Asuntos pendientes LIAM
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LIAM

Vi salir a Ray de la habitación vestido con innumerables capas de ropa y con mis botas de montaña puestas, con lo que las odiaba y algo me dijo que pensaba salir con el frío que hacía.

—¿Vas a algún sitio?

No pensaba que fuera tan inconsciente. Además, era terriblemente friolero así que no sabía qué era lo que se proponía.

—Voy a salir a dar un paseo.

Se acercó para darme un rápido beso en la boca con sonido y todo, y se encasquetó mi gorro de lana y mis guantes porque sí, porque podía.

Miré por la ventana, y aunque no nevaba en ese momento, había salido antes para meter leña y hacía un frío de mil demonios. No entendía qué le había picado para querer salir sin necesidad.

—¿Estás de coña? ¿Has visto el frío que hace ahí fuera?

Ni siquiera miró por la ventana, al parecer lo tenía más que claro.

—¿Qué mosca te ha picado para querer salir hoy?

Se encogió de hombros sin contestarme y eso me empezó a poner de mal humor.

Era terriblemente irresponsable y no era capaz de darse cuenta de cuándo se ponía en peligro.

Yo odiaba hacerle ver las cosas, quizás porque no me gustaba que nadie me dijera lo que tenía que hacer, pero es que él era tan inconsciente…

—Ray…

—¿Qué? —empezaba a perder la paciencia. Bien, yo también.

—¿A dónde quieres ir con el tiempo que hace?

Abrió la puerta de un fuerte tirón y me miró desde allí.

—Estoy harto de estar encerrado, necesito salir y tomar el aire fresco.

Lo entendía, pero como yo me encargaba de salir casi todos los días para cortar y acarrear la leña, hacía algo de ejercicio, en cambio él se pasaba el día componiendo música y bebiendo café. Para un culo inquieto como él debía ser duro pasar tanto tiempo con una vida tan sedentaria.

—No es buena idea…

—¿Quieres dejar de decirme lo que puedo hacer? —me replicó enfurruñado.

—Solo intento ayudarte —a la mierda mi paciencia también— no hace un día para salir a pasear como si estuvieses en las playas de Malibú o en Central Park, salir aquí, con tu instinto nulo de supervivencia, es ponerte en peligro. No puedes ser tan inconsciente, joder.

—¿Qué no? Lo vas a ver en persona.

Y cerró la puerta de un portazo.

—¡¡Como se te ocurra perderte dejaré que te coman los putos lobos!! —le grité para que me oyera.

—Pues que les aproveche— me gritó de vuelta.

No pensaba ir a por él.

El tiempo iba a cambiar de un momento a otro, y si no volvía rápido, lo pillaría fuera y se perdería como la ventisca fuera intensa. ¡Qué mierda! Aunque hiciera un sol espléndido y lo acompañara Apolo, que sabía volver a casa desde cualquier parte, se iba a perder.

—Mierda de vida, joder. No pienso preocuparme por ti, principito mimado e inconsciente.

A quién iba a engañar. No había salido por la puerta y ya estaba pensando en el montón de problemas en los que podía meterse simplemente por perderlo de vista unos instantes.

Caerse por la ladera de la montaña. Sentarse y quedarse congelado.

Que se lo comieran los lobos, ese pequeñajo al que le dio la leche sería el primero en darle el primer bocado.

Caerse y romperse una pierna y quedarse tirado en la nieve…

—Mierda puta, joder.

Cogí mi chaquetón y maldije a Ray, otra vez, por llevarse mis guantes y mi gorro de lana. Saldría a buscarlo, y lo acompañaría a donde quisiese ir. No iba a quedarme tranquilo sabiendo el montón de cosas que podían pasarle en un momento.

—No me mires con esa cara y no me juzgues —le dije Apolo mientras me abrochaba el abrigo y me ponía el gorro, antes de coger las llaves para salir tras mi …

vecino, eso es lo que era. Un vecino molesto, quejica y tan inconsciente como un crío de cinco años— haría lo mismo por cualquier otra persona.

No es que él me importe más que nadie. No es eso.

Claro que no, tú sigue mintiéndote a ti mismo que se te da genial.

Cerré la puerta al salir, tras asegurarme de que no había peligro de que se cayesen troncos de la chimenea y saliese la casa ardiendo.

Fuera hacía mucho más frío del que me suponía.

Aunque no nevaba todavía, el cielo lleno de nubes oscuras preñadas de nieve, prometía que la tarde iba a ser un infierno, así que tenía que encontrar a Ray antes de que se alejara demasiado.

Miré el reloj comprobando la hora que era y el tiempo que hacía que había salido de la casa.

Menos de media hora. No podía haberse alejado mucho en ese tiempo. ¿verdad?