Asuntos pendientes LIAM
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LIAM

Me duché a la carrera y llamé a Anka mientras me secaba el pelo con una toalla.

—De eso quería hablaros, ¿está Blake por ahí? Necesito hablar con él urgente.

Me gustaba que estos ancianos se preocuparan por mí. La verdad es que,

si no fuese por ellos, esto sería mucho más solitario y triste de lo que en realidad era.

—Necesito que vengas aquí arriba. Estoy atrapado dentro de la cabaña de Ray y tenemos la puerta bloqueada. Necesitamos comida y sobre todo ayuda para desbloquear la puerta y poder salir de aquí. ¿Crees que podrás hacer algo antes de que cambie el tiempo otra vez?

Por Dios que el tiempo aguantase.

No había querido preocupar a Ray, pero nuestra situación comenzaba a ser preocupante. Apenas nos quedaba comida enlatada, y por supuesto nada, de carne ni productos frescos. Y la leña también se nos había acabado la noche anterior.

—Vale, hablaré con Frank que tiene la máquina quitanieves e iremos para allá. Me llevaré ayuda para poder quitar la nieve de la entrada a las casas y le diré a Anka que vaya a comprar comida.

—También necesitaremos leña —recordé sobre la marcha. Mi cabeza iba a cien, aún tenía el cuerpo en off tras el orgasmo, pero me estaba activando por segundos según hablaba— en mi casa no me queda, aunque sé que Ray tiene un montón en el cobertizo pero la tiene sin cortar.

—Vale, tranquilo. Me llevaré a voluntarios que siempre ayudan cuando el pueblo se bloquea.

—Dile a Anka que compre varios sacos de pienso para Apolo por si acaso.

—No te preocupes. Hablaré con la gente e iremos todos para allá en un rato.

—Si el tiempo vuelve a cambiar… —me daba pavor que comenzara a nevar de nuevo y no pudiesen llegar hasta allí.

—El tiempo ha dicho que no nevará de nuevo hasta mañana, pero de todas maneras nos daremos prisa.

—Vale, por favor, tened cuidado.

—No te preocupes, si nos pasa algo tenemos un cirujano muy bueno en el pueblo. Me pongo a avisar a todos, luego te veo.

Colgó y me quedé desnudo, con la toalla en la mano y el teléfono en la otra. Tras la llamada el peso de mis hombros se aligeró, como si hubiese llevado una gran carga sobre ellos.

No esperaba encontrarme con Ray a punto de entrar en el baño.

Seguía desnudo, si por él fuera, estaría siempre así.

No conocía a nadie que estuviese más a gusto con su cuerpo que él.

Estaba recuperando el peso perdido, ya me encargaba yo de que comiera en condiciones.

Sus heridas habían curado bien, y ya no tenía los cardenales en el estómago y las costillas, y estaba perdiendo la apariencia de estar famélico que tenía cuando lo conocí.

Yo no iba a quejarme de que se pasease desnudo por la casa y sabía que Apolo era el motivo por el que se ponía ropa la mayor parte del tiempo.

***

—Tu perro me mira raro —Me dijo unos días atrás cuando apareció desnudo por el salón.

—¿Quizás porque llevas tus cosas colgando? —no podía evitar meterme con él, nos encantaba chincharnos uno al otro.

—No puedo follar si está mirándome fijamente.

Él no le quitaba ojo al perro temiendo que lo atacara en cualquier momento. Se tapó el pene con la mano lo que me hizo reír bajito.

—Deja de reírte y vamos al cuarto que quiero que me comas el rabo.

No pude más que seguirlo mientras le miraba el culo sin disimulo.

—Sé que me estás mirando el culo.

—Hasta eso tienes bonito, puñetero

***

—¿Qué pasa?

—Viene la caballería, así que vístete.

Bufó, pero me siguió para vestirse a la misma vez que lo hacía yo.

—¿Cómo van a poder llegar hasta aquí?

—Tienen un camión quitanieves y Blake, el marido de Anka, va a pedir voluntarios para que nos quiten el hielo de la puerta.

—¿Van a traernos carne? —me miró tan esperanzado que estuve a punto de llamar a Anka de nuevo para que nos la consiguiera como fuese.

Pero era una mujer de recursos así que estaba seguro de que nos traerían un buen suministro para que nos aguantara durante mucho tiempo por si nos volvíamos a quedar aislados aquí arriba.

—Sí, y leña que a mí no me quedaba apenas en mi casa y evidentemente no he podido ir a buscarla estos días.

—En mi cobertizo hay un montón de leña, quizás pueda cortarla, no lo he hecho nunca pero no puede ser tan difícil ¿no?

Le cogí del cuello para acercármelo y besarlo. Abrió la boca, sorprendido, y aproveché para profundizar el beso y saborearlo a conciencia.

—Ya me encargo yo de la leña, no te quiero cerca de una motosierra ni de un hacha.

La voz me salió más ronca de lo que esperaba.

—Oye, que no soy tan torpe.

Le señalé la mano que llevaba vendada porque se cortó con el cuchillo pelando patatas.

—Bueno, esto fue un descuido —la ocultó tras él avergonzado. Sus mejillas se sonrojaron haciéndolo aún más adorable de lo que ya era— es que me distraes.

Me reí de que tuviera las narices de echarme la culpa a mí después de todo. Oí el ruido de varios coches acercándose y me até las botas de montaña antes de salir corriendo de la habitación.

—Ya están aquí.