RAY
Para mí, meterme en una bañera de agua muy caliente, como me gustaba, era el mejor momento del día.
Así que, cuando me introduje en el agua para sentarme entre las piernas de Liam, porque no cabíamos de otra manera, solté un suspiro de alivio como si todos mis problemas se hubiesen solucionado por arte de magia. ¡Qué a gustito, por Dios!
—Tienes toda la espalda llena de arañazos —me dijo Liam ayudándome a acomodarme entre sus piernas— ven —me senté y me dejé caer sobre su ancha espalda— estás hecho un cristo —me besó el hombro con suavidad— no sé qué hubiese pasado si no se me hubiese ocurrido salir en tu búsqueda.
—No seas dramas —mira quién fue a hablar— lo tenía todo controlado.
—Que morro tienes —pero se rio bajito que era lo que buscaba.
—Aquí dentro no se está del todo mal —susurré relajando mis doloridos músculos por los golpes que me dolían como si me hubiese atropellado un camión.
—No vayas a dormirte —me movió un poco para evitar justo eso.
—No te aseguro nada —volvió a moverme y me quejé por la punzada que me dio la cabeza como si me la atravesaran con un punzón— ay, pero ¿qué pasa contigo? ¡Estás tonto! Mi cabeza, joder.
—Por ese mismo motivo no puedes dormirte, tienes una conmoción por el golpe y…
—Ya, ya, ya me sé la cantinela.
Mi teléfono comenzó a sonar y lo cogí de encima de la tapa del váter donde lo había puesto cuando me desnudé. Parpadeé confundido al ver el nombre de la persona que llamaba.
—¿Qué coño? —sacudí la cabeza con cuidado pensando que el golpe me había jugado una mala pasada y estaba viendo que me llamaba la periodista a la que más odiaba de todo el universo.
—¿Qué ocurre?
—No puede estar llamándome esta mujer —dije en voz alta— nadie tiene mi teléfono personal excepto Avery y mis allegados—que ya nunca más iban a volver a llamarme. Me entristecí al recordarlo. ¡Qué mierda todo joder!
—¿Una periodista? ¿No decías que no tenían tu teléfono?
Le enseñé la pantalla para que lo comprobara él mismo. No teníamos secretos, o por lo menos yo no los tenía. Habíamos estado consolándonos mutuamente desde que nos conocíamos.
—¿Y cómo ha conseguido tu teléfono?
Eso me preguntaba yo también.
—Ni idea. Pero esa tía es el demonio en persona, no me extraña que consiga todo lo que quiere, me da escalofríos solo de pensarlo.
Le quité la voz al móvil para que dejara de sonar. Si no se lo cogía se cansaría de llamar, ¿verdad?
—¿Por qué trabaja Avery con una periodista así? —antes de que le contestara añadió— bueno, los escándalos es lo que más le gusta a la gente. Pero tú no estás listo para hablar del accidente ni nada de eso ¿verdad?
—No voy a dar entrevistas de lo que ha pasado ni de cómo me siento ni nada de eso ¿por quién coño me han tomado? ¿de veras piensa esa mujer que voy a hablar de mi grupo? Están muertos, joder. Y fue por mi culpa y…
Intenté ponerme de pie porque sentado no me llegaba el aire a los pulmones. Estaba tan rabioso que sentía deseos de golpear algo, repetidas veces. Muchas veces.
—Ray… —intenté zafarme de sus manos, pero no me dejó levantarme.
Mis pulmones seguían bloqueados y me resultaba imposible llenarlos de aire.
Me asusté, el pánico empezó a dominarme y gemí como un animal indefenso apartado de su madre.
¿Qué estaba pasando? — Ray, respira, ¿vale? Solo tienes que respirar.
Respirar, sí, eso era. Tenía que respirar. Pero, aunque me relajé de nuevo, o lo intenté sobre su pecho, no conseguí respirar y jadeé, presa del pánico. Me moría, me iba a morir allí en esa bañera y le iba a joder el día a Liam…
—Ray, respira conmigo ¿vale? Puedes hacerlo, estás teniendo un ataque de ansiedad, tienes que respirar despacio, respira conmigo…
Cuando intenté relajarme dejándome llevar por su voz tranquila y suave, pude, por fin, coger algo de aire, y entonces su tono de voz pausado y en calma como las aguas de un lago, me ayudaron a que mis pulmones se relajaran.
No era el primer ataque que me daba. Cuando empecé en el mundo de la música, me pasaba a menudo cuando me tocaba salir a cantar.
Luego ya empecé a relajarme un poco más, pero tenía una facilidad pasmosa de que me dieran ataques con los que parecía que iba a palmarla por falta de oxígeno.
Es curioso cómo algo que hacemos sin pensar, como es respirar, puede convertirse en toda una odisea cuando te da uno de esos malditos ataques.
—¿Estás mejor?
¿Lo estaba? Mi corazón seguía latiendo desbocado, como las alas de un colibrí, pero por lo menos estaba respirando.
—Sí.
—Tu reacción dice muy claro que no estás listo para hablar de lo sucedido y si Avery está detrás de esto, también deberías decírselo.
— Avery no va a darle mi teléfono a esa arpía, nunca me haría eso, pero lo que me asusta es que esta mujer pagaría lo que fuera por saber dónde estoy, y a veces el dinero es muy mal consejero.
Liam se rio por la nariz.
—Es bueno saberlo. Resulta que puedes ser una mina de oro después de todo, ¿no?
—No lo sabes bien. Soy un partidazo aquí donde me ves —o lo era, antes de todo lo que había pasado. Ahora ni siquiera sabía quién era, ni lo que iba a hacer con su vida.
—Sí que lo eres. Ahora déjame enjabonarte bien para que podamos salir de aquí y puedas comer algo para tomarte las pastillas.