CARLA
Llevaba años siguiendo a los Tentations por todo el mundo, y aunque el rock no era mi música favorita, tenía que reconocer que habían sacado temas muy buenos. Por eso habían triunfado durante tanto tiempo, y la voz de Ray era sencillamente maravillosa.
Aunque ser la mala de la historia nunca me había importado demasiado, era mi trabajo, y me había dado una vida de lujos de la que no me quejaba, lo que iba a hacer esta noche me dejaba mal sabor de boca.
Ray era un hombre sensible. Pensaba que para componer canciones, escribir poesía, pintar o dedicarte a cualquier tipo de arte, había que tener una sensibilidad distinta al resto de los mortales, si no, todos seríamos compositores o escritores, ¿no?
Darle la noticia que pensaba darle, lo iba a destrozar.
Aunque eso no garantizara que fuera a dejar a mi hermano, que ya había visto que también estaba aquí esta noche con Avery.
Si hacía las cosas bien, podía conseguir que tras informarle de la traición de su representante y amiga durante todos estos años, e incluir a mi hermano en conspirar a sus espaldas por no contarle que lo sabía, podía hacer que su romántico reencuentro se derrumbase por completo.
Tenía un acuerdo con Liam e incluso con Avery de no contarlo, pero la petición de mi padre de intentar dinamitar esa relación fuese como fuese, justificaba que me lo saltase todo y me centrase solo en hacer daño.
Oía a la gente volverse loca con Ray cuando cantó la balada que le había dedicado a mi hermano y que le había abierto la puerta de nuevo al mundo de la música esta vez en solitario. Pobre. No se imaginaba lo que se le venía encima.
Esperé a que terminara y me colé, gracias a mi carné de prensa, en el vestuario, no sin pagar a los guardias de seguridad encargados de la protección de Ray para que hiciesen la vista gorda.
Me senté en uno de los bancos y me dediqué a esperar a que Ray volviese cuando terminase el concierto.
Esperaba que Avery o mi hermano no viniesen aquí antes de que yo pudiese verlo a solas.
Solo esperaba que las consecuencias por destrozar hoy tres vidas, mereciera la pena.
¿Os he dicho ya que no tengo corazón cuando se trata de negocios? Pues eso.