RAY
Ya no me acordaba de lo bien que sentaba un baño de multitudes y el cariño con el que el público podía recibirte. Mi mayor temor era que el público me acusara a mí de lo sucedido a los Temtations.
Soñaba a menudo con que en un concierto la gente me señalaba con el dedo y me llamaban asesino.
Siempre despertaba llorando y con el ánimo por los suelos.
Aunque había hablado con Gustavo, mi psicólogo a tiempo completo, del sueño, él me había asegurado que todo era producto de mi sentimiento de culpa.
Hasta que no reconociera que fue un accidente y que no fui culpable de que Connor se quedase dormido al volante, no cesarían las pesadillas.
El recibimiento que estaba teniendo en los primeros conciertos de mi gira mundial, estaba curando mi corazón roto mucho más rápido que todas las charlas con mi loquero.
Mira que le molestaba al tío que lo llamase así.
Pero yo era un tocapelotas, y mi sentido del humor estaba volviendo a ratos, como le gustaba decirme Avery.
Saludé al público una vez más y accedí a cantar otra canción antes de bajarme del escenario por hoy para irme al hotel y dormir una semana entera.
Cuando por fin pensé que el público se apiadaría de mí y me dejaría marcharme sin que volviesen a aclamarme, me dirigí al vestuario sin ver a Avery por ningún sitio.
¡Qué raro! Ella siempre estaba junto al escenario esperando a que acabara para acompañarme por los pasillos y evitar que nadie me molestara.
Era más territorial que un Rottweiler. No quise esperarla, ni siquiera la busqué entre el público.
Ya vendría ella al vestuario cuando acabara de echarle la bronca a alguien. Como si la estuviese viendo.
Estaba todo sudado y mi corazón galopaba desbocado por la adrenalina. Me sentía tan feliz porque la vida por fin comenzaba a sonreírme de nuevo, que podía levitar directamente.
Me faltaba Liam. Y ese pellizco en el corazón que sentía cada vez que lo recordaba me hizo volver a la realidad de golpe.
Maldito cabezota. Había decidido olvidarme de él, pero no me estaba resultando tan sencillo.
Ese que decía que la distancia hacía el olvido, no había intentado nunca olvidarse de alguien ni arreglar un corazón roto.
Estaba tan distraído pensando en Liam que no me había dado cuenta de que Nick me seguía por el pasillo como un perrito faldero.
—Ha sido fantástico, Ray. Está claro que la gente te quiere. ¿Ves cómo todos esos temores de los primeros días eran infundados?
Tenía que darle la razón, tanto a él como a Avery, y agradecerle a la discográfica su apoyo incondicional para conmigo. Ellos habían creído en mí incluso cuando yo no lo hacía.
—Gracias Nick. De verdad.
—Nada —quitó importancia con la mano y se colocó a mi lado sin perder la sonrisa.
—Oye, ¿has visto a Avery?
—Eh…no desde hace un rato. Había ido a la puerta a esperar a…
Los dos nos quedamos de piedra cuando al entrar en el vestuario me encontré cara a cara con Carla que miraba el móvil, distraída.
No tenía constancia de que Avery hubiese hablado con ella, pero esta mujer estaba siempre detrás de mí, como un carroñero buscando un cadáver.
Como me había ayudado semanas atrás cuando fui a buscar a Liam, me obligué a ser educado con ella en vez de mandarla a la mierda, que era lo que me apetecía en ese momento.
—Hola, Ray. Menudo concierto, ¿eh? Está visto que el público te quiere.
Estaba tan desconcertado de que estuviese allí que miré a Nick preguntándole con la mirada si era cosa suya. Negó con lentitud dejándome claro que no tenía nada que ver.
—¿Qué haces aquí, Carla?
Ir directo al grano era lo que me apetecía y acabar con lo que se trajese entre manos lo antes posible.
—Bueno, tengo que hablar contigo de un tema importante —se levantó, y pude observar que estaba tan impresionante como siempre con un traje pantalón morado que resaltaba su estilizada figura.
Me dolieron los pies al verle los taconazos que llevaba.
¿Cómo podían las mujeres andar con esos zapatos?
Recordé que nunca había visto a Avery sin sus tacones, pero ella medía un escaso metro sesenta, y entendía que quisiese ganar altura para sentirse quizás más segura de sí misma.
Pero Carla medía un cacho más que Avery, y me apostaba el cuello a que seguridad en sí misma no le faltaba.
—Bien, di lo que tengas que decir y márchate. Estoy esperando a Avery para poder marcharnos. De ante mano te digo que tengo cero ganas de escuchar lo que me quieras decir y cero interés también.
No se dio por aludida, de hecho, sonrió disfrutando con lo que pensaba decirme.
—Estoy segura de que esta noticia te va a encantar, pero creo que será mejor que estés solo. No te va a gustar que precisamente él se entere de lo que te tengo que decir.
