RAY
Liam me estaba esperando cuando salí del baño. Eso de estar dando saltos de acá para allá no era lo mío, y él, que ya me conocía como a la palma de su mano, se apresuró a cogerme por debajo de la axila para hacerme de muleta.
—Deja que te ayude. No queremos que dejes tus preciosos dientes en el suelo, ¿verdad?
No me podía quitar de la cabeza las palabras de Avery.
¿Tenía que hablarle de mis sentimientos?
Yo nunca había tenido la necesidad de hacerlo, entre otras cosas porque nunca había tenido una relación larga con nadie como para decirle que era importante para mí.
Excepto Connor, pero lo nuestro no era amor.
Follábamos a menudo, pero porque éramos amigos y nos pasábamos casi todo el año juntos.
Era un buen amigo con derechos y nada más.
No había tenido en mis treinta y tres años ninguna relación seria.
Era un picaflor, como le gustaba tanto a Avery recordarme.
Relaciones esporádicas con un montón de gente sin nombre e incluso sin cara.
Ser famoso tenía muchas cosas buenas, pero las relaciones personales sinceras no eran una de ellas.
La mayoría de la gente se acercaba a ti buscando fama y dinero.
Solo les importaba el personaje famoso, no la persona.
¿Qué era Liam en mi vida? ¿De verdad me importaba tanto como para ofrecerle la oportunidad de que se viniese a vivir conmigo?
Lo miré, intentando ver en su cara la respuesta a mi pregunta mientras nos sentábamos los dos en el sillón frente a la chimenea encendida.
Apolo vino a lamerme la mano, como si hiciese años que no me veía. Adoraba a este perro.
Liam alzó las cejas.
—Uy, que cara. ¿Malas noticias?
—No, al revés.
No sabía bien como planteárselo. ¿Querría Liam dejarlo todo para venirse conmigo?
—No sé si me gusta tu manera de mirarme. ¿Vas a contarme lo que te pasa?
Me armé de valor. Solo había una manera de decírselo y no sabría la respuesta hasta que se lo preguntara abiertamente.
—Le he contado a Avery que estoy componiendo nuevas canciones —no sé por qué empecé con esa parte de la conversación en vez de ir directo al grano. Pero también quería saber su opinión sobre mi futuro.
—Eso es bueno, —su sonrisa bailó en su boca unos segundos hasta que se borró— ¿no?
Me leía como a un libro abierto. Al parecer me conocía mucho más de lo que pensaba.
—Me ha asegurado que la discográfica estará encantada de sacar mi disco en solitario.
Sonrió feliz y le salieron unas arruguitas alrededor de los ojos. ¡Qué monas! ¡Céntrate, joder! deja de mirarle las arruguitas y el color oscuro de sus ojos que no llegaba a ser negro, pero casi, eran de un marrón muy oscuro.
—Ya te lo dije. Yo no entiendo mucho de música, pero sé lo que me gusta, y esa canción que tarareas a todas horas es una pasada.
—Que te acuestes conmigo te hace incondicional —me reí para ocultar los nervios que todo esto me estaba provocando.
—No, Ray, no te equivoques. Que me acueste contigo no impide que te diga que eres un idiota la mitad de las veces.
Era cierto, nunca había tenido pelos en la lengua para decirme lo que pensaba de mí, y en el fondo eso era lo que más me gustaba de él. Veía al hombre que había en mí, en vez de al artista que era en el que todo el mundo se fijaba. Él me veía a mí. Y yo lo adoraba por ello.
—Ahí estás tú subiéndome la moral —me reí porque, como había dicho bien claro, no tenía pelos en la lengua para hacerme ver lo idiota que era algunas veces.
—Tu ego está ya bastante crecidito, no necesitas que te regale los oídos.
—¿Sabes que eso es lo que más me gusta de ti? —¿qué estaba haciendo? Eso no era lo que tenía pensado decirle— que no te importa darme un baño de realidad de vez en cuando.
