Asuntos pendientes AVERY
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AVERY

Cinco años antes

Cuando cogí el dinero de la cuenta de Ray sin decírselo, algo se rompió dentro de mí que hasta el día de hoy no he conseguido recomponer.

Cuando has tenido por bandera la honestidad, y no has sido nunca capaz de robar ni un miserable paquete de chicles cuando era una niña…

esa regla moral autoimpuesta se rompió. Desde ese día pensaba que Ray lo sabía y me miraba esperando a que tuviera las narices de contárselo.

Si solo lo hubiese hecho una vez, podría haberlo solucionado con rapidez ya que cobraba por comisión y los meses siguientes a mi “robo” mis representantes se multiplicaron me hicieron ganar el dinero suficiente como devolverlo.

Lo que sucedió es que cuando un vividor tiene acceso a un filón de oro como lo era yo con mi hermano, nunca iba a parar. ¿Por qué debería hacerlo si me tenía cogido por los ovarios y no pensaba soltarme? Era mucho más fácil pringarme a mí que ponerse a trabajar.

No había sabido nada de él desde que le saqué las castañas del fuego hacía ya un par de meses, y cuando lo vi entrar en mi oficina supe que quería más, porque por supuesto no venía a darme los buenos días.

No me equivoqué.

—¿Qué haces aquí?

Cerró la puerta de mi despacho y se sentó ante mi mesa con toda la tranquilidad del mundo. ¡Tendría poca vergüenza!

Mi corazón se aceleró y mis manos comenzaron a sudarme. No lo quería aquí. No lo quería cerca de mí, ni por supuesto quería tener nada más que ver con él por el resto de mis días.

—Buenos días para ti también, hermanita.

Me sonrió con esa sonrisa taimada que me decía que no me iba a gustar lo que tenía que decirme.

—No sé a qué has venido, pero no me interesa, así que, por favor, lárgate.

—Qué maleducada —chistó con la boca en un gesto molesto— solo he venido a ver a mi hermanita. No esperaba que me recibieras así.

—Ya me has visto, buenos días y adiós.

Le señalé la puerta sabiendo que no se iría hasta que me dijera lo que había venido a decirme, pero se iba a llevar una gran sorpresa.

—No puedo irme hasta decirte que vuelvo a necesitar dinero, ya sabes…

—No me importa una mierda lo que tú necesites, quiero que te vayas y te olvides de mí.

Estaba tan furiosa que me entraban ganas de darle un puñetazo en la cara y eso que yo odiaba la violencia física por encima de todo.

—No puedo hacerlo, necesito…

—Me importa una mierda —repetí sin dejarlo hablar.

Me sorprendió su rapidez, se levantó y me cogió una mano tirando de mí para acercarme a él por encima de la mesa. Ahogué un gemido, tanto por la sorpresa como por lo fuerte que me sujetaba la muñeca.

—Escúchame y déjame hablar, joder —me quedé callada, estupefacta por su agresividad.

Me pregunté qué había pasado con el niño tan dulce que era.

Me miraba con tanta frialdad que no reconocía en él al niño que yo adoraba.

¿Qué le había pasado estos años para convertirse en este monstruo sin corazón?

—Quiero doscientos mil y los necesito para antes del viernes. ¿me oyes?

—No pienso darte una mierda.

—¡Oh, ya lo creo que sí! —su sonrisa me dio escalofríos.

¿Dónde me había metido por intentar ayudarlo?

Estaba dispuesta a hablar con Ray si hiciera falta, pero no pensaba dejar que me chantajeara de nuevo— ¿qué crees que pensará tu cantante favorito cuando se entere de lo que le has hecho? ¿crees que seguirá confiando en ti?

—Se lo diré yo misma si hace falta. No voy a permitirlo de nuevo, ¿me oyes? Búscate a otro tonto que te pague tus putos vicios.

—¿Y si fuera a la prensa con la historia?

Eso sí que me dejó helada. Era un farol. No podía pensar en hacerme eso. No tiraría mi carrera por la borda. Ni siquiera él era tan desalmado.

—No lo harás —o en el fondo de mi alma, eso esperaba, porque un escándalo así me destruiría por completo. Nadie más me contrataría y aunque se lo hubiese hecho a uno solo de mis representantes, los demás pensarían si también les había estado robando con las comisiones.

—¿Estás segura? Tengo una reunión con una periodista bastante hija de puta, por lo que he oído, que estará encantada de pagarme lo que le pida por la noticia de que la representante de los Tentations roba dinero al grupo. ¿Qué imagen de ti daría eso? ¿lo has pensado?

Me quedé sin habla.

Cuando me soltó me quedé sentada en el sillón con sus palabras en mi cabeza. No tenía fuerzas para mantenerme de pie, ni siquiera podía respirar ni mucho menos defenderme. Estaba acabada. Por mi propio hermano. Por mi familia. ¿Era capaz de vender la historia a una periodista?

—Si no me crees, esta tarde a más tardar tendrás noticias de ella.

Y se marchó sin mirar atrás, sin importarle que mi vida se hubiese ido a la mierda directamente.

¿Cómo iba a salir ahora de esto sin que el escándalo salpicara mi carrera? ¿Y Ray? ¡Dios mío, Ray!