Miró a Nick levantando una ceja perfectamente depilada y este reaccionó con tanta rapidez que le faltó patinar en la puerta al salir.
—Os espero fuera. Voy a ver si encuentro a Avery, Ray, ahora te veo.
Cuando salió por la puerta me volví a ella de nuevo.
—Bien, dime de una vez eso tan importante que tienes que decirme.
—Quizás sea mejor que esperemos a que llegue Avery.
—No metas a Avery en esto —le solté comenzando a perder la paciencia. ¿Qué coño quería ahora esta mujer?
—Oh, verás —se acercó más a mí como si quisiese contarme el secreto al oído— es que resulta que la noticia que te tengo que dar es sobre Avery y su muy discutible manera de gestionar tu dinero.
No entendía a dónde quería ir a parar, pero de todas formas no era cosa suya.
—Mi relación con Avery es cosa mía.
—Y de la prensa cuando se enteren de que hace años que te birla dinero de la cuenta para pagar sus caprichos. ¿Apostamos algo a que es trending topic mañana en todas las plataformas digitales y en los noticiarios de este país?
Parpadeé mientras intentaba encontrarle sentido a lo que me estaba contando.
Tenía plena confianza con ella desde el primer día y se había encargado de gestionar mi cuenta, porque yo soy un puto desastre para el dinero.
No tenía constancia de nada de lo que me estaba contando ¿qué has hecho Avery?
No sabía bien por qué, pero algo en mi interior me decía que esto que me estaba contando era cierto.
—Aunque así fuera no es asunto tuyo —lo aclararía con ella.
Estaba seguro de que tenía una explicación.
Ella no me habría traicionado con algo tan efímero como el dinero.
Además, tenía carta blanca desde el primer día para disponer de él como quisiese, y siempre había sido escrupulosamente concienzuda y sincera en mostrarme los gastos con facturas y explicaciones detalladas.
No tenía ningún sentido que me estafara dinero. ¿Qué mierda estaba pasando?
—Bueno, la prensa siempre está más que dispuesta a desvelar un escándalo como este. Una de las representantes más reconocidas del mundo musical despluma a sus representados . Cuando todo esto se sepa la carrera de Avery estará acabada.
—Bueno, pues de todos modos lárgate. Ya me has informado.
—Y que conste que lo he hecho porque pensaba que tanto ella como mi hermanito, que también estaba al tanto, ya te lo habían contado.
—¿De qué estás hablando? ¿qué tiene que ver Liam en todo esto?
Cada vez entendía menos. Pero que intentara mezclar a su hermano en sus mierdas me dieron ganas de arrancarle la cabeza. ¡Nadie se metía con Liam en mi presencia, joder!
—Que yo se lo conté a mi hermano y esperaba que él te lo hubiese confiado a ti, pero está claro que se ha guardado muy mucho de contarte la estafa de tu representante.
¿De verdad pensabas que le importabas a mi hermano?
—se rio con esa risa de bruja mala de Disney que tanto odiaba— ¿Cuántas cosas más te ha ocultado?
¿sabías acaso que era el heredero de los Hoteles Sinclair?
Se ha estado riendo de ti todo este tiempo.
No has sido más que su juguetito para pasar el tiempo en Los Cárpatos. Nada más.
Sentí mi corazón estrujarse y romperse en mil pedazos.
Me apreté el pecho para intentar calmar el dolor, pero fue inútil.
Escuchar a su hermana decirme todo lo que en el fondo ya sabía y no había querido aceptar, me abrió los ojos de golpe.
Todos los datos habían estado siempre ahí y yo no los había querido ver.
Sentí un nudo en la garganta y temí ponerme a llorar delante de esta arpía.
Me sentía traicionado de nuevo, y esta vez, por las dos personas que más me importaban en este momento.
¿Es que no tenía a nadie a mi lado que de verdad le importase?
¿Tan mala persona era para que todos me trataran así?
—No te creo —no era capaz de aceptarlo.
—¿No? Pues pregúntaselo a él cuando lo veas —miró su reloj de oro y se dirigió a la puerta— ahora tengo que irme que he tardado mucho más de lo que esperaba con este tema.
—¿Por qué haces esto? —no entendía que hubiese venido hasta aquí solo para contarme esto y destruir la inexistente relación que había entre su hermano y yo— pensé que habías acercado postura con tu hermano —habían hecho un sinfín de entrevistas juntos, eso debía significar algo ¿no?
Por unos segundos vi dolor en sus ojos, pero fue solo un segundo, al instante siguiente volvían a estar tan fríos como siempre.
—Bueno, la vida y los negocios son así de duros. Dale recuerdos a Avery de mi parte.
Se marchó taconeando por el pasillo como un redoble de tambores que acompañan a los soldados a la batalla. Y me dejó allí, con el corazón roto en mil pedazos.