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AVERY

Ahora

Quedé con Carla en una cafetería, un día de principios de diciembre, tan ventoso y triste, como me sentía yo desde que pasó el accidente de Ray y los Tentations . Hasta que no viera a Ray con mis propios ojos y me asegurara de que estaba bien, no me quedaría tranquila.

Ahora compartía cabaña con Liam, y aunque estaba segura de que ese hombre también tenía sus propios fantasmas, sí, había buscado información sobre él antes de buscarle esa cabaña alejada del mundo como me había pedido, no me juzgues, el no estar solo y saber que era médico me dejaba mucho más tranquila.

Ray podía provocar un enorme desastre en tan solo cinco minutos, quizás eso era de las cosas que más me gustaban de él.

Y su humor sarcástico y esa sonrisa infinita que te hacía sonreír a ti también por mucho que quisieses retorcerle el cuello en ese momento…

Ray era alguien importantísimo en mi vida y su ausencia me dolía como una herida sin cicatrizar.

Cuando entré en la cafetería, me vestí con la indiferencia con la que me vestía para los negocios y me acerqué a la periodista con paso firme, aunque por dentro me sentía como si me acercase al verdugo que acabaría conmigo tras una sentencia de muerte.

Conocía a Carla, desde hacía algunos años.

Era una carroñera que siempre buscaba la sangre para destrozar a los incautos que se cruzaban en su camino.

A mí me tenía cogida por los ovarios, gracias a mi hermano, que años atrás tardó poco en venderme para seguir viviendo del cuento, que era lo que le gustaba hacer.

No me extrañaba que se llevasen tan bien. Las hienas se reconocen entre ellas.

Sabía lo que quería cuando me llamó hacía unos días para concretar una comida, que pasé a café porque no soportaba estar en el mismo sitio que ella más de unos minutos con temor a morir envenenada.

Un preso andando hacia el cadalso no se sentiría más mierda que yo sabiendo lo que tenía que hacer.

Lo que esta mujer me iba a pedir. Me odiaba a mí misma por haber caído en sus garras años atrás.

A Ray no le gustaba esta mujer, ni las entrevistas que estaba obligado a concederle.

***

— ¿No hay un periodista en el mundo que no sea esta mujer ni la mierda de periódico para el que trabaja?

— Si tú supieras.

— Venga ya, Ray, ya te dije que era una amiga a la que le debo un gran favor desde hace años y me ha pedido que la ayude, por eso trabajamos con ella.

Me avergonzaba tanto del verdadero motivo que ni siquiera podía mirarlo a los ojos cuando hablábamos de esto.

— Solo busca nuestras mierdas. Parece que solo le gustan destapar trapos sucios.

Qué asco de tía, de verdad. Ya se me ha insinuado un montón de veces.

Estoy harto de decirle que no, pero algo me dice que, si accedo a acostarme con ella, no tardará ni un segundo en ir a publicarlo a todo color.

Ya veo los titulares. Ray Orson me ha follado contra la pared de la habitación mientras el resto del grupo nos jaleaba

Mira que eres tonto —no podía decirle que eso sería justo lo que haría— déjate la polla dentro de los pantalones y no le des carnaza.

— Sí, mamá. Hago esto por ti, ya lo sabes

Esas palabras me hacían arder de vergüenza por mi traición. Y el secreto que me obligaba a trabajar con esta mujer, también.

***

Me senté en la mesa frente a ella sin saludarla siquiera.

Lo nuestro no era una relación de amistad, ni siquiera laboral.

Ella me chantajeaba cuando necesitaba noticias jugosas sobre Tentations , y yo, me odiaba a mí misma por tener que entrarle al trapo.

Maldito fuera Clint, sus deudas del juego y lo débil que fui por cuidar de él una vez más sacándole las castañas del juego.

Si no fuera por todo eso, no estaría ahora en esta mierda de situación.

—¿Qué quieres, Carla?

—Hola para ti también, Avery, estoy bien, gracias por preguntar.

Obvie su sarcasmo.

—Tengo mis cosas que hacer así que ve al grano.

—Ya sabes lo que quiero.

—Te he dicho mil veces que no sé dónde está Ray, y que de todas maneras, no está en condiciones de concederte una entrevista.

Chasqueó la lengua antes de inclinarse en la mesa sobre mí para poder ver sus ojos negros y fríos como los de una puta serpiente. Lo que era, una serpiente con piel de mujer.

—Me importa una mierda cómo esté, quiero que me digas dónde está o si no…

Ya era demasiado tarde para plantearme contarle a Ray lo que pasó años atrás. Después del accidente lo que menos necesitaba era una traición como la mía.

Deseé que Ray supiera vérselas con ella sin salir herido en el proceso.

—Sabes cuánto te odio ¿verdad?

—Dime donde está.

No sabía porque pensé que le podían importar mis sentimientos.

—Está en la montaña de los Cárpatos, en Rumanía.

Se quedó unos segundos en silencio mientras digería la noticia.

—Por eso no lo ha encontrado nadie desde el accidente. Muy hábil, sí señor. Quiero las coordenadas exactas.

—No vas a poder ir allí hasta que no pase el invierno. Están incomunicados por la nieve. —Me di cuenta demasiado tarde de lo que acababa de decir.

—Están… en plural —su sonrisa me dio escalofríos— así que sí hay una noticia después de todo. —Se levantó para marcharse.

—Mándame la dirección exacta.

¡Mierda puta, joder! Acababa de joderlo todo. Ray no me iba a perdonar esto en la vida.