RAY
¿Alguna vez os ha pasado, llegar a un sitio sin saber que era allí donde querías ir sin apenas pensarlo? ¿No? Pues entonces yo soy el hombre más raro del mundo, porque cuando mi cabeza dejó de darle vueltas a todo lo sucedido tras la revelación de Carla, estaba subido a un avión rumbo a Rumanía.
Ni siquiera lo pensé, pero ahora que estaba a punto de llegar, me di cuenta de que, desde que me había marchado, huyendo de lo que supuse era una gran traición por el hombre al que amaba, me di cuenta de que en este lugar había conseguido encontrar una paz para mi espíritu que no esperaba hallar en ninguna otra parte.
El infinito paisaje nevado de las majestuosas montañas, el susurro del viento entre los árboles, la soledad, e incluso ese frío que te cortaba el aliento y te hacía sentir vivo.
Allí habían sanado mis heridas, tanto físicas como mentales.
Me había vuelto a encontrar a mí mismo, y había renacido de las cenizas y de las tinieblas en las que se había convertido mi vida tras el accidente.
Allí me había enamorado por primera vez.
—Serás imbécil.
Me había comprado ropa térmica en un centro comercial antes de embarcarme en este viaje huyendo de nuevo de la traición de Avery y de Liam.
¿Por qué no me lo habían dicho? Joder, ella era como una hermana para mí y yo se lo había contado todo.
Siempre. Y ella me había estado estafando el dinero.
¿En serio? ¿Y Liam tampoco me lo había contado?
Bueno, de ese traidor no esperaba otra cosa.
No me había dicho más que mentiras, o lo que era aún peor, se había callado información crucial para mí, y eso me dolía tanto como que me hubiese traicionado él mismo.
Conduje con el GPS puesto hasta el pequeño pueblo donde estaba ubicada la cabaña.
Esperaba poder llegar hasta ella sin ningún tipo de contratiempo.
Estaba acabando el invierno, y aunque todo seguía nevado, se podía conducir sin riesgo de despeñarte por los caminos sinuosos que llevaba, hasta las cabañas.
Llevaba la llave siempre conmigo, como un amuleto de la suerte, y entre otras cosas, porque era tan imprevisible que nunca sabía dónde iba a dormir esa noche.
Lo mismo estaba en Las Vegas, que en un segundo decidía irme a Nueva York o a cualquier otro lugar del mundo.
Yo era así, un culo inquieto que tanto Avery como Liam conocían de sobra.
—¿Cómo estará Avery? —no podía dejar de pensar en ella y en sus lágrimas cuando supo que me había enterado de su traición— No me importa el dinero —dije en voz alta, ya sabéis que hablo solo a menudo, qué le voy a hacer, rarito que soy— si me lo hubiese pedido, se lo habría regalado todo.
Éramos amigos, joder, y los amigos están para ayudarse cuando lo necesitan.
No podía con la curiosidad que tenía por saber lo que había pasado y por qué Liam no me lo había contado. Bueno, podía entender que no me lo hubiese dicho esperando a que lo hiciese ella, pero eso no quitaba el dolor que me habían provocado ambos.
—A la mierda los dos.
No pensaba volver a pensar en ellos.
Tenía una semana por delante para pensar en qué iba a hacer con mi vida de ahora en adelante. En algo menos de una semana tenía nuevos conciertos, y para entonces tenía que haber buscado un nuevo representante.
—Joder, Avery. Sabes lo rencoroso que soy. No voy a poder olvidar esto tan fácilmente.
Me sentía perdido sin ella. Había sido mis manos y mis pies desde hacía años, y por más que me pesara, no sabría salir adelante solo. Se me partía el corazón cada vez que pensaba en sus lágrimas.
—Ya basta, joder.
Abrí la cabaña sin querer pensar en nada más. Me iba a dedicar a comer… mierda. Tenía que hablar con Anka para que me consiguiera víveres. En eso no había pensado. Cogí el teléfono para llamarla. Menos mal que guardé su número.