—Un placer —se acercó a besarme la punta de la nariz con suavidad y se quedó así, mirándome de cerca, por supuesto sabía que había algo más detrás de todo esto— ¿me cuentas ahora lo que de verdad te preocupa?
—Si la discográfica acepta mis canciones, tendré que volver —y ese era el quid de la cuestión.
Respiró hondo y se alejó un poco sin apartar sus ojos oscuros de mí.
—Entiendo. ¿Tienes idea de cuándo sería?
—No, no quiero que sea pronto, Liam, pero está claro que es hora de que empiece a tomar algunas decisiones.
—Bueno, ya sabíamos que no ibas a quedarte aquí para siempre.
No quise darle más vueltas.
—Quería preguntarte si te vendrías conmigo —hala, ya se lo había dicho. Respiré hondo y erguí la espalda como si me hubiese quitado un gran peso de encima.
—¿Irnos a dónde?
—Mi casa está en Nueva York, pero la discográfica está en Miami, donde también tengo una casa. Estaríamos allí mientras grabo el disco, podías venirte conmigo y buscar trabajo de médico en algún hospital o no hace falta que trabajes, tengo dinero más que suficiente para…
Se separó de mí y estiró los brazos como si temiera que me lanzara contra él.
—Vale, vale, stop que te embalas —me dijo sonriendo. Yo cogí aire sin darme cuenta de que había estado hablando de corrido y ni siquiera había respirado— no voy a irme contigo para que me mantengas, que lo tengas claro.
Me desinflé como explota una pompa de jabón, ¡pop!
Pero si no se venía a vivir conmigo no sabía cómo podríamos seguir juntos. De repente la idea de volver a mi vida sin él empezó a agobiarme y me obligué a cerrar los ojos y a respirar despacio.
—Vale, lo entiendo —¿por qué había pensado que le importaba a este hombre lo suficiente como para que dejara su vida aquí y se viniera conmigo? El sexo era alucinante, pero sabía que le pedía demasiado. Qué iluso. Pero mi corazón se rompió, y lo miré pensando que había tenido que oír el crujido.
—Ni siquiera me has dicho lo que sientes por mí. ¿Para qué quieres que me vaya contigo? ¿Qué es esto que tenemos Ray? ¿Qué soy para ti?
¿En serio me estaba preguntando eso? ¿No se había dado cuenta de lo mucho que me gustaba?
—Me gustas mucho —dije en voz baja, algo avergonzado por tener que reconocerlo de esta manera— pensé que te había quedado claro después de este tiempo. No ha sido solo sexo, aunque reconozco que me gusta mucho follar contigo. Además, la chupas mejor que…
Se acercó a y me alzó la barbilla con uno de sus dedos.
—Calla ya. Nunca des los sentimientos por sentado —me confesó— tú también me gustas mucho, es justo que lo sepas y para mí tampoco ha sido solo sexo.
Eso me tranquilizó un poco. ¡Menos mal! Ya me sentía lo suficientemente violentado como para que me dijera que solo había sido un polvo placentero o una cama caliente en esta montaña tan inhóspita.
—¿Y ahora qué? ¿has pensado alguna vez en qué haríamos cuándo me fuera? ¿Qué será de lo nuestro? Yo no puedo quedarme aquí indefinidamente. Lo sabes ¿no?
—Sí —se acercó de nuevo y me besó con suavidad en los labios— pero ya veremos cómo lo solucionamos cuando tengas que irte.
—Vale —asentí sujetándole de la nuca para acercármelo más a mí— ahora fóllame como solo tú sabes.
Se rio divertido, pero me acercó a su cuerpo todo lo que podía.
—Tan romántico como siempre —Y me tumbó en el sillón mientras se tumbaba sobre mí para notar su ya creciente erección— mira cómo me tienes ya.
—Bien —me relamí los labios y lo acerqué de nuevo para poder besarlo más— esa era la idea.