Asuntos pendientes LIAM
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LIAM

—¿Entonces volverás a casa con papá?

—Sí —aunque no quería hacerlo, sabía que tenía que volver en algún momento y la petición de Ray de irnos juntos me había hecho reflexionar sobre mi futuro inmediato.

Me fui a la guerra huyendo de mi padre y del futuro que tenía preparado para mí desde que nací, y me vine aquí huyendo de la guerra, pero ya era hora de dejar de huir de todo.

Volvería a casa, aclararía las cosas con mi padre y me mudaría donde Ray quisiera.

Podía buscar trabajo en cualquier hospital— solo tengo que hablar con Ray y explicarle por qué estás tú aquí —la miré ofuscado, esperaba que no me hubiese jodido mi relación con Ray— mira que eres inoportuna, joder.

—¿Oyes eso? —me preguntó Carla mirando hacia donde se suponía que venía el ruido— ¿qué es?

Entonces lo oí yo también. Era… ¿la máquina quitanieves que se marchaba?

—¿Eso es la máquina quitanieves? —me sentí ruin por alegrarme de que le jodieran la vida a ella por una vez. Había perdió la cuenta del montón de gente que la odiaba por sacar sus miserias a la luz pública— ¡no se irán sin nosotros!

Le cambió la cara al pensarlo y se giró dispuesta a volver por donde mismo había venido. Pero reconocí el sonido.

—No es la máquina quitanieves —dije con el pánico atenazándome las costillas— eso que suena es una moto de nieve.

Ray… Fue lo único que pensé antes de echar a correr por la nieve.

—No, no, no, joder.

—¿Qué? ¿qué pasa?

Mi hermana intentó seguirme por la nieve, pero, aunque tenía las piernas largas, no podía moverse con la ligereza con la que lo hacía yo, y eso que me hundía casi hasta las rodillas. ¡mierda de nieve, joder!

Cuando llegué a la casa de Ray lo vi pasar como una exhalación sin mirar atrás. ¿Se estaba marchando sin decirme nada?

—¿Ese es Ray? —Carla miró al cámara que venía hacia nosotros— ¿has dejado que se vaya?

—Intenta pararlo tú —le contestó de malos modos— menudo carácter de mierda tiene. Ha estado a punto de romperme la cámara.

Saqué el móvil para llamarlo. Podía ver, en la puerta del cobertizo, una maleta abierta con ropa dentro, supuse que Ray la había abandonado al comprobar que en la moto no le cabía toda su ropa.

¿Por qué se había ido sin decirme nada? ¿De verdad había pensado que había sido yo el que había llamado a mi hermana? Aunque, poniéndome en su piel, esa parecía ser la única posibilidad. Él no sabía que Avery estaba detrás de todo, y ahora me tocaba a mí ser el que le diese la noticia.

—Vamos, cógelo, cógelo…

Nada, las llamadas se acabaron sin cogérmelo.

—Si piensas que me voy a dar por vencido vas listo.

Volví a llamarlo.

Una vez.

Y otra.

Y otra.

Y no obtuve respuesta.

Al final me llegó un mensaje.

—Eres despreciable. No vuelvas a ponerte en contacto conmigo, puto traidor.

Miré a mi hermana con ganas de arrancarle la cabeza. Me obligué a respirar hondo para intentar calmarme antes de hacer una tontería. ¿Cómo coño iba a poder hablar nada con él si no me cogía el teléfono? ¿De verdad iba a acabar así nuestra historia de amor? Gruñí por la frustración.

—No es por incordiarte, Liam, pero ¿puedes llamar al de la máquina quitanieves para que venga a recogernos? Aquí no pintamos nada ya y hace un frío de dos pares de cojones.

Iba a mandarla a la mierda y a dejar que se buscase la vida, pero prefería lamer mis heridas en silencio. Me ofuscaba con solo verla, así que prefería tenerla cuanto más lejos mejor.

—Lo llamo para que venga a por vosotros —eso hice.

—¿Tú que vas a hacer? ¿te vienes también?

—Tengo algunos asuntos que arreglar antes de poder marcharme.

Mil cosas que hacer. No sabía si volvería aquí, así que tenía que hablar con Anka y solucionar mil y un detalles.

—Te recuerdo lo que me has prometido.

Como si pudiera olvidarlo.

—Dame una semana y tendrás la exclusiva que te prometí.

Pero antes tenía que solucionar el problema que tenía con Ray.