Asuntos pendientes RAY
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RAY

Yo no era buen enfermo. Que soy un culo inquieto, lo sabía todo el que me conocía, y si no que le preguntaran a Avery que decía que la ponía nerviosa cuando estaba más de media hora en mi compañía, así que, cuando Liam se dedicó a despertarme cada dos horas o así para comprobar no sé qué de mi cabeza, salió a pasear mi mal humor y no estoy orgulloso del montón de calificativos que le solté, ninguno bueno, no os vayáis a creer.

Tenía que reconocer que era muy original soltando maldiciones y tacos, pero si algo me jodía más que estar sin poder moverme a mi antojo por el esguince de tobillo y el dolor de cabeza, que no se me había quitado del todo, era que me despertaran por el motivo que fuera.

Si Liam no se había marchado esos días en los que estuve convaleciente después de insultarlo en un montón de idiomas, era porque le importaba más de lo que debería preocuparse por un simple vecino, ¿no?

Se había convertido, sin esperarlo siquiera, en el pilar inamovible de mi vida. Ese que me sostenía cada vez que mi mundo se tambaleaba, que era bastante a menudo. Ya no era capaz de imaginar mi futuro inmediato sin él.

—Déjame dormir o te cortaré las pelotas y se las echaré a Apolo para el desayuno.

Él se limitaba a reírse, ¡a reírse!, sin hacerme ni puñetero caso, y me abrazaba de nuevo para acurrucarse contra mi espalda hasta que me volvía a quedar dormido entre sus brazos.

No se me quitaba de la cabeza, la sensación de catástrofe que sentía en las tripas cada vez que recordaba la llamada de la periodista. Algo me decía que mi tiempo en esta montaña se me acababa y yo necesitaba más tiempo para poder aclarar mis sentimientos por Liam.

Sabía que le importaba, pero ninguno de los dos nos habíamos atrevido a hablar con claridad.

Yo le quería proponer que se viniese conmigo a Estados Unidos, podía volver a trabajar como médico o podía simplemente acompañarme en mis giras y darme fuerzas.

Me aterraba lo que me esperaba a mi vuelta y todo sería mucho más fácil si lo hacía con él.

¿Le importaba lo suficiente como para querer acompañarme?

¿Dejaría su tranquilidad aquí para venirse conmigo a vivir siempre rodeados de paparazzis estudiando mi vida con lupa para desgranarla luego en los programas del corazón?

¿Era capaz de hacerle eso?

¿Era la vida que yo quería?

¿De verdad quería volver a esa vida?

Últimamente me llamaba la idea de cantar en solitario.

Entre las canciones que había empezado a componer, había algunas que sabía que eran buenas.

Yo siempre había compuesto nuestras canciones, además, a la discográfica le gustaban, y aunque las canciones que componía ahora eran distintas, se ajustaban muy bien al estilo que quería al cantar en solitario.

La pregunta era si habría alguna discográfica que quisiera darme una oportunidad para lanzar mi nueva carrera.

Todas estas dudas me daban vueltas y vueltas en la cabeza y era incapaz de borrarlas.

Era un tío muy resolutivo y tan impaciente, que no me gustaba esperar por ningún motivo.

Cuando quería algo, lo quería para ya, y no entendía la necesidad de esperar un momento adecuado.

¿Esperar para qué? ¿Cuándo era el momento de volver a coger las riendas de mi vida? ¿Quién decidía el mejor momento?

—Duérmete y deja de darle vueltas a la cabeza —me dijo Liam al oído.

—Te recuerdo que me has desvelado tú —le recriminé sin demasiada acritud.

Aunque me molestaba que me despertara, sabía que lo hacía por mi bien, bajo prescripción médica, podíamos decir, así que no le podía echar en cara que se preocupara por mí.

Sentir su cuerpo desnudo pegado a mi espalda y su voz en mi oído, me provocó un escalofrío seguido de una erección que creció en un suspiro.

Mi apetito sexual era difícil de aplacar, pero Liam estaba a la altura, vaya si lo estaba.

Cogí su mano, que descansaba en mi vientre, y la bajé más abajo para que sintiera que había despertado a la bestia.

—¿Esto te lo he provocado yo? —preguntó en mi oído mientras me sujetaba la polla con la mano y comenzaba a moverla de arriba abajo con lentitud.

—Sí —contesté con voz ronca mientras movía mis caderas para provocar más fricción con su mano— ¿Qué piensas hacer al respecto?

Él se río a mi espalda y me soltó la polla para colocarme boca arriba en la cama y comenzar a bajar por mi cuerpo mientras lamía y mordía por donde iba pasando.

—Bueno… ya que es culpa mía, creo que es justo que lo solucione —me dijo mordisqueando mis abdominales sin tener prisa en bajar hasta donde lo quería tener.

—Más abajo —le pedí mientras intentaba empujar su cabeza con las manos.

—Mira que eres impaciente —se rio mientras bajaba hasta mis caderas y me besó la punta de la polla.

Ahí quería tenerlo, joder. Tenía una boca mágica, y que me comiera la polla era una de las cosas que más me gustaba que me hiciera. Entre otras muchas guarradas, claro.

—Justo ahí —indiqué elevando mis caderas de nuevo.

Se la metió en la boca mientras me acariciaba los testículos con las manos.

Gemí en voz alta y elevé las caderas para que se la metiera más adentro.

Le sujeté la cabeza porque me gustaba ser el que le follara la boca.

Él se dejaba hacer mientras comenzaba a moverme con más velocidad.

Era algo tan placentero que apenas duraba nada, pero luego se lo compensaría.

Le dejaría que me follara hasta la extenuación.

No era mal plan. Seguí follándome su boca hasta que me corrí minutos después.