Asuntos pendientes LIAM
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LIAM

Avery estaba desolada y era normal. A parte de ser su representante también era su amiga más íntima.

—¿Y si no quiere volver a saber nada de mí? ¿Qué voy a hacer?

La acompañé al hotel donde iban a quedarse esa noche y en la recepción nos dijeron que Ray no había estado allí. Todas sus cosas seguían en su habitación, pero ¿dónde se había metido él?

Como no dejaba de llorar, pedí al servicio de habitaciones que nos subieran una botella de whisky para mí, y una tetera de tila para ella para ver si podía calmarla un poco. Llorar tanto debía de haberla dejado agotada.

—Se calmará un poco, no te preocupes —eso espero, porque yo también me maldecía por haberme visto implicado en este tema y no haber hablado con Ray cuando me enteré. Pero pensaba que era justo que fuera ella quién se lo contara ya que no era asunto mío.

—¿Dónde ha podido meterse? Tiene conciertos programados en una semana y no tengo ni idea de lo que hará al respecto. Puede echar toda su carrera musical por la borda si no cumple los contratos que tiene hecho ¡Ay, Dios mío! Más llanto.

—Avery, Avery, cálmate —me dirigí a la puerta cuando llamó el servicio de habitaciones para recoger el pedido, y volví con Avery que estaba tumbada en la cama, aovillada en posición fetal como si quisiese hacerse pequeñita.

Parecía tan vulnerable, que sentí pena por ella, aunque todo este lio fuese cosa suya.

Me había ayudado a contactar con Ray cuando lo había necesitado, y sabía que iba a muerte con que nosotros arreglásemos lo nuestro.

Cosa que ahora mismo dudaba mucho poder conseguir— no será tan idiota como para abandonar su carrera ahora que está despegando de nuevo.

Fui al baño y le traje la caja de toallitas que había en el lavabo para que se sonase y se limpiase la cara llena de churretes negros, como un crio comiendo chocolate, por el rímel corrido de tanto llorar.

—No sé qué pensar. Está muy dolido y lo comprendo. ¿Por qué no se lo conté todo cuando tuve la oportunidad? ¡Joder, qué tonta fui! Y anda que tu hermana…

—Escucha —ya cogería a mi hermana por mi cuenta en cuanto solucionase todo este lío— ya no vale de nada lamentarse.

Lo más importante ahora es intentar encontrar a Ray para poder hablar con él y explicarle lo sucedido.

Y respecto a Carla —la odiaba ahora mismo con todas mis fuerzas, y eso que había acercado postura con ella desde que volví a casa— no podemos elegir a la familia Avery, solo a los amigos.

—Eres un buen hombre, Liam. Siento mucho haberte metido en esto…

—Avery, ya está bien —no quería oírla más o me pondría a llorar yo también. Le serví la tila y yo llené el vaso con el whisky de manera generosa— vamos a pensar en positivo. Lo más importante es encontrarlo. Luego ya veremos lo que hacemos.

—Voy a darme una ducha —se bebió la tila de un trago y se dirigió a la puerta del baño— ¿estarás bien?

—Sí. Voy a cogerme una habitación en el hotel y mañana por la mañana trazamos un plan si no ha vuelto. ¿vale?

—Vale. No voy a bajar a cenar —me lo suponía— nos vemos por la mañana.

Yo tampoco tenía hambre. Sentía las tripas revueltas y el estómago encogido por la preocupación ¿Dónde podía haber ido? Una idea me estaba dando vueltas en la cabeza y quería confirmar lo que empezaba a suponer.

—De acuerdo. Mañana te veo en el desayuno. ¿A las ocho y media o así?

—Vale. Buenas noches, Liam.

—Descansa y deja de darle vueltas, seguro que aparecerá, ya verás.

Bajé a la recepción, cogí una habitación frente a la de Avery y mandé un mensaje a mi hermana mientras abría el grifo de la ducha. Sentía el ardor del alcohol calentándome las tripas y un dolor sordo en el corazón por la preocupación.

—¿Por qué lo has hecho?

No conseguía comprender a mi hermana. No tenía ningún sentido que hiciera esto precisamente ahora.

—Pregúntale a tu padre —fue lo que me contestó.

Entonces lo entendí todo.