Asuntos pendientes LIAM
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LIAM

Supe que, el que Carla hubiese dicho en voz alta nuestro parentesco no me iba a traer más que problemas.

Me lamenté no habérselo confesado a Ray la primera vez que me habló de ella.

Mira que era mala suerte que, entre todas las periodistas del mundo, fuese mi hermanastra la que hiciese todas las entrevistas a los Tentations .

Maldita. Puta. Suerte. La sujeté del brazo y la obligué a que me siguiera para mantener una charla privada con ella.

Mala suerte.

No la solté.

—Camina, quiero decirte un par de cositas —o retorcerle el pescuezo, no lo tenía claro.

—No puedo creérmelo —oí que susurraba Ray a mis espaldas.

Sí, bueno, yo tampoco. ¿Se podía ser más inoportuna?

—Ahora vuelvo contigo —le dije sin mirarlo, ese fue mi gran error. ¿Por qué no me quedé con él aclarando el tema en vez de hablar primero con la serpiente de mi hermanastra? — solo tardaré unos minutos. No te muevas de ahí.

—No dejes de grabarlo —dijo mi hermana al cámara —sentí pena por Ray. ¿Por qué sabía Carla donde encontrarlo?

No era fácil andar por la nieve cuando te llegaba por la rodilla.

A Carla se le enterraba las botitas de tacón, muy propio de ella no quitarse los tacones ni para dormir, y la llevaba casi a rastras.

Me hubiese reído si no estuviese tan enfadado.

Iba a solucionar el tema del acoso de Carla a Ray en este puto momento.

No iba a permitir que se siguiera alimentando de él como la garrapata de un perro sarnoso.

—Para de una vez —tiró con tanta fuerza que consiguió soltarse de mi sujeción con tanto ímpetu, que cayó en la nieve hundiéndose casi entera. Me reí mientras se levantaba toda digna y me fulminaba con la mirada.

Miré atrás para comprobar que Ray no nos podía ver, ni oír, desde la puerta de la cabaña.

—¿Qué coño haces aquí?

Saltaba a la vista que no nos caíamos bien.

Siempre había sido déspota, violenta y mala persona, pero desde que comenzó a trabajar en la televisión, su personalidad había empeorado, si eso era posible, y se había transformado en una mala pécora sin sentimientos ni remordimiento alguno por lo que podía hacerle a la gente.

Destriparlos sentimentalmente y exponerlos al escarnio público era lo que al parecer más satisfacción le producía, y que me mataran si iba a dejar que se lo hiciese a Ray una vez más.

—Trabajar. ¿Qué te crees que estoy haciendo? Pasear por esta mierda de sitio ya te digo yo que no.

—Bueno, pues vas a marcharte por donde mismo has venido, y te vas a olvidar de Ray.

—¿Y eso por qué? —me miró entrecerrando sus fríos ojos, imaginando lo que podía haber entre Ray y yo.

—Porque te lo digo yo —podía ponerme violento con ella, pero no podía obligarla a que mantuviera la boca cerrada respecto a Ray y ella lo sabía.

—¿O qué? No puedes obligarme, y ya te digo que, que seas mi hermanito no te va a ayudar lo más mínimo.

¿Por cierto? ¿Qué haces tú con él? —sus ojos se abrieron al comprenderlo— ¿eres el nuevo amante de Ray?

Eso sí que es una noticia. No puedes pedirme que me olvide de una noticia como esta. No, no lo haré.

—Te recuerdo que se cosas sobre ti que hará que nadie más quiera contratarte, lo recuerdas, ¿verdad?

—No te atreverás —había palidecido y su piel, de por sí pálida, ahora parecía macilenta. Al parecer, le preocupaba que su secretito saliera a la luz pública.

—Ya lo creo que sí. Ponme a prueba.

—Siempre puedo decir la ubicación de Ray sin hablar de ti. Mantendré tu nombre en secreto, si…

—No, no lo has entendido. Quiero que dejes de hablar de Ray para siempre. Olvídate de él, como si nunca lo hubieses conocido.

—No puedo hacer eso —parecía estar pensando en alguna alternativa— mi jefe sabe que he venido aquí a por Ray y no va a creerse que no lo he encontrado. Me juego mi puesto si no vuelvo con una historia jugosa.

—¿Y si te doy una noticia para contentarlo sin que tengas que hablar de Ray? Di que ya se había marchado o lo que sea.

—¿De qué noticia estamos hablando? —podía ver cómo su cerebro se ponía a trabajar.

—Te lo contaré todo. Te daré una noticia que contente a tu jefe, pero a cambio, me dirás quién te ha dado el chivatazo sobre su localización. Y si no dejas a Ray en paz ya sabes lo que haré con ese secretito que tanto te empeñas en ocultarle a todo el mundo.

—Vale, vas a alucinar cuando te cuente quién lo ha estado vendiendo todo este tiempo.