Asuntos pendientes AVERY
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AVERY

Necesitaba hablar con Ray y enterarme de si Carla se había puesto en contacto con él.

Esa buitre me había obligado a darle su número de teléfono, cosa que siempre había evitado, pero esta vez no había podido usar los métodos habituales.

Siempre concertaba una entrevista entre ellos para dar a conocer sus nuevos temas o alguna noticia relevante.

Al fin y al cabo, Ray solía estar siempre accesible y esas entrevistas habían bastado para mantenerla contenta.

Evidentemente, desde el accidente las cosas habían cambiado, y ella estaba desesperada por tener alguna primicia de la nueva vida de Ray, y también de lo que pensaba hacer con su futuro.

Odiaba verme en esta situación, pero ya era demasiado tarde para ponerle solución. Aunque le contara la verdad a Ray, cosa que había pensado mil veces, si ella hablaba de lo sucedido, mi ética profesional estaría en entredicho, y ese tipo de manchas en mi currículum no se borrarían nunca.

Sonó contento y eso me alegraba de verdad.

—Anda que me llamas, tío capullo.

Se rio bajito y eso me hizo reír a mí también.

Me gustaba mucho oír al Ray de antes. Había estado muy preocupada por él.

De hecho, no pensaba que hubiese sido buena idea lo de emigrar a una montaña perdida en Rumanía, pero era tozudo como una mula vieja, así que no me había quedado otra que dejarlo hacer las cosas a su manera.

—¿Hace cuánto que hablamos? ¿dos días, tres?

—Los que haga —tres días para ser exactos, pero necesitaba tener noticias de si había hablado con Carla y lo que le había podido pedir— me gusta hablar contigo. Punto.

—Vale, mamá —suspiró resignado— por aquí todo bien. Sigue haciendo un tiempo de mierda y Liam está en modo médico capullo.

No oí lo que le dijo Liam, pero Ray se rio de nuevo. Entonces entendí lo que me había dicho.

—Espera, espera… ¿Has dicho en modo médico? —me lo imaginé quemado en un accidente de cocina o medio comido por lobos, u osos, o los bichos salvajes que habría por allí— ¿Qué te ha pasado ahora? ¿estás bien?

—Sí, sí. No te vuelvas loca. Tuve una estúpida caída en el bosque y me golpeé en la cabeza, pero estoy bien.

Recordé lo peligrosos que podían ser los golpes en la cabeza y eso me hizo sentir taquicardias.

—¿Estás seguro? Mira que los golpes en la cabeza pueden ser muy peligrosos y…

—Estoy bien. Liam es médico, ¿recuerdas? —eso era verdad. Él debía saber bien si era peligroso, ¿verdad? —cirujano militar —aclaró, como si eso fuese un nivel superior en medicina o algo así— el capullo me ha estado controlando el sueño por si se me ha fundido alguna neurona o vete a saber el qué.

—Tenías que haberme avisado. ¿Habéis ido a un hospital? ¿Te han hecho algún tipo de prueba?

—¿Hospital, Avery? —bufó desde el otro lado— sí, claro, vino un helicóptero a sacarme de aquí.

Que estamos rodeados de nieve por todas partes—me recordó— pero estoy bien.

Ahora solo tengo que recuperarme del puñetero tobillo que también me lo torcí y me tiene de lo más frustrado.

No puedo ir a ningún sitio sin que Liam me tenga que hacer de muleta ¿te lo crees?

Me los imaginé a los dos abrazados moviéndose de un lado a otro por la cabaña. Estaba deseando conocer a Liam. Algo me decía que lo de ellos podía ser algo más que un romance de invierno. No me pude resistir a cotillear un poco.

—Hablando de Liam, ¿qué tal? sigue viviendo contigo ¿no?

—Sí, claro. Volvemos a estar incomunicados con el pueblo.

Él puede irse a su cabaña siempre que quiera, pero parece ser que prefiere quedarse aquí conmigo —bajó la voz como si me estuviese contando un secreto, aunque yo sabía que estaba a su lado oyéndolo todo.

Al fin y al cabo la cabaña no era un palacio para poder cambiar de habitación y buscar privacidad.

—¿Habéis hablado ya de lo que vais a hacer cuando pase el invierno?

—Me voy a la habitación —dijo en voz alta, supuse que para avisar a Liam— Sí, dando saltitos, ¿no me ves?

—Lo oí reírse y algunos otros ruidos que al parecer hacía mientras daba saltos para alejarse de Liam.

Que no quisiera que se supiese nuestra conversación me decía que podía ser más importante de lo que parecía— ahora no me oye. ¿qué me habías dicho?

—Que si habéis hablado del futuro fuera de esas montañas.

—Sí, bueno, no exactamente. No hemos hablado de sentimientos ni de planes de futuro si es lo que estás preguntando.

—¿Por qué no? —esperaba que esta relación que parecía hacerle tanto bien se prolongase en el tiempo.

—No lo sé. Me da miedo saber que solo le intereso mientras esté aquí con él.

—Pero él te gusta ¿no?

—Sí, claro. Pero sabes lo que es mi vida en Nueva York. Días enteros de grabaciones y viajes interminables de gira. ¿Quién en su sano juicio querría vivir así? Y en Miami es peor todavía.

—No lo sabrás hasta que no se lo preguntes —y me atreví a preguntarle lo que sabía era lo más difícil para él— ¿Ya sabes lo que vas a hacer cuando vuelvas?

—Sí, quiero probar suerte cantando en solitario.

Me alegré tanto como si me hubiese tocado la lotería.

—¿En serio? ¡Eso es fantástico, Ray…!

—Espera, espera, no te alegres tanto. No tengo ni idea de si alguna discográfica estará interesada…

—Pásame las canciones que tengas y déjame que les eche un vistazo antes de mover algunos hilos.

—¿Cómo sabes que tengo canciones nuevas?

—Porque te conozco, Ray. Y eres músico por encima de todo lo demás. Mándame esas canciones y déjame el trabajo a mí. Te diré algo en cuanto me contesten —respiré hondo antes de hacerle la pregunta del millón— pero ¿estás listo para volver?

—Sí, o por lo menos eso creo.

—Entonces habla con Liam y dile lo que sientes por él. No sabrás lo que piensa hasta que no se lo preguntes.

—Ya.

—Mándame las canciones cuanto antes, anda. Me acabas de hacer muy feliz —estaba dando vueltas por la oficina como si oyera una música que me hacía girar sin parar. Por fin las cosas parecían que volvían a la normalidad. Me moría por ver a Ray resucitar de las cenizas como un puto ave fénix.

—No cantes victoria todavía. A lo mejor son una mierda.

—Los dos sabemos que no lo serán. Habla con Liam.

Y cuando colgué recordé que lo había llamado para hablar de Carla. ¡A la mierda! ¡Qué se jodiera!