía hasta de su sombra y no se tomaba nada en serio.
Menos la música. Tenía que reconocer que había sido y seguía siendo lo único que de verdad parecía tomarse en serio.
Ya no quedaba nada de ese niñato larguirucho y desgarbado que me pidió por favor que le ayudase a triunfar en la música.
***
Si nos ayudas a ser famosos, te daré lo que me pidas y siempre estaré en deuda contigo.
***
Tenía ante mí a ese hombre desgarbado al que había cuidado y querido como si fuese mi propio hijo.
Yo le pasaba por unos años, cinco para ser exactos, pero había acogido a ese muchacho con hambre de comerse el mundo bajo mi ala, y estaba muy orgullosa de todo lo que había conseguido.
Me arrepentía mil veces de no haber hablado con él cuando mi hermano me pidió ayuda.
En mi defensa, solo podía argumentar que entonces apenas nos conocíamos, y que su carrera musical estaba empezando a despegar.
Si hubiese sabido por aquel entonces lo poco que le importaba el dinero no había dudado un segundo en haber hecho las cosas de otra manera.
—Que sepáis que, aunque hayáis venido hasta aquí, no os voy a perdonar tan fácilmente —miró a Liam que iba a contestarle— y contigo ya hablaré luego, a solas.
Liam asintió y se llevó su café en la taza grande que Ray le puso en las manos, y todos nos fuimos al sillón, ante la chimenea encendida que chisporroteaba alegremente, quizás intentando animar el humor que se respiraba en la cabaña.
—Bien, ¿quién empieza? —Ray me miró a mí y asentí. Respiré hondo y pensé en el discurso que había pensado mil veces en mi cabeza, por si en algún momento tenía la oportunidad de hablar con él y aclarar las cosas— ¿Avery?
—Ante todo, quiero decirte que he estado mil veces a punto de contarte lo que pasó, y siempre me ha frenado la idea de no hacerte daño.
—Lo que no sabes no te duele, ¿no? —me miró con esos ojos azules llenos de dolor— ¿Durante todo este tiempo me has estado mangando dinero?
—¿Qué? ¿No? Por supuesto que no —¿Eso era lo que pensaba de mí?
—Ray, déjala explicarse —agradecí a Liam que saliese en mi defensa. Había sido un gran apoyo durante estos últimos días. Su tranquilidad para afrontar los problemas me había mantenido cuerda, y había evitado que me hundiese más en la miseria en la que estaba metida.
—Vale, vale, lo siento. Continúa, por favor.
—Tengo un hermano, Clint y hace unos años vino a mí pidiéndome dinero.
Había pedido dinero a unos tíos por unas deudas de juego y no podía devolverlo.
Yo por aquel entonces acababa de comprarme la casa y no tenía de dinero para ayudarlo.
Él fue el que me dio la idea de pedírtelo a ti, que ahora sé que era lo que debía haber hecho —me removí inquieta en el sillón y le di un trago al café sin darme cuenta de lo caliente que estaba hasta que me quemé la lengua— joder, ¿dónde has calentado esto?
—Te recuerdo que el café te gusta muy caliente —me recordó él con una sonrisa— siempre me ponen el café frío, ¿tanto cuesta calentar la leche?
—simuló mi tono de voz y me sacó una sonrisa— eso es lo que me dices siempre así que no he querido que me acuses de ser mal anfitrión, no es culpa mía que no lo pruebes antes.
Era cierto y no pude más que sonreír con él. Que se hubiese reído era buena señal ¿verdad? Me moría por hacer las paces con él. No me importaba mi trabajo, me merecía todo lo que me pasara, pero me importaba él. Jamás me perdonaría si no conseguía volver a recuperar a mi mejor amigo.
—Avery…
Miré a Liam que me indicó que continuase contando lo sucedido.
—Es mi único hermano y no podía dejarlo en la estacada.
Ya tenía acceso a tu cuenta y decidí cogerlo y devolverlo sin que ni siquiera te dieses cuenta.
Iba a ser la única vez y de hecho lo fue.
Jamás he vuelto a cogerte dinero. Al poco tiempo mi hermano volvió a pedirme dinero y esta segunda vez me negué.
