AVERY
El aeropuerto de La Guardia, en Nueva York, era un puto caos a cualquier hora del día o de la noche, así que me senté en la sala de llegadas con un café de la máquina en la mano para calentármelas, mientras esperaba a que llegara Ray y poder darle un abrazo.
Estaba deseando y temiendo verlo, a partes iguales.
Ya no podía seguir ocultándole lo que había pasado.
Quizás lo supiera ya, aunque por lo poco que Ray me había contado, pensaba que era Liam el que había avisado a su …
¿hermana nada menos? Cuando se decía que el mundo era un pañuelo, a veces era mucho menos que eso.
¿Con tantos periodistas como había en el mundo, Carla tenía que ser hermana o hermanastra, como fuera, de Liam?
Ya no podía tirar más de la cuerda, me tocaba contárselo todo a Ray y rezar para que pudiese perdonarme en algún momento.
Ya le había pagado el dinero que le cogí prestado, de hecho, hacía mucho que se lo había pagado, porque lo de menos era el haber cogido dinero en sí, sino el hecho de ser capaz de vender a mis representantes por salvarme el culo.
Había sido una persona desleal y eso era lo peor que le podía pasar a un famoso, que su representante fuera un viva la virgen y antepusiera sus prioridades a las de la persona que representaba.
El avión que venía de Madrid traía retraso, menuda novedad. Miré por las puertas de cristales la nevada que empezaba a caer, otra vez y suspiré, deseando que no empeorara el tiempo nos fuésemos a quedar sin poder salir de allí.
Eran las siete de la mañana, apenas estaba amaneciendo y deseé, no por primera vez, haberme quedado en la cama calentita y haber mandado a nuestro chófer a que lo recogiera, en vez de estar aquí congelándome el culo y los pensamientos.
Mi teléfono me vibró en el bolsillo con la entrada de un mensaje.
—Hola, ¿ha llegado ya?
¡Liam! Me moría por saber lo que había pasado entre ellos para poder tener toda la información antes de enfrentarme a Ray
—¿Avery?
—Hola, Liam. No ha llegado todavía, su avión trae retraso. Estoy en el aeropuerto esperándolo.
—Vale.
—¿Puedes decirme lo que ha pasado?
Lo oí suspirar al otro lado. No conocía personalmente a este hombre, pero las veces que había hablado con él, me había parecido sensato, algo seco y malhumorado, pero sensato al fin y al cabo, nada que ver con el cabeza loca de Ray.
—Ha pensado que he avisado a Carla para dar una entrevista o algo por el estilo.
Sinceramente no he podido hablar con él todavía, pero ese es el motivo que creo que tuvo para marcharse de esa manera, sin dejarme explicarle nada.
Hasta los putos condenados a muerte pueden hablar para defenderse, hostias.
—Te entiendo, es muy típico de Ray. Ya se le pasará. Intentaré hablar con él.
—No le he contado lo tuyo, si es lo que te preocupa.
Ahora la que me quedé en silencio fui yo.
—¿Por qué no? Cualquier otra persona lo haría para defenderse.
—Bueno, me gusta pensar que no soy como los demás.
Me quedé pensando en lo que me estaba diciendo.
—¿Quién te lo ha contado? —qué tontería, no se lo había podido contar nadie más que ella.
—Carla, ya me he encargado de que deje de hacerte chantaje, pero de verdad espero que se lo cuentes todo a Ray.
—También puedes decírselo tú y que se dé cuenta del error que ha cometido. ¡Este hombre tan impulsivo como siempre! ¡No cambiará nunca joder!
—Aunque quisiese hablar conmigo, nunca le contaría algo así. Se va a quedar destrozado, pero es mejor que se lo cuentes tú a que se entere por otros medios. Yo jamás le podría hacer más daño del que ya le han hecho.
—Eres buena persona, y me gustas mucho para mi Ray.
Lo oí reírse al otro lado.
—Sí, bueno, la cosa se ha torcido un poco en las últimas horas.
Me di cuenta de golpe de lo que me había dicho antes.
—Espera, espera, ¿qué quieres decir con que ya no volverá a hacerme chantaje? ¿qué has hecho?
—Nada. Digamos que también tengo que enfrentarme a mi pasado y dejar de huir de él.
—¿Qué has hecho? —Me moría de curiosidad.
—Solo dile a Ray que vea las noticias en los próximos días. Ahora tengo que dejarte. Cuídale. ¿vale? Es increíble que haya podido llegar a los treinta años de una pieza.
Sí que lo conocía bien sí.
—Cuídate tú también. Estoy segura de que lo vuestro se arreglará, ya verás.
—Adiós, Avery.
Su tono resignado me rompía el corazón.
—Adiós… y gracias.
Le debía mucho a ese hombre, toda la ayuda para que pudiese solucionar el malentendido con Ray.
Si lo había ayudado a salir de la depresión como parecía, merecía una oportunidad para ser feliz.
Y dios sabía lo mucho que Ray necesitaba a alguien que lo quisiera por quién era, olvidándose del personaje público que todos veían primero.
No había ninguna duda de que era un cantante maravilloso, pero el que se quedaba solo en conocer su exterior se perdía al hombre generoso y divertido que había debajo.
Liam lo había visto. y yo estaba dispuesta a hacer lo que hiciese falta para que esta pareja no se rompiera.