RAY
Siempre me sorprendía de la magia que Avery era capaz de hacer. Me había conseguido un vuelo a Nueva York con escala en Madrid apenas unas horas después de haberle pedido que me sacara de Rumanía. Apagué el teléfono cuando llegué al aeropuerto, cansado de las llamadas de Liam.
Una tras otra tras otra. No fui capaz de cogerlo ni de leer ninguno de los mensajes que me había estado mandando. No tenía excusa ninguna para haberme traicionado como lo había hecho, así que me negaba a hablar con él y escuchar sus mentiras.
Estaba acostumbrado a que la gente se acercara a mí por mi dinero o por ser un personaje conocido, pero pensaba que Liam era distinto.
Parecía un hombre noble y sincero. Cirujano nada menos.
¿Los cirujanos no eran buenas personas? Se dedicaban a salvar a los demás, así que tenían que serlo a la fuerza, o al menos eso pensaba yo de él.
Lo tenía en un pedestal. Desde que lo conocía no había tenido más que buenas acciones conmigo.
Me había cuidado, escuchado, mimado y amado tanto, que el pedestal en el que lo había aupado era de granito.
Irrompible y tan grande como el puto universo.
E incluso ese material había estallado en mil pedazos tras su traición.
Le había mandado un mensaje antes de bloquearlo y apagar el teléfono.
No voy a perdonar tu traición, así que borra mi teléfono y nunca más vuelvas a ponerte en contacto conmigo. Eres una puta rata traidora.
Miré el trasiego de gente yendo y viniendo en un aeropuerto un día normal y corriente.
Hombres con trajes y maletines con paso apresurado, familias enteras corriendo porque se les escapaba el avión, madres desesperadas con críos llorones en brazos y hombres con cara de haberse arrepentido hacía mucho de haber querido tener hijos, o mujeres con caros abrigos acompañados de hombres mayores mirándolas con caras de adoración.
¿Qué he hecho para merecerme una diosa como esta ? parecían pensar mientras le miraban el culo sin pizca alguna de arrepentimiento.
Ya les decía yo a esos ingenuos lo que esas mujeres habían visto en ellos, lo abultado de sus carteras, ¿qué otra cosa iban a ver pibonazos de treinta años con viejos de setenta? ¡Mierda de vida, coño! Joder, cómo me dolía el corazón.
No podía apartarme de la cabeza la cara de sorpresa de Liam al ver a su hermana. ¿Sorprendido de que hubiese podido llegar hasta nosotros? ¿Que pensaba? ¿que estábamos aislados en el culo del mundo? ¿Quizás esperaba habérmelo podido decir antes para prepararme?
¿Qué su hermana era la periodista con la que nosotros trabajábamos siempre?
¿Cómo pude pensar que él era diferente? Si quería ser sincero conmigo mismo tenía que reconocer que me gustaba mucho.
Creía que era un hombre íntegro, sencillo y sin demasiadas aspiraciones.
La guerra lo había marcado, como habría hecho con todo el que haya estado en una y haya sobrevivido para contarlo, y ahora vivía como un ermitaño viendo pasar la vida sin ganas de subirse a ella. O eso era lo que yo pensaba de él.
¿Lo había conocido en realidad? ¿O solo había visto la faceta que me había querido enseñar?
¿De verdad se había dedicado a enamorarme para…
qué? ¿para traicionarme luego de esa manera?
¿Atraer a su hermana hasta nosotros para darle una exclusiva con la que ganar mucho dinero? ¿A eso se reducía todo? Qué asco todo.
Ahora solo deseaba volver a mi antigua vida y empezar a pensar en mi nueva carrera musical. Este descanso me había servido para recuperar las fuerzas.
La tragedia que había vivido con la muerte de mi grupo siempre me arañaría el corazón, como una herida sin cerrar, pero me había dado cuenta de que la vida seguía y no se paraba a esperar a nadie, así que yo pensaba subirme y volver a triunfar como había hecho siempre.
Trabajar, trabajar y trabajar, y no pensaba dedicarle ni un segundo de mis pensamientos a ese hombre solitario y arisco que había conseguido en solo varios meses, sacarme de una profunda depresión y devolverme las ganas de comerme el mundo.
—Gracias y adiós —dije en voz alta.
Un hombre que esperaba su vuelo sentado a mi lado, mirando el móvil muy entretenido, me miró de soslayo, evaluando si ya que estaba hablando solo, podía ser peligroso.
—Cosas mías, no se preocupe y siga leyendo —le indiqué con la cabeza a su teléfono y el muy idiota se levantó y se cambió de sitio sin volver a mirarme por si me volvía agresivo por su desplante o algo.
—Menudo imbécil.
La megafonía del aeropuerto avisó del embarque de mi vuelo, así que me levanté para subirme al avión y dejar atrás un pasado que por más que me pesara, me había cambiado la vida.
No volvería a pensar en Liam nunca más.
Ni una sola vez.
No se lo merecía. Era un traidor.
No pensaría en él.
¿Qué estaría haciendo ahora mismo?