Como necesitaba el dinero con urgencia no se le ocurrió otra cosa que ir a contarle a la prensa que me dedicaba a estafar dinero de mis representantes.
—Y es cuando entra en escena nuestra hermosa y despiadada Carla— adivinó él.
—Sí. Se lo contó a ella, que le pagó por la exclusiva, y desde entonces Carla me chantajea con sacar ese desliz a la luz.
Si la gente se enteraba, mi carrera como representante musical se iba a la mierda, así que dejé que Carla se encargara de dar todas nuestras exclusivas —había mantenido la cabeza baja mientras le narraba mi vergonzosa actitud, cuando levanté la vista para mirarlo no pude ocultar las lágrimas— nunca más he vuelto a coger nada ni de tu cuenta ni de la de nadie, Ray.
He intentado contártelo mil veces, pero sé el daño que te han hecho todos estos años la gente que se ha acercado a ti por interés.
No quería que pensaras que era otra aprovechada más —no pude seguir hablando.
Comencé a sollozar librándome por fin de ese peso que llevaba en el corazón.
¿Por qué no se lo conté cuando tuve la oportunidad? ¿por qué?
—Vale, vale, no llores. Te creo ¿vale? —Él dejó su taza en el suelo y me quitó la mía de las manos para poder abrazarme— no soporto verte llorar. Ya pasó y siento mucho lo que te dije, estaba muy dolido.
—Lo sé…y lo siento, por favor perdóname. Perdóname…
—Te perdono, por supuesto que te perdono. ¿Qué voy a hacer yo sin ti?
Me reí entre hipidos y lo abracé tan fuerte que debía de dolerle, pero él me abrazaba con la misma fuerza, así que me quedé allí, abrazada a mi mejor amigo, sorbiéndome los mocos para intentar no mancharlo.
—No me estarás manchando de mocos, ¿verdad?
Me tuve que reír y me separé de él. Liam me tendió una servilleta de papel para que me pudiese sonar y limpiar las lágrimas.
—Eres el mismo escrupuloso de siempre —le dije riéndome— gracias.
—¿Y tú tienes algo que contarme? A ella la perdono porque entre otras cosas necesito un representante urgentemente y nadie que no me conozca me va a aguantar. Pero a ti sí que te tengo ganas
Qué cara más dura tenía y cuanto lo quería, joder.
—Bien, soy culpable de no haberte contado que Carla, nuestra querida periodista sin corazón es mi hermanastra.
Pero en el fondo tampoco pensaba que fuera importante.
Cuando nos conocimos no esperaba que nuestra relación fuese a ir más allá.
Una aventura de invierno hasta que te marcharas y no nos volviéramos a ver y entonces todo comenzó a cambiar.
Tú me preguntaste si podíamos seguir viéndonos y antes de poder aclararlo todo, llegó Carla a estropeó todo.
—La avisé yo. Lo siento —reconocí de nuevo en voz baja. No iba a permitir que Liam pagase por algo que no había sido culpa suya.
—Entonces te enteraste de que era mi hermana y me condenaste sin dejarme darte una mísera explicación.
—Lo siento, de verdad —reconoció Ray.
—Entiendo que llegases a esa explicación. No sabías lo de Avery y no había otra explicación, excepto que pensaba que me conocías mejor y que no sería capaz de traicionarte de esa manera.
—No puedo hacer más que disculparme. Pero ¿qué querías que pensase cuando me habías mentido en todo? Estoy harto de que todo el mundo me mienta y me utilice a su antojo, ¿qué hubieses pensado tú si hubiese sido al revés?
Decidí que era el momento de marcharme y dejarlos solos.
Tenían que arreglar sus diferencias y no necesitaba estar presente.
Tenía algunas llamadas que hacer ahora que volvía a ser su representante, así que me llevé la taza de café, todavía llena y salí a respirar el aire limpio y contemplar la belleza de la naturaleza en todo su esplendor.
El sitio era realmente bonito. No me extrañaba que Ray viniese aquí cuando quería estar solo.
—Chicos… estaré…da igual.
Ni siquiera me miraron cuando me marché con una sonrisa en los labios. Algo me decía que Liam conseguiría que Ray lo entendiese. No pensaba darse por vencido y yo no podía ser más feliz por ellos dos. Hacían una pareja maravillosa.