Asuntos pendientes RAY
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RAY

De repente, la pesadilla en la que estaba metido se convirtió en un sueño húmedo, muy húmedo.

Gemí y alcé las caderas para adentrarme más en la boca que me estaba chupando la polla.

Joder, qué placer. En mi sueño no podía verle la cara a la persona que me estaba dando placer, pero no sabía bien por qué intuía que era Liam y eso me puso más cachondo todavía.

Intenté acelerar el ritmo de mis caderas.

Sentía que mi orgasmo se acercaba y entonces…

nada. La frustración fue lo que me arrancó del sueño para gruñir frustrado.

—No, no…joder.

Abrí los ojos y vi a Liam a mi lado cogiendo algo de la mesita de noche.

Ya sabía yo que era su boca la que había estado a punto de hacerme tener un muy placentero despertar.

—¿Me has dejado a la mitad? ¿en serio? ¿pero a ti qué coño te pasa?

Soy un borde cuando me quedo frustrado, ya lo sé. No me juzguéis.

—Buenos días para ti también —soltó en la cama lo que tenía en la mano y me repasó con la mirada de arriba abajo parándose en mi erección. Luego se lamió los labios y ese simple gesto me puso más cachondo todavía.

—Me has dejado así… y —le señalé la polla por si no se había dado cuenta todavía del calentón con el que estaba.

Se apoyó con las manos a ambos lados de mi cabeza para besarme en la boca con fuerza.

No era un hombre cariñoso, o no tanto como yo, pero sus besos siempre conseguían hacerme suspirar y enroscar los dedos de los pies.

Respondí al beso con sus mismas ganas y lo abracé, intentando que se pegara más a mi cuerpo para poder sentirlo por completo.

Siempre estaba calentito, como si tuviese una estufa encendida en su interior, y yo era tan friolero que si pudiese me pasaba el día abrazado a él.

—Buenos días —repitió mientras se separaba de mí.

—Ven aquí y dame otro.

Le puse morritos para hacerlo reír, pero, aunque conseguí arrancarle la sonrisa no me entró al trapo y se incorporó.

—Te he dejado así porque no quería que te corrieras antes de que pudieras follarme.

Miré en la cama y vi el bote de lubricante y condones. ¿cuántos? ¿tres? Se me hizo la boca agua.

—Te has venido muy arriba, ¿no?

Me encantaba chincharlo.

Lo vi coger el lubricante y untarse los dedos para llevárselos a su trasero.

—Ven —pero me incorporé yo para sujetarle la polla y empezar a mover mi mano sobre ella con lentitud.

—Ray…

Gimió y arrancarle ese sonido me hacía sentir poderoso.

Me lo metí en la boca mientras él seguía dilatándose con sus dedos. Lo lamí desde los testículos hasta el glande besándole luego la punta mientras lo miraba desde allí.

—Qué guapo estás mientras me comes la polla, joder.

Qué tonto era. Me reí bajito y seguí lamiendo y mirándolo mientras seguía a lo suyo.

—Listo. Túmbate y déjame cabalgarte.

Mira que era mandón el tío.

—Sí, señor. A sus órdenes señor.

Me tumbé mientras cogía el condón y me lo ponía con rapidez para embadurnarlo luego con el gel lubricante.

Puso sus rodillas a cada lado de mis caderas y luego se dejó caer con cuidado sobre mi erección mientras el sol salía tras la ventana.

Me daba igual el tiempo que hiciera fuera.

Aquí, dentro de la cabaña siempre era primavera.

Habíamos creado una estación propia que nos hacía olvidarnos de todo lo que pasaba fuera de estas paredes.

—He despertado soñando con esto… —me dijo cuando por fin se la metió entera. Se inclinó para besarme de nuevo.

—Y como has despertado cachondo me has masturbado a mí hasta ponerme cachondo perdido —terminé la frase por él.

—No te oigo quejarte.

Oía el placer en el tono de su voz. Sus ojos oscuros estaban dilatados bajo la luz del amanecer y parecían un pozo de secretos y lujuria.

—¿Bromeas? Puedes despertarme así siempre que quieras.

Empezó a moverse sobre mis caderas con un ritmo lento que pronto empezó a acelerar.

Yo me dejaba hacer mientras cerraba los ojos y me concentraba en las mil sensaciones que estaba sintiendo.

El calor de su interior me aprisionaba la polla entre paredes húmedas y calientes.

La mañana que despertaba a la vez que aumentaban nuestros gemidos.

La ropa suave de la cama bajo mi espalda. Pero sobre todo lo sentía a él.

Liam llenaba la habitación con su presencia. Con el olor de su cuerpo, porque, aunque se duchaba con mi gel de baño y se estaba poniendo mi ropa, reconocería su olor en cualquier parte. Estaba enganchado a ese olor y a este hombre como jamás me había enganchado por nadie.

—Mírame —me pidió mientras seguía moviéndose sobre mí —quiero que no apartes tus ojos de mí, niño bonito. Quiero que me veas a mí cuando te corras. Que sepas que soy yo el que te da el placer.

Como si pudiera pensar en nadie más. Pero eso no se lo podía decir.

—Liam…

Todo empezó a ser demasiado. Las sensaciones comenzaban a desbordarse. Lo sujeté por las caderas con fuerza y lo ayudé a que siguiera el ritmo que yo quería.

—También estoy a punto.

Gimió de nuevo, y ese sonido fue el que me hizo saltar por los aires. El orgasmo me destrozó por completo mientras me vaciaba en su interior a la vez que oía a Liam gemir también. Su semen nos manchó a los dos mientras nuestras respiraciones se acompasaban.

—Buenos días —me dijo de nuevo cuando se incorporó. Mi polla, ya flácida salió de él. Me quitó el condón, lo anuló y lo tiró al suelo.

Luego me besó con suavidad en los labios mientras se acomodaba junto a mí. Yo puse la cabeza sobre su hombro y me acurruqué a su lado. Me encantaban los mimos después del sexo. Le llené el pecho de besitos suaves suspirando con satisfacción. No lo pude remediar.

—Anda, ha dejado de nevar.

Los dos miramos a la ventana desde donde se veía un cielo encapotado, pero sin que cayese nieve. Por lo menos en ese momento.

Liam cogió su móvil y salió corriendo al baño. Me quedé mirando la puerta por la que acababa de salir, desconcertado.

—Buenos días, Liam.

Fue lo único que le pude gritar. ¿Qué estaba haciendo?