Asuntos pendientes RAY
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RAY

—Deja de moverte, pareces el rabo de una lagartija y me estás poniendo nerviosa.

Fulminé a Avery con la mirada y seguí dando vueltas por la sala de descanso que tenía la discográfica. Había venido a grabar el Opening Track de mi nuevo disco en solitario y, como no, Avery había venido a acompañarme.

Pareces un perrito abandonado desde que volviste —me dijo unos días atrás.

No me extrañaba en absoluto, como no tenía noticia alguna de Liam, porque no me cogía el teléfono, ni respondía mis mensajes, me sentía como un pollo sin cabeza. Suponía que disculparme con él por no haberlo dejado explicarse, no iba a ser tan fácil como esperaba.

Iluso de mí, pensaba que estaría pendiente de una llamada mía y que me estaría echando tanto de menos como yo a él.

Pero a la vista estaba que había continuado con su vida, olvidándose de mí por completo.

De hecho, había visto su cara infinidad de veces porque no paraba de salir en mil noticias distintas.

La vuelta del hijo pródigo había dado infinidad de titulares, como no, todos a cargo de la gilipollas de su hermanastra.

—Como la odio, joder.

—Oye…

Miré a Avery, que me observaba con expresión dolida, y entonces me di cuenta de que había hablado en voz alta.

—A ti no. —Y seguí dando vueltas por la sala bajo la atenta mirada de mi representante, que no me perdía de vista.

—¿No tienes llamadas que coger o correos que contestar? —le solté cansado de su escrutinio— me estás poniendo nervioso.

—¿Yo? —exclamó indignada— hay que joderse. ¿Quieres una tila?

El retintín de su tono no pasó inadvertido, sobre todo porque sabía que odiaba los tés y las hierbas esas con todo mi corazón.

—No tiene gracia, ¿sabes? Estoy muy preocupado —me senté en la silla vacía junto a ella.

La sala de descanso en la que estábamos consistía en una sala de tamaño medio, con una pared acristalada con vistas al mar.

En el centro había una enorme mesa de cristal, donde había emparedados, cafés, y todo lo que alguien podía querer comer a la temprana hora de las nueve de la mañana, que era a la que me habían citado allí para grabar.

—Lo sé. Puedo ver en tus ojos lo triste que estás desde que volviste, sé que Liam es más importante para ti de lo que me has dejado entrever.

—¿Tan transparente soy? —no me hacía especialmente feliz que pudiese ver mis sentimientos con tanta facilidad.

—Te fuiste a Rumanía con una gran depresión, y en estos meses que estuviste allí, fui notando la alegría y la ilusión en tu voz cada vez que hablábamos.

Estamos aquí, empezando una nueva etapa de tu vida que estará llena de éxitos —me tomó las manos y me las apretó con cariño.

Avery era como yo, muy tocona. Necesitábamos contacto personal con aquellos que nos importaban— así que sé que tienes el corazón roto, pero algo me dice que tu historia con Liam no está acabada todavía.

—¿Y si no quiere perdonarme por lo que le hice?

—esa idea me atormentaba desde que volví, o mejor dicho, desde que entendí que lo había juzgado mal y que iba a ser muy difícil que Liam me perdonase.

Pero yo era terco como una mula y no pensaba darme por vencido.

No pensaba desistir de intentar ponerme en contacto con él.

—Pues si él te importa tanto como dices, vas a tener que buscar la manera. No eres demasiado orgulloso, así que arrastrarte un poco no te supondrá demasiado esfuerzo.

—Si así consigo que me perdone, haré lo que sea.

Llamaron a la puerta y mi productor asomó la cabeza instantes después.

—¿Listo?

Respiré hondo y asentí.

—Nací preparado, ya lo sabes.

Y cuando iba a salir por la puerta se me ocurrió una idea.

—Ya lo tengo, llama a esa periodista odiosa amiga tuya y pregúntale donde estará Liam estos días. Ella debe de saberlo porque no parece que se despegué de su lado últimamente.

Una enorme sonrisa se pintó en su cara.

—Estaba esperando que me lo pidieras. Vete a grabar que te tendré la información lista para cuando regreses.

—Bien.

Y me fui a retomar mi carrera musical con una enorme sonrisa en la cara. Avery lo arreglaría. Al fin y al cabo, había cuidado de mi durante todos estos años.

Era capaz de conseguir lo que se propusiera, además, ellas dos parecían ser amigas. Avery siempre se había encargado de que fuera ella la que nos hiciese las entrevistas. Yo la odiaba a muerte, pero si me facilitaba información sobre Liam, haría de tripas corazón y le debería un inmenso favor.

Lo que fuera por volver a ver al hombre que se había colado en mi corazón sin proponérselo siquiera.