Asuntos pendientes LIAM
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Estábamos tumbados en el sillón, cada uno con un vaso con varios dedos de whisky, mirando el fuego después de una suculenta comida. Habíamos cogido la costumbre de hacernos preguntas después de comer, tanto para pasar el rato como para aprovechar y conocernos mejor.

Me daba miedo preguntarle a Ray lo que pensaba hacer en los próximos meses.

No era tan iluso de suponer que querría pasar aquí más tiempo del necesario.

A quién iba a engañar. Se había venido huyendo de sí mismo tras el accidente, pero su alma rota estaba empezando a sanar, y eso equivalía a tener que volver, y enfrentarse a la situación que había dejado aparcada tras el accidente.

Su vida estaba en pausa, pero no iba a seguir así para siempre.

A mi pesar me había acostumbrado a tenerlo conmigo.

Era un conversador incansable, y se pasaba el día contándome anécdotas sobre sus viajes y sus conciertos.

Pero a mí me gustaba escucharlo. Había estado tanto tiempo solo, que ni siquiera me había dado cuenta de que echaba de menos conversar con alguien y, sobre todo, el contacto humano.

Yo no era un hombre excesivamente pegajoso, pero Ray parecía un gato mimoso, así que podíamos pasarnos el día abrazados solo piel con piel, ni siquiera necesitábamos más.

Ray había empezado a componer de nuevo. Era un gran paso en su recuperación y desde entonces, podía pasarse horas enteras escuchando música y componiendo en una libreta que ya comenzaba a llenarse.

Decía que todavía no estaba listo para mandársela a Avery, pero en algún momento, desearía volver a su vida y abrirse un nuevo camino en la música, ahora posiblemente como solista.

Tenía una voz impresionante, y sabía, incluso antes que él, que la música era su mundo y que volvería a brillar sobre los escenarios, así que lo nuestro, lo que quiera que fuese, tenía fecha de caducidad, aunque ninguno quisiésemos decirlo en voz alta.

—¿Eres creyente?

Yo había dejado de creer desde que estuve en la guerra. Demasiado horror para pensar que había un Dios que hacía la vista gorda ante esas matanzas injustificadas.

—De pequeño iba a la iglesia con mis padres, pero desde que empecé en la música no tuve tiempo de creer en nada más.

—¿Tienes algún deseo por cumplir? —últimamente pensaba en mi vida también, en lo que iba a hacer cuando Ray se marchase.

Quedarme allí solo e incomunicado en la nieve todos los inviernos, había perdido su significado.

Ahora me empezaba a apetecer hacer cosas.

Viajar, por ejemplo, y conocer mundo, o quizás volver a ejercer en un hospital, en fin, hacer algo más con mi vida en vez de verla pasar.

Incluso empezaba a pensar en recuperar la relación con mi padre.

Dio un sorbo al vaso mientras me miraba divertido. Esa sonrisa canalla que ponía me decía que iba a soltar una tontería de las suyas.

—¿Sexual? —¿veis lo que decía?

—Dudo mucho que tengas deseos sexuales sin cumplir con la vida que has tenido que llevar. Digo a nivel personal.

Se quedó unos segundos pensando, mirando al fuego como si él pusiese darle una idea de lo que decir.

—Bueno, me hubiera gustado mucho cantar con algunos grandes cantantes que ya no están.

—¿Cómo quién?

—No sé… —se rascó la nuca pensando, lo hacía a menudo cuando tenía que buscar una respuesta— Michel Jackson por ejemplo o John Lennon, no sé, ese tipo de cantantes.

—Habría ido a veros si hubieses cantado con cualquiera de esa gente.

—Habría sido fantástico. ¿y tú, tienes sueños por cumplir?

La idea me vino de repente, ni siquiera me había molestado en pensarlo con detenimiento.

—Quizás volver a trabajar en un hospital, pero nada de volver a ninguna zona de guerra.

—La vida más tranquila, ¿no?

—Sí, no estoy hecho para seguir órdenes ni ver miembros destrozados —me estremecí al recordar algunos de los casos que había tenido de tratar— me empiezo a hacer mayor para tanta sangre y tantas desgracias sin sentido.

—Se me hace difícil verte en el ejército —se rio de lo que fuera que estuviese pensando— te imagino dándole un puñetazo a un superior por mandarte algo con lo que no estuvieses de acuerdo.

Sonreí ante la imagen que había evocado.

—No, la vida militar no es para mí. ¿Qué te ves haciendo dentro de...— no quise decirle un corto periodo de tiempo porque quería que pensase en un futuro más lejano—… no sé un año? ¿cinco?

Suspiró y se quedó callado.

—No lo sé. Me da miedo volver a la música.

Quizás ya nadie se acuerde de mí. Odio a los paparazzis por encima de todo, y hay una periodista a la que odio aún más.

No estoy listo para contestar preguntas personales, ¿sabes?

Aquí me encuentro a salvo —me miró con sus ojos azules brillantes por el fuego— no quiero plantearme nada todavía.

—Pero tu mundo es la música —me atreví a decirle— no vas a quedarte aquí eternamente.

—¿Ya quieres echarme?

Aunque se rio intentando quitarle importancia, los dos sabíamos que tenía razón y los dos, por diferentes motivos, decidimos cambiar de tema.

—No —le quité el vaso de las manos y lo puse en el suelo junto al mío. Lo besé con suavidad mientras me tendía sobre su cuerpo en el sillón— me gusta tenerte aquí.

Y lo besé con más intensidad, dispuesto a aprovechar el tiempo que nos quedara juntos.

Algo me decía que estábamos en tiempo de descuento. Ray estaba listo para volver a su vida, pero yo no estaba listo para dejarlo marchar todavía. Nunca estaría listo para eso.