Asuntos pendientes LIAM
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LIAM

—¿Esa no es…?

Miré dónde Avery señalaba, y mi corazón se saltó un latido al reconocer a mi hermana, que se alejaba de los vestuarios con paso firme, contoneándose como si desfilara en un pase de modelos. Así era mi hermana. La diva del lugar en el que entraba.

Temí que hubiese hablado con Ray, que se suponía que estaba en el vestuario esperando a Avery para marcharse juntos, como hacían siempre. Me embargó la sensación de que estaba a punto de ocurrir una catástrofe. ¡No habrá sido capaz de contarle nada a Ray!

—Sí —no fui capaz de decir nada más. De repente tuve la necesidad de llegar cuanto antes al vestuario y comprobar que Ray estuviese bien.

—¿Qué hace aquí?

Eso mismo me preguntaba yo.

—¿Por casualidad no habrás concertado con ella una entrevista por la vuelta de Ray a los escenarios?

—¿Qué? No, no… Ni siquiera he caído en eso. Siempre se pone en contacto conmigo antes. No entiendo… —se calló un momento en el que pareció llegar a la misma conclusión a la que estaba llegando yo— ¿crees que le ha contado algo a Ray?

—Espero que no —porque la mataría con mis propias manos— acordé con ella darle las entrevistas sobre mi vuelta a casa para que dejara a Ray en paz de una vez.

—¿Y crees que ha cumplido su palabra?

—Eso espero.

Iba pensando en los motivos que podía tener mi hermana para estar precisamente aquí en los túneles del vestuario cuando encontramos a Nick paseando nervioso por la puerta.

—¿Qué ha pasado?

El hombre se volvió sorprendido y miró a Avery preocupado.

—La periodista me pidió hablar a solas con Ray —se oyeron golpes y gruñidos dentro— no he querido entrar. No sé lo que ha pasado ahí dentro Avery, pero ha debido ser muy malo porque no he podido calmar a Ray desde entonces. Lleva dando golpes y gritos desde entonces.

—Joder.

No necesité más para entrar y buscarlo. Estaba pateando los bancos donde se sentaban los jugadores y había arrancado varias puertas de las taquillas. Se volvió a mirarme cuando me escuchó entrar y se me partió el corazón al verlo llorando. ¡Mierda, mierda! ¿qué has hecho, Carla?

—Mira, el que faltaba.

Ni en mis peores pesadillas me hubiese imaginado que mi reencuentro con él iba a ser en estas condiciones.

—Ray…

Avery se paró a mi lado sin atreverse a acercarse más a él. Irradiaba tanto dolor que Avery comenzó a llorar en el acto.

—Dime que no es cierto.

—Déjame que te lo explique, por favor —se le escapó un sollozo y dio un paso para acercarse más a él que estiró una mano para indicarle que no se le acercara más.

—No quiero que me expliques nada, sino que me digas que es mentira lo que me ha dicho Carla.

—No sé qué te ha dicho ella…

—Algo que tú me tenías que haber dicho hace tiempo —le gritó— ¿Por qué?

—¿Por qué? —preguntó ella sin dejar de llorar.

—¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué me has traicionado tú también?

—No, no… yo nunca…

—Ray, deja que te lo explique, por favor. Las cosas…

—¿Tú lo sabías?

¿Qué iba a decirle? Me miraba con tanto dolor en sus ojos azules, hinchados y enrojecidos de llorar, que estuve a punto de mentirle.

Pero Ray no necesitaba que nadie más le mintiera, así que bajé la cara, arrepintiéndome de no haber hablado antes con él.

Miré a Avery para reprocharle lo que estaba pasando.

¿Ves lo que has conseguido? Pero estaba tan hecha polvo que lo último que necesitaba era que yo también la culpase de no habérselo contado antes.

—Sí… pero…

—No quiero tus excusas. Has tenido meses para contármelo y en cambio te has estado riendo de mí a mis espaldas. ¿Os habéis confabulado? Qué bien lo habéis pasado a mi costa, ¿no?

—¿Qué? No, no…Ray eso no es cierto. Déjame…

—Estás despedida Avery, no quiero volver a saber nada más de ti.

La sujeté cuando estuvo a punto de caerse al suelo. Me senté con ella cuando su llanto se intensificó y comenzó a tener un ataque de pánico.

—Eh, Avery —le sujeté la cara con las manos para que se centrase en mí y poder sacarla de la espiral de dolor en la que estaba cayendo— Avery…mírame. Mírame, ¿vale?

Vi como Ray se secaba la cara a manotazos antes de dirigirse hacia la puerta. ¿Iba a marcharse y dejarnos así? No decía en serio lo de despedir a Avery. Tenía que ser un arrebato.

—Ray, espera, joder y escúchame.

—Tarde. Llegas demasiado tarde. A ti tampoco quiero volver a verte.

Y se marchó sin mirar atrás mientras yo me encargaba de intentar tranquilizar a Avery. Menudo reencuentro de mierda. Iba a matar a mi hermana cuando la